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Alma Grande

Las elecciones de 2024, para las que todos los partidos se preparan de acuerdo con su potencial y representación social, anuncian un nuevo escenario. Las reformas constitucionales exigen una nueva representación, de tal suerte que la reforma eléctrica no será un debate fácil para nadie.

Tenemos el ejemplo de la aprobación del Presupuesto de Egresos para el próximo año en la Cámara de Diputados, donde a pesar de lo reñida que parecía la votación, la diferencia entre quienes dijeron sí a la propuesta del presidente fue notable: 273 a favor, 214 en contra.

Hay una mayoría real atrás de una mayoría aparente. Esto se notará más el próximo año cuando se discuta la reforma eléctrica, que desde ahora tiene frente a sí el caso de España, donde las empresas privadas del suministro eléctrico dejan sin luz muchos hogares por imponer tarifas imposibles de pagar.

Esa nueva mayoría que se definirá con mayor claridad en los primeros meses del próximo año anuncia un nuevo escenario electoral, y sobre todo partidista. Para nadie es un secreto que Acción Nacional dejará de ser la segunda fuerza electoral en buena parte del país.

Luego de que están en el límite del número de militantes, la crisis política del PAN quedó evidenciada una vez más, y siguen saliéndose militantes y legisladores de ese partido todos los días, quienes rechazaron la invitación que les hizo Marko Cortés para colaborar como coordinadores territoriales en las elecciones de 2022, pero además quiere enviarlos a una misión imposible que es la de tratar de recuperar espacios y ganar elecciones donde el propio dirigente aseguró que perderían.

La descomposición al interior del PAN anuncia no sólo desbandada, sino pérdida del registro. En cualquier caso, se encaminará a ceder su lugar en el escenario electoral. Que bien podría recuperar el PRI. Situación que dependerá, en gran medida, de la manera en que debata la reforma eléctrica el próximo año.

Si el PRI se niega a debatir, el cuestionamiento más severo caerá sobre su dirigente, Alejandro Moreno, porque en su doble papel de líder nacional de su partido y diputado federal, su decisión está dividida en su propia persona. Su personalidad de dirigente puede dictarle que no debata, que ni lea la iniciativa de ley; pero su personalidad de diputado federal le obliga a debatir con altura política y nivel intelectual una reforma que tendrá consecuencias a los pocos días de ser aprobada o rechazada.

La doble personalidad él la escogió. Avorazado en los espacios e improvisado en las decisiones, ahora se encuentra atrapado en su propia trampa, de la cual puede salir airoso, y recuperar espacios electorales.

Es decir, si la reforma eléctrica es rechazada, las tarifas empezarán a subir en mayo o junio, precisamente en los días en los que habrá elecciones para las seis gubernaturas, que se realizarán el 5 de junio. Los empresarios del suministro no esperarán dos años para poder hacer de las suyas con las tarifas, comenzarán lo más pronto posible para acercarnos a la realidad que vive España, Alemania, Francia, Italia, Grecia, etc.

Si las empresas privadas quieren guardar las formas unos meses puede que esas elecciones pasen sin incrementos en las tarifas de luz, pero no esperarán mucho, de tal manera que, para junio de 2024 habrán aumentado considerablemente. Los costos del recibo de luz en los hogares de abril de 2022 tendrán que compararse con los de 2024, y entonces la gente verá qué partidos hicieron lo correcto. Es decir, quiénes pensaron más en la representación social que en la consigna partidista.

Así, el segundo lugar electoral, la medalla de plata de las urnas puede estar reservada para el PRI. Difícilmente Movimiento Ciudadano podría ocupar ese segundo lugar, porque sólo tiene dos muestrarios de su forma de gobierno: Jalisco, con Enrique Alfaro, que no hace buen papel, y el de Samuel García, en Nuevo León, que empieza a dar tumbos en la política mostrando improvisación y desconocimiento.

Es decir, en materia de elecciones y partidos políticos el futuro es hoy, y en esa situación debe estar puesta la decisión de todos los partidos, incluyendo el que está en el poder, que sepan, desde ahora, que los tiempos exigen un cambio de actitud, encaminado hacia la responsabilidad con la población. Están aprendiendo a legislar para el futuro de los mexicanos. Un reencuentro con la sociedad es lo único que puede fortalecer de nuevo a los partidos. Más allá de las recomendaciones de los líderes parlamentarios, está la representación de un pueblo que ya no puede manipularse con facilidad. 

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angelalvarop@hotmail.com