Jesús Te Ampare
¿En riesgo la sede mundial de futbol en Guadalajara?
En redes sociales, columnas deportivas y en conversaciones de café, es la pregunta que se repite con inquietante presencia.
Versiones no confirmadas aseguran que existe la posibilidad de suspender la sede y trasladar los partidos a Estados Unidos, como medida preventiva.
No hay hasta ahora, un pronunciamiento oficial. Pero el silencio, en tiempos de incertidumbre, también comunica.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 no es solo un evento deportivo: es una vitrina global, un escaparate político, económico y simbólico.
Cada sede debe garantizar algo más que estadios modernos y afición entusiasta: debe ofrecer seguridad, estabilidad y gobernabilidad.
A Guadalajara, no solo se le reconoce en el mundo por sus mariachis, el tequila y sus exquisitas tortas ahogadas.
Poseedora de una de las riquezas culturales más importantes del país, vive hoy bajo la sombra de una violencia que no da tregua.
En ese contexto, un evento a nivel internacional se convierte en objetivo potencial, en símbolo, en mensaje.
Por eso la preocupación no es exagerada. Es realista.
La FIFA, acostumbrada a operar con discreción en escenarios complejos, sabe que una mala decisión puede convertirse en tragedia mundial.
Ya lo ha vivido. Por eso analiza, monitorea y evalúa cada variable, aunque públicamente mantenga una postura diplomática.
Federaciones como Portugal, Bolivia, Jamaica y Alemania han solicitado al organismo rector del futbol, mantenerse alerta a las medidas de seguridad que se implementan para tranquilidad de jugadores y aficionados.
El problema es que, mientras las autoridades presumen control, la percepción social dice otra cosa.
La gente siente miedo.
Los empresarios dudan.
Los inversionistas calculan.
Y el mundo observa.
Si Guadalajara pierde la sede, no será solo una derrota deportiva. Será una señal política devastadora: el reconocimiento implícito de que el Estado no puede garantizar seguridad en uno de sus principales centros urbanos.
Sería admitir que el crimen impone condiciones.
Que la violencia decide agendas.
Que el miedo desplaza al deporte.
México no puede permitirse ese mensaje.
Blindar la sede mundialista no es solo proteger partidos: es preservar la imagen del país, la confianza internacional y la dignidad institucional.
Por eso, la FIFA busca reunirse con los directivos que organizan el mundial en la sede tapatía, para conocer las medidas de seguridad que tendrán equipos y aficionados.
Por su parte, la presidenta Sheinbaum sostiene que “hay todas las garantías para que se realice el mundial y no habrá riesgo para los visitantes” a las sedes (CDMX, Monterrey y Guadalajara).
Jalisco, es el estado más “golpeado” por el asesinato del criminal más temido en el país y el mundo.
Tiene una economía semiparalizada.
La población vive con temor y opta por resguardarse como si estuviera en una zona de guerra.
Ese es México, aunque quienes gobiernan tengan otros datos.
Pero de que habrá mundial, no hay duda.
ceciliogarciacruz@hotmail.com