Es de todos conocido que la pandemia ha sido un evento único, repentino como un cataclismo que afectó a todo el planeta. Las consecuencias todavía las estamos sufriendo: pérdidas de familiares, negocios, ahorros, empleo y retraso en la educación.
Los acontecimientos presentes afectan más a las personas con experiencias traumáticas. Aproximadamente entre el 50 y el 80 por ciento con depresión en su vida adulta informaron padecer un acontecimiento traumático en su vida.
La exposición a sucesos negativos en la infancia nos pone en riesgo de sufrir depresión en la adolescencia o en la vida adulta.
Las personas con traumas en la infancia como abuso sexual, abandono, conflictos en la familia, muerte de los padres, tienen más del doble de riesgo que un acontecimiento en su vida adulta dispare la depresión.
Los disparadores pueden ser los que amenazan su vida, accidentes, enfermedad, duelo por pérdida de algún familiar, violencia, abuso sexual, pérdida de empleo y quedarse en la ruina.
La depresión suele acompañarse de otros trastornos mentales: ansiedad, somatizaciones (enfermedades derivadas) abuso de sustancias, trastornos obsesivos compulsivos como la limpieza, el orden, los acumuladores, los compradores compulsivos que saturan sus tarjetas, la ludopatía, los trastornos alimentarios y los problemas del sueño tan comunes hoy en día por la adicción a los dispositivos móviles.
La “comorbilidad”, término médico que se refiere a la presencia de una o más enfermedades, además de la enfermedad primaria: infarto, asma, cáncer, diabetes, EPOC, tiroides, obesidad, hipertensión, insuficiencia renal, artritis, fibromialgia, entre otras.
Otro aspecto para tomar en cuenta son las emociones. La persona afectada de depresión tiene regresión al pasado y pierde la seguridad y confianza en sí misma. Un síntoma muy característico en la depresión son los patrones de sueño y la anhedonia; la falta de placer por las actividades cotidianas y pérdida por el deseo sexual.
Bueno ya tuvimos bastante con la pandemia para quedarnos con los estragos que causa la depresión en la vida de las personas. Ahora quiero ser optimista y mostrarles que podemos revertir el estado mental depresivo.
La actitud mental es el antidepresivo, solo requiere un cambio de actitud. La actitud es el comportamiento, la manera de actuar, la disposición que contribuye para determinar los comportamientos. Consiste en la manera de reaccionar ante ciertos estímulos, la disposición mental y neurológica que se adquiere a partir de la experiencia que ejerce una influencia sobre las reacciones que la persona enfrenta de manera cotidiana.
Una actitud luchadora, asertiva, positiva, con sentido de adaptación “¡de si puedo…lo voy a lograr!”. Adaptarse a las circunstancias, a la pérdida, a la enfermedad a las reglas impuestas.
Para tomar en cuenta, hay una gran diferencia entre ser paciente y ser cliente. El paciente es pasivo, obediente, espera el cambio sin esfuerzo, no cuida su alimentación, confía en que un fármaco o sus creencias en un ser superior hagan el milagro. El porcentaje de pacientes es enorme y los sistemas de salud los multiplican.
El cliente es activo, se compromete, si no le agrada un diagnóstico, busca otra solución, pone de su parte, cuida su alimentación, deja el tabaquismo, se aleja de las bebidas azucaradas, duerme ocho horas, socializa.
La persona con depresión se encierra en sí mismo, se aleja de sus redes de apoyo, se niega a buscar ayuda.
Otro antecedente: los hombres por cultura reprimen sus sentimientos deprimidos, se vuelven agresivos, violentos, la tristeza no siempre es síntoma para diagnosticar una depresión.
Los que rodean a la persona deprimida presionan, comentan: ¡échale ganas! Es bueno entender que la depresión no es una debilidad, es una enfermedad, crónica o pasajera. Aparte de la ayuda de los profesionales depende de la actitud mental.
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