Jesús Te Ampare 

Durante décadas, los grandes profetas de la izquierda autoritaria predicaron una moral peculiar: la riqueza era inmoral… siempre y cuando no fuera la suya.

Fidel Castro y Hugo Chávez, hoy convertidos en estampas ideológicas para sus seguidores, construyeron su discurso sobre una promesa seductora: acabar con la desigualdad y volver ricos a los pobres. El resultado fue exactamente el contrario.
La fórmula se repite con precisión quirúrgica. Se demoniza al empresario, se acusa al mercado, se culpa al “neoliberalismo” de todos los males y se ofrece un futuro de justicia social. Mientras tanto, el poder se concentra, las instituciones se debilitan y el dinero público se vuelve botín privado.

Los pobres siguen pobres; los líderes, cada vez más ricos.

La contradicción no es menor: quienes hablan de igualdad viven rodeados de privilegios; quienes condenan la opulencia gobiernan desde palacios; quienes prometen austeridad acumulan fortunas inexplicables.

No es un accidente del sistema, es el sistema mismo. El autoritarismo necesita pobreza para justificarse y necesita corrupción para sostenerse.

La izquierda radical no combate la desigualdad: la administra. La utiliza como combustible político mientras saquea recursos, silencia críticas y concentra poder.

El discurso moral sirve como cortina de humo; la realidad es una élite “revolucionaria” que vive como burguesía de lujo.
La historia no miente y tampoco cambia: cada vez que estos regímenes llegan al poder, prometen redención y entregan miseria.

Al final, el único milagro que producen es el mismo de siempre: convertir a los supuestos defensores del pueblo en zurdos ricos, y al pueblo… en rehén perpetuo de su engaño.

ceciliogarciacruz@hotmail.com