El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que las negociaciones de paz con Irán se realizarán «muy pronto» en Pakistán, en el marco de la tregua de dos semanas vigente tras más de un mes de conflicto.

En una entrevista, Trump señaló que participarán su asesor Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff, mientras que la presencia del vicepresidente J.D. Vance permanece en duda por motivos de seguridad.

Las conversaciones, que se llevarán a cabo en Islamabad con mediación paquistaní, se inscriben en un contexto de «tregua frágil», según fuentes estadounidenses, tras semanas de enfrentamientos que afectaron mercados globales y el suministro energético.

Pese a la pausa en las hostilidades, las negociaciones para una paz duradera aparecen trabadas por propuestas difícilmente conciliables entre Washington y Teherán.

Trump calificó el plan de 10 puntos presentado por Irán como «una base viable para negociar», aunque varias de sus demandas chocan directamente con la postura estadounidense.

Entre los puntos más sensibles figura la retirada total de las fuerzas de combate de Estados Unidos en la región y el levantamiento de sanciones económicas, condiciones que analistas consideran de difícil aceptación para la Casa Blanca.

Además, Teherán reclama mantener el control del estrecho de Ormuz, una vía clave por la que circula una parte sustancial del petróleo mundial, lo que se perfila como uno de los principales focos de tensión en el diálogo.

Del lado estadounidense, el plan de 15 puntos no ha sido revelado en detalle, aunque el secretario de Estado Marco Rubio indicó que exige que Irán no posea armas nucleares, deje de apoyar el terrorismo y detenga el desarrollo de armamento que amenace a sus vecinos.

Trump aseguró que «muchos de los 15 puntos» ya han sido acordados y reiteró que no habrá enriquecimiento de uranio en territorio iraní.

El frente diplomático también muestra tensiones con aliados. Israel rechazó la exigencia iraní de detener el conflicto «en todos los frentes», incluido el enfrentamiento con Hezbollah en el Líbano, donde continúan los ataques.

En Irán, los medios estatales presentan el avance del plan como una victoria, destacando que no se incluyeron restricciones al programa misilístico del país.

El escenario refleja una negociación marcada por posiciones contrapuestas: mientras Washington busca limitar el poder nuclear y militar iraní, Teherán intenta consolidar su influencia regional y obtener alivio económico tras el conflicto.

Analistas coinciden en que la tregua actual es inestable y que el resultado dependerá de la capacidad de ambas partes para acercar posiciones en un proceso que, por ahora, aparece condicionado por profundas diferencias estratégicas.