Por: Rosa Chávez Cárdenas
Atrapados en la incertidumbre, las noticias alarmistas, saturados de información, preocupados los desastres que deja el clima y con la economía de mal en peor.
Podemos mitigar la frustración, la comida nos acompaña desde el nacimiento hasta la tumba; no es lo mismo comer que alimentarnos y deleitarnos con lo que nos llevamos a la boca.
Un platillo preparado con amor es un orgasmo para los sentidos que se guarda en la memoria.
Como profesional de la salud mental, me preocupa los trastornos mentales que están sufriendo, causados por la pandemia. Por estos meses no tenemos otro tema.
Me preparé mis alimentos, fue una toma de consciencia que quise transmitirles, es lo que siento al sentarme a comer.
Por la mañana inicio mi desayuno leyendo el periódico, me doy tiempo disfrutando, me entero de las noticias del día, al fin ya no tengo que llevar hijos a la escuela.
En la comida, me preparé un medallón de atún acompañado de mayonesa hecha en casa. Lo bañé con un guisado de huitlacoche que compré en un mercado sobre ruedas. Lo acompañé con restos de alimentos que había en mi refrigerador: puré de papá, ejotes, arroz y de entrada una sopa de verduras. Para cerrar con broche de oro, té verde con unos rollitos con masa para galletas que preparé con cajeta de Sayula. Mi amiga, propietaria del negocio, me regaló un frasco de cajeta suprema (Sayula es un pueblo a una hora y 45 minutos de Guadalajara). Al estar saboreando me sentí tan afortunada, solo me faltó el mesero para sentirme en un restaurante de 5 estrellas.
Tengo intolerancia a ciertos alimentos de manera que disfruto lo que puedo comer. Siempre recomiendo tomar consciencia de los 5 sentidos: que huelo, que escucho, que saboreo, que siento. Masticar lento, preparar, alejarse de la comida rápida. Preparo el yogurt, el pan con levadura, es uno de mis placeres desde la adolescencia.
Hay un movimiento internacional que se llama Slow food (comer lento) los interesados en alimentarse con todos los sentidos, tienen una página en donde recomiendan lugares que respetan la agricultura local, esos que siembran hortalizas, hierbas de olor y se alimentan con animales de pastoreo, como la comida Kosher, pilar fundamental de la tradición judía. Las generaciones modernas viven de prisa, las mamás ya no transmitieron a sus hijas el placer de cocinar y las recetas de familia. Mi abuela dejó un linaje a sus nietas, nos gusta el buen comer. La cultura tiene que ver con la alimentación, con lo que cultiva cada región, con la pobreza y la riqueza, es un deleite disfrutar los platillos regionales, esos que se transmiten de generación en generación y que se están perdiendo.
Estos meses que estuvimos encerrados nos tienen que llevar a la reflexión de qué es lo verdaderamente importante.
Tenemos un gran problema social, la obesidad y la diabetes, ambos por el cambio de alimentación y el trabajo sedentario, ya no salen de compras, todo llega a la puerta de su casa.
También reflexioné por los de Chiapas y Oaxaca que migran a las ciudades. Saliendo de una tiendita de abarrotes estaba una familia de nativos de los que vienen de Oaxaca, comiendo una bolsa grande de churros y su refresco. – ¿Qué venden? les pregunté – Nada, tocamos la chirimía. Nos puede dar una ayuda, no hemos desayunado. – Sería bueno que, en lugar de churros, compraran una fruta, algo más nutritivo. Me quedé pensando, como han cambiado sus costumbres. Las señoras ya no cocinan, utilizan pañales desechables que los tiran en la calle. No crían gallinas para alimentarse con sus huevos, cocinar un caldo, criar cerdos, chivos o vacas para beber leche y queso.
Si el gobierno quisiera ayudarles sería bueno que mandara brigadas de nutriólogos y expertos en agricultura, para que vuelvan a enamorarse del campo y también les den clases de economía doméstica, no ahorran, viven de la limosna.
Solo es cuestión de voluntad, muchos se quejan cuando llevan a cabo el servicio social, no tiene que ver con el área que estudiaron. Pero estoy soñando demasiado, en este gobierno creen que con darles un apoyo económico ya resolvieron el problema. Lo que están fomentando es la parasitosis social.