x.- ¿Quién recibe la droga en EU cuando cruza la frontera?       

Columna de Hierro 1a. de varias.

CUERNAVACA, MOR. 24 08 2026.- Nos han contado una historia demasiado sencilla.

Según esa versión, la tragedia de las drogas en Estados Unidos tendría un solo origen: México. De este lado de la frontera estarían los malos —los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y otros grupos criminales— y del otro lado estarían simplemente las víctimas estadounidenses.

Pero el narcotráfico no funciona así.

México tiene una enorme responsabilidad como territorio de producción, procesamiento, almacenamiento y tránsito de drogas hacia Estados Unidos. Eso no está a discusión. La propia DEA identifica a las organizaciones mexicanas como actores centrales del suministro de drogas ilícitas al mercado estadounidense. Pero la historia no termina cuando la mercancía cruza la frontera.

Ahí empieza otro capítulo.

Porque alguien tiene que recibirla, almacenarla, distribuirla, venderla y convertirla nuevamente en dólares.

Y ese alguien no es necesariamente mexicano.

La DEA reconoce la existencia de mayoristas de drogas instalados dentro de Estados Unidos, ubicados en grandes centros urbanos y conectados con redes de distribución locales. Es decir: existen eslabones estadounidenses perfectamente identificables entre los grandes proveedores internacionales y quienes finalmente colocan la droga en las calles.

Aquí aparece lo que podríamos llamar: EL SINDICATO INTERNACIONAL.

No porque exista una organización única con ese nombre, sino porque el negocio funciona como un gigantesco entramado de organizaciones criminales de distintas nacionalidades que pueden competir, asociarse, comprar, vender, lavar dinero o prestar servicios unas a otras.

Mexicanos, colombianos, italianos, chinos, japoneses, rusos, euroasiáticos, balcánicos y estadounidenses forman parte, en distintos grados y circunstancias, del complejo universo del crimen organizado transnacional que las propias autoridades norteamericanas investigan. El FBI reconoce entre las estructuras transnacionales a la Cosa Nostra, la Camorra y la ‘Ndrangheta italianas, además de organizaciones criminales rusas y euroasiáticas, asiáticas y de otras regiones.

Y aquí surge una pregunta que pocas veces aparece con la fuerza que merece:

¿Por qué cuando hablamos del narcotráfico estadounidense casi siempre aparecen los nombres de los cárteles mexicanos, pero mucho menos los de quienes reciben, distribuyen y venden la droga dentro de Estados Unidos?

Porque el mercado estadounidense tiene una infraestructura criminal propia.

El FBI calcula que existen alrededor de 33 mil pandillas violentas, de motociclistas y penitenciarias activas en Estados Unidos. Pero hagamos una precisión indispensable: eso NO significa que las 33 mil se dediquen al narcotráfico. Significa que existe una gigantesca infraestructura criminal susceptible de participar en actividades ilícitas diversas, entre ellas el tráfico de drogas. El propio FBI señala que esas actividades incluyen narcotráfico, armas, fraude, prostitución y trata de personas.

Treinta y tres mil.

Es una cifra que debería obligarnos a mirar el fenómeno desde otra perspectiva.

Porque si hay consumidores, hay vendedores.

Si hay vendedores, hay distribuidores.

Si hay distribuidores, hay mayoristas.

Y si existen mayoristas, alguien está recibiendo la mercancía.

Entonces, ¿quiénes son?

Ésa es precisamente la pregunta que queremos poner sobre la mesa.

Y no estamos hablando solamente de pandillas callejeras. Estados Unidos tiene una historia propia de crimen organizado: las familias de la Cosa Nostra, como Gambino, Genovese, Bonanno, Colombo y Luchese; organizaciones italianas como la Camorra y la ‘Ndrangheta; estructuras criminales chinas; organizaciones rusas y euroasiáticas; la Yakuza japonesa y otras redes transnacionales.

No todas desempeñan el mismo papel. No todas están asociadas con los cárteles mexicanos. Y sería irresponsable afirmar que todas participan actualmente en el tráfico de drogas.

Pero todas forman parte del mapa del crimen organizado que las autoridades estadounidenses conocen, investigan y, en determinados casos, procesan judicialmente.

Y aquí viene otra sorpresa.

Ya existen expedientes judiciales estadounidenses que documentan conexiones entre organizaciones criminales chinas y los cárteles mexicanos.

En mayo de 2026, el Departamento de Justicia acusó a dos ciudadanos chinos de participar en una organización transnacional dedicada al lavado de dinero relacionado, entre otras organizaciones, con el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

No estamos hablando de rumores.

Estamos hablando de expedientes.

Y en agosto de este mismo año, el Departamento de Justicia informó que un ciudadano chino fue condenado a 15 años de prisión por participar en una organización de lavado de dinero que habría lavado más de 92 millones de dólares, incluyendo recursos procedentes de la importación y distribución de drogas hacia Estados Unidos, principalmente a través de México.

Esto nos obliga a ampliar el mapa.

Porque quizá el negocio no sea simplemente:

México → Estados Unidos.

Quizá la verdadera arquitectura sea:

productores → cárteles → transportistas → mayoristas → distribuidores regionales → pandillas → vendedores → consumidores → dinero → lavadores → nuevas inversiones criminales.

Y en algunos puntos de esa cadena pueden aparecer organizaciones de diferentes nacionalidades.

Ése es el verdadero sindicato internacional.

Y entonces llegamos a la pregunta políticamente incómoda.

¿Por qué el debate se concentra tanto en los proveedores mexicanos?

No pretendo exonerarlos. Sería absurdo.

Los cárteles mexicanos son actores fundamentales del suministro de drogas ilícitas hacia Estados Unidos. La DEA los identifica como amenazas importantes para ese país.

Pero tampoco podemos aceptar la explicación simplista de que México produce y Estados Unidos simplemente consume.

Estados Unidos tiene productores, distribuidores, mayoristas, pandillas, organizaciones criminales, lavadores de dinero y consumidores.

Tiene, en otras palabras, un mercado interno gigantesco.

Y las autoridades lo saben.

El FBI asegura que combate el crimen organizado mediante investigaciones financieras, operaciones encubiertas, informantes, vigilancia autorizada judicialmente y leyes como RICO, precisamente para desmantelar organizaciones criminales completas.

Entonces nuestra pregunta no debe ser:

“¿Por qué Estados Unidos no persigue a los distribuidores?”

Porque sí los persigue.

La pregunta verdaderamente interesante es:

¿Estamos viendo toda la dimensión de esa persecución?

¿Quiénes son los grandes mayoristas estadounidenses?

¿Quiénes reciben los cargamentos?

¿Quiénes los distribuyen por Chicago, Los Ángeles, Phoenix, Houston, Miami, Nueva York, Detroit, Atlanta o Las Vegas?

¿Qué pandillas participan?

¿Qué organizaciones criminales internacionales aparecen en los expedientes?

¿Quién lava los miles de millones de dólares?

¿Y qué relaciones existen entre esos grupos y los proveedores mexicanos?

Porque mientras sigamos contando únicamente la historia del capo mexicano que introduce la droga, estaremos viendo solamente la mitad del negocio.

La otra mitad está dentro de Estados Unidos.

Y allí viven los consumidores.

Allí están los vendedores.

Allí están los mayoristas.

Allí están las pandillas.

Allí circulan los dólares.

Y allí, también, están las autoridades encargadas de combatirlos.

Por eso esta columna no pretende cambiar un culpable por otro.

Pretende algo mucho más sencillo:

poner todos los nombres sobre la mesa.

Porque el narcotráfico internacional no tiene una sola nacionalidad.

Tiene socios.

Tiene clientes.

Tiene intermediarios.

Tiene lavadores.

Tiene distribuidores.

Tiene consumidores.

Y tiene dinero.

Muchísimo dinero.

Y si queremos entender de verdad por qué las drogas siguen llegando a las calles estadounidenses, quizá debamos dejar de mirar únicamente hacia el sur de la frontera.

Hay que mirar también hacia adentro.

Porque la pregunta que nadie debería esquivar es ésta:

CUANDO LA DROGA CRUZA LA FRONTERA, ¿QUIÉN LA ESTÁ ESPERANDO?  eusebiogimeno@gmail.com