Por: Rosa Chávez Cárdenas
Epidemias y plagas como las de Egipto que cuenta la biblia han ocurrido a lo largo de la historia.
Con la diferencia que, en la Pandemia del Coronavirus, Covid19 la información fluye en momento real, la enfermedad es el prototipo de la globalización, ningún país ha de quedar blindado, el contagio se extendió rápidamente por todo el planeta, parece que regaron con drones.
Increíble que en pleno siglo XXI, con todos los adelantos científicos y tecnológicos no puedan parar el contagio. ¡Que vulnerable es el ser humano!….ha podido conquistar la luna y viajar a otros planetas y un virus microscópico nos tiene aterrados.
Para evitar que la infección se propague surgió el nacionalismo y el cierre de fronteras, los países se blindaron negando la entrada a los extranjeros, pero el virus no necesita pasaporte, no hace distingos, ni respeta países.
La crisis sanitaria ha puesto en evidencia la debilidad de los sistemas de salud, sobre todo el de nuestro país afectado por tantos recortes de la nueva Administración y viejas prácticas de corrupción.
El confinamiento en el que estamos inmersos presenta graves consecuencias sanitarias, en la economía y la salud mental.
El encierro en pequeñas casitas con varios miembros de familia con carencia de recursos genera conflictos familiares.
El confinamiento y la abundancia de noticias alarmistas tienen a las personas en alerta. El miedo es un mecanismo de defensa, real e imaginario que los mensajes y las autoridades se han encargado de incrementarlo.
Las autoridades no se asesoran con profesionales en psicología, actúan con el argumento de preservar la salud. No toman en cuenta a la hora de hacer las campañas que incrementan el miedo y los dejan en estado de indefensión.
Las clases en línea son apenas un experimento que dejó ver la inequidad del sistema educativo, muchas escuelas no están acostumbradas a trabajar con la tecnología. La falta de recursos en las zonas marginadas los deja fuera de recibir clases ya que no cuentan con internet, celular, ni televisión.
Los niños de la clase media y alta están más acostumbrados al uso de dispositivos, sin embargo, no ha sido fácil adaptarse a la nueva modalidad y al encierro, además de las exigencias de los maestros, que les urge terminar el programa y también sufren mucha ansiedad.
Lo más importante para no afectar sus defensas es permanecer relajados. La falta de certeza para saber cuándo termina el confinamiento, genera incertidumbre. Los gobiernos incluso en Estados Unidos no se atreven a dar una fecha oficial, pero al Presidente Trump le urge reactivar la economía a pesar de que ha sido de los países con mayor número de contagios.
Al presidente López Obrador parece que nada le importa. En sus conferencias mañaneras hacen todo lo contrario a lo que dicen en las campañas preventivas; no utilizan cubrebocas y los funcionarios no respetan la sana distancia.
El secretario de Educación anunció que en junio regresarían a las aulas, un mes para ponerlos al corriente. Las opiniones se dividen entre las que si aceptan y las que no los quieren exponer al contagio. Vamos a seguir conviviendo con “el reino mónera”, organismos formados por una célula: virus y bacterias, estas se encuentran en todas partes, en el estómago como microbiota, otras descomponen la leche, para el yogurt y las parásitas causan enfermedades: caries, neumonía, tuberculosis, lepra, sífilis. Los virus son capaces de atravesar membranas, virus quiere decir veneno.
La sobreprotección no es buena consejera. No olviden las leyes naturales: el que se adapta crece, y la ley del más fuerte.
Preocúpense por criar hijos fuertes, bien alimentados, contamos con un sistema inmunológico y un instinto que nos defiende de los peligros.
Una madre temerosa cría hijos débiles, inseguros, dependientes que los limitan de crecer en las adversidades.
Una madre segura de sí misma, está conciente que las carencias son una buena manera de educar, enseña a pensar a sus hijos, a tomar decisiones, respeta su personalidad, pone límites y lo educa para la autonomía, independencia, seguridad y confianza en el mismo. Un hijo sobreprotegido será presa fácil de enfermedades y de toda clase de abusos.