YAUTEPEC, MOR.- 02 07 2026.- México vivía una noche de fiesta. La Selección Nacional derrotaba con autoridad a Ecuador, ligaba cuatro triunfos consecutivos sin recibir un solo gol y alimentaba una ilusión que pocas veces había despertado en su historia futbolística.
Pero, mientras millones de mexicanos celebraban el segundo gol del encuentro, en Yautepec comenzó otra historia: la de las balas imponiéndose sobre la esperanza.
El atentado perpetrado en ese municipio, que dejó tres personas asesinadas y nueve más heridas, representa un desafío directo al Estado mexicano. No sólo por la violencia desatada en un espacio público, donde decenas de familias observaban un partido de fútbol, sino porque todo indica que el ataque iba dirigido contra la aspirante de Morena a la Presidencia Municipal, Sandra Fernández Gómez, y su esposo, Miguel Tijera, activista político y colaborador cercano del diputado federal Agustín Alonso Gutiérrez.
Si las investigaciones confirman esa línea, el país estaría frente a uno de los episodios más graves de violencia política de los últimos años: el intento de un grupo criminal por influir, mediante el terror, en la futura competencia electoral.
La escena es devastadora. Hombres armados irrumpieron sorpresivamente en la reunión y abrieron fuego contra los asistentes. Tres personas perdieron la vida y nueve más resultaron lesionadas, entre ellas un menor de edad. Los testimonios señalan que Miguel protegió con su cuerpo a su esposa al comenzar la agresión. Recibió impactos de bala que terminaron arrebatándole la vida.
Su sacrificio, según quienes estuvieron presentes, permitió que ella sobreviviera.
Más allá de la tragedia humana, el fondo del asunto resulta profundamente inquietante.
Morelos ha padecido durante años la disputa entre organizaciones criminales por el control de territorios, rutas y actividades ilícitas.
Sin embargo, cuando la violencia alcanza a quienes participan en la vida política de un municipio, el problema adquiere otra dimensión. Ya no se trata solamente de delincuencia organizada. Se trata del riesgo de que las armas pretendan decidir quién puede competir, quién debe retirarse y, finalmente, quién gobernará.
Eso constituye un desafío frontal al Estado mexicano.
Para el gobierno de Margarita González Saravia, el atentado representa una prueba de enorme magnitud. Su administración ha insistido en que la estrategia de seguridad comienza a dar resultados, pero hechos como éste vuelven a colocar a Morelos en los encabezados nacionales y alimentan la percepción de que la delincuencia organizada mantiene capacidad para actuar con violencia y enviar mensajes de intimidación.
La responsabilidad también alcanza al Gobierno de la República. Cuando un atentado tiene posibles implicaciones políticas y ocurre en vísperas de un proceso electoral, deja de ser un problema exclusivamente municipal o estatal. La defensa de la democracia corresponde al Estado mexicano en su conjunto.
La Fiscalía deberá actuar con rapidez, profesionalismo e independencia. La sociedad tiene derecho a conocer quién ordenó el ataque, quién lo ejecutó y cuál fue el verdadero móvil. La impunidad sería la peor respuesta posible.
Mientras el país celebraba los goles de México, en Yautepec las balas intentaban imponer otra narrativa: la del miedo como instrumento para disputar el poder.
El Mundial le regaló a México una noche de alegría. Pero en Yautepec, esa misma noche, quedó claro que existe otro partido mucho más importante: el que enfrenta a las instituciones democráticas contra quienes buscan someterlas mediante la violencia.
El gobierno estatal y el federal tienen hoy una obligación que no admite titubeos: demostrar que en Morelos siguen mandando las instituciones y no los grupos criminales.
Porque si el crimen organizado logra decidir quién puede aspirar a gobernar un municipio, entonces ya no estaremos hablando únicamente de un problema de seguridad pública.
Estaremos hablando de una amenaza directa contra la democracia mexicana.
Y esa guerra, simplemente, el Estado no puede permitirse perder.
eusebiogimeno@gmail.com.