Contrario a lo que pudieran haber logrado sus detractores, Ricardo Monreal, coordinador del grupo parlamentario de Morena en el Senado de la República, está más firme y mas reconocido por su buena conducción y por los puentes que tendió los tres años anteriores que permitieron alcanzar los primeros instrumentos para este cambio de régimen.
Falta un tramo aún para consolidarlo, claro.
Es por eso que fue notable que ante los embates de que fue objeto por su buen actuar y luchar porque el Estado de Derecho nos alcance a todos, incluyendo a los radicales, salió fortalecido a los ojos de quienes leímos entre líneas y aplaudimos sus iniciativas no solo legislativas.
No tomaron en cuenta que Monreal es una pieza clave para el presidente López Obrador porque a todas luces carece de operadores políticos eficaces, cercanos a la gente, que le garanticen, con su empeño y relación con los demás partidos, sacar adelante las reformas que interesan en Palacio Nacional.
Basta que Monreal haya abierto la puerta para que se lleve a cabo la consulta sobre la Revocación de Mandato para medir su talante y liderazgo. Para callar bocas y dar zapes.
Pero lástima, les molesta el brillo y el reconocimiento ajenos. Están como los cangrejos en cubeta: cuando uno casi logra salir los demás quieren colgarse de él
El senador por Zacatecas y presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado nunca ha trabajado de manera independiente ni arbitraria, privilegia el diálogo, el consenso y la unidad.
Otra cosa es que, como todos, tenga aspiraciones personales legítimas.
Monreal es presidenciable y no por eso es desleal a la causa ni al presidente López Obrador.