Jesús te Ampare

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Algo se mueve en Veracruz. Y cuando en política comienzan a aparecer señales, conviene observar no solamente quién habla con quién, sino quién está sentado alrededor de la mesa.

Héctor Yunes Landa, diputado local y presidente de Alianza Generacional; José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla, excandidato a gobernador de Veracruz; y Dante Delgado, fundador y referente histórico de Movimiento Ciudadano, mantienen conversaciones que empiezan a despertar interés en los círculos políticos del Estado.

No son improvisados.

Y mucho menos políticos sin territorio.

Dante Delgado es el más experimentado que permanece activo en la política nacional.

Ha sido gobernador de Veracruz, senador, diputado federal, dirigente partidista y constructor de una fuerza política nacional.

Conoce las entrañas del poder, pero también los tiempos, las lealtades y las rupturas.

Dante sabe algo que pocos dominan: esperar.

No suele mover una pieza sin calcular qué puede ocurrir varias jugadas después.
Movimiento Ciudadano es, en buena medida, resultado de esa capacidad para sobrevivir, negociar y construir espacios cuando otros daban por terminada su carrera política.

Héctor Yunes tampoco necesita presentación en Veracruz. Su trayectoria incluye el Senado de la República, diputaciones federal y local, responsabilidades dentro del PRI y una candidatura a la gubernatura en 2016. A ello suma una red política construida durante décadas y una estructura propia que ha buscado mantener vigente a través de Alianza Generacional.

Pepe Yunes representa otro activo.

Exsenador, exdiputado federal, exalcalde de Perote y dos veces candidato a la gubernatura de Veracruz, en 2018 y 2024, conoce prácticamente cada región del estado y conserva interlocución con sectores empresariales, políticos y sociales. En la elección de 2024 encabezó la coalición opositora que enfrentó a Rocío Nahle.

Por eso las conversaciones importan.

Que Dante, Héctor y Pepe dialoguen no significa que exista ya una alianza electoral. Sería prematuro afirmarlo. Pero quienes conocen de política saben que los grandes acuerdos rara vez comienzan con fotografías y discursos.

Primero vienen los encuentros.

Después, las coincidencias.

Y finalmente, si las circunstancias lo permiten, los consensos.

La pregunta que comienza a recorrer Veracruz es inevitable:
¿Se construye desde ahora una plataforma opositora rumbo a 2030?

La hipótesis resulta especialmente interesante porque una eventual convergencia no tendría únicamente nombres. Dispondría experiencia, estructura territorial, relaciones políticas, operadores y memoria electoral.

Y ahí aparece nuevamente Dante.

A sus décadas de experiencia política habría que agregarle algo fundamental: conoce personalmente a buena parte de quienes han construido el poder político veracruzano durante los últimos cuarenta años. Sabe quién representa votos, quién estructura, quién negocia y quién solamente aparece en las fotografías.

Si consigue acercar posiciones entre antiguos adversarios y convertir diferencias históricas en objetivos comunes, Movimiento Ciudadano podría convertirse en el eje articulador de una oposición veracruzana mucho más competitiva.

El objetivo político sería evidente: disputar seriamente el poder que hoy encabeza Morena con Rocío Nahle y construir desde antes una alternativa vigorosa para la sucesión de 2030.

Faltan cuatro años. Una eternidad en política.

Habrá elecciones intermedias, cambios de dirigencias, rupturas, incorporaciones y seguramente nuevas alianzas. Nada garantiza que estas conversaciones terminen en un frente electoral.

Pero existe una máxima que Dante Delgado conoce perfectamente: las elecciones importantes no comienzan durante las campañas. Se construyen mucho antes.

Por eso hay que observar las señales.
Héctor tiene estructura y oficio.

Pepe conserva capital político y experiencia electoral.

Dante tiene algo todavía más difícil de adquirir: décadas entendiendo cómo se conquista, se pierde y se recupera el poder.

Por separado, los tres pesan.

Sentados en una misma mesa, pueden incomodar.

Si convierten las conversaciones en acuerdos y los acuerdos en una verdadera estructura opositora, entonces la historia sería distinta.
Porque juntos podrían ser más que una dinamita.
ceciliogarciacruz@hotmail.com