El Sevilla conquistó de nuevo la gloria al ganar su séptima Copa de la Europa League tras derrotar en penaltis a la Roma de José Mourinho y agranda así su leyenda en su torneo fetiche con un último penalti marcado por el argentino Gonzalo Montiel y con suspenso, pues, tras fallar primero, tuvo que repetirlo por haberse adelantado el luso Rui Patricio.
La Final comenzó con ambos conjuntos midiéndose y un juego muy espeso, pero con un puntito más de intensidad por parte de la Roma, sobre todo a la hora de ganar duelos individuales o rechaces, ante un Sevilla lento y que en los comienzos no se sintió cómodo ante la apuesta física del cuadro italiano, que, además, buscó salir rápido al ataque.
Al cuadro andaluz le costaba llegar con mejores opciones al ataque. Con el brasileño Fernando multiplicándose por delante de la zaga, Ivan Rakitic y Óliver Torres no conectaban, ni Navas ni Alex Telles por las bandas con Ocampos o un Bryan Gil con poca presencia, con lo que a En-Nesyri no le llegó nada medio potable.
El Roma pudo adelantarse a los 11 minutos con una gran volea dentro del área, a pase de Çelic, en la que Bono salvó el gol con una buena parada, aunque el equipo español siguió sin fabricar ni una ocasión clara, lo que aprovecharon los italianos en una de sus llegadas para que Dybala, con un tiro cruzado tras un pase al hueco de Mancini, hiciera el 0-1 a los 35 minutos.
En la reanudación, el equipo de Mendilibar salió con fuerza y encerró atrás al Roma, un conjunto que acrecentó aún más su futbol-control. Los sevillistas empezaron a llegar más, y con buenas combinaciones de Suso, Ocampos o Navas, lograron meterle una velocidad más a su juego que le dio sus frutos en una acción afortunada para el Sevilla, pues empató 1-1 en el 55’ con un gol en propia meta de Mancini, que desvió con la pierna un centro muy tensado de Navas desde la derecha.
La Roma reaccionó y replicó al 67’, cuando al saque de una falta hubo un barullo en el área que remató Abraham, pero Bono salvó casi en la línea de gol y luego el ítalo-brasileño Roger Ibañez tiró desviado.
Ibañez volvió a ser protagonista en el 75’, pues el inglés Taylor marcó penalti por una entrada suya sobre Ocampos en el área, pero, tras avisarle el VAR y ver la jugada en la pantalla a pie de campo, se desdijo de su decisión.
Ya casi al final, Andrea Belotti remató con la punta de la bota, solo ante Bono, pero el marroquí evitó el gol desviando ligeramente el balón con su manopla, lo que dio paso, sin embargo, a 2 buenas ocasiones del Sevilla para haber movido el marcador, un cabezazo de En-Nesyri fuera y, sobre todo, un gran tiro de Suso que salvó Rui Patricio. El rechace le llegó a Fernando, pero remató fuera y la Final se fue a la prórroga.
En ella, los 2 equipos salieron con muchas precauciones y temerosos para no cometer errores que le pusieran ya muy cuesta arriba la Final. Así, siguió la lucha de titanes entre Sevilla y Roma, lo dieron todo sobre el campo, pero ninguno arriesgó en exceso para evitar un desaguisado ya casi imposible de reparar.
El central inglés Chris Smalling, no obstante, dio un gran susto al conjunto español al cabecear un córner que dio en la parte superior del larguero en el minuto 131, pero, al final, todo se decidió en los penaltis.
Montiel, que había salido al campo al final del segundo tiempo, emuló así en Budapest el título de campeón del mundo que le dio a Argentina en el pasado Mundial, al convertir también el último penalti, y en este caso también marcaron para los sevillistas los también argentinos Ocampos y Lamela, y el croata Ivan Rakitic, mientras que la Roma no estuvo nada atinada porque sólo marcó el primero Cristante y luego a Mancini se lo detuvo Bono e Ibañez lo lanzó a un poste.
Con información e imagen de EFE
CANDELERO, 31-05-2023