Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. 01 10 2026.- Mientras los gobiernos hablan de nuevos hospitales, inversiones millonarias y aumentos en el número de consultas, miles de morelenses conocen otra realidad: citas diferidas, especialistas insuficientes, medicamentos que no siempre aparecen en farmacia y pacientes que pueden esperar semanas para ser atendidos. La gran pregunta ya no es solamente cuánto dinero se destina a la salud, sino por qué ese dinero no siempre se convierte en atención oportuna.
Hay que comenzar haciendo una precisión indispensable.
En Morelos no existe un solo sistema público de salud. Conviven el IMSS ordinario, que atiende principalmente a trabajadores del sector privado y sus familias; el ISSSTE, encargado de trabajadores del Estado, pensionados y sus derechohabientes, y el IMSS-Bienestar, dirigido fundamentalmente a la población sin seguridad social.

Y es precisamente en este último donde aparece una de las dimensiones más importantes del problema.
IMSS-Bienestar tiene bajo su cobertura en Morelos a más de un millón 176 mil personas sin seguridad social.
Más de un millón de morelenses dependen, por tanto, de que esa gigantesca maquinaria funcione.
VEINTE DÍAS PARA UNA CONSULTA
En marzo pasado, el coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Jair Jiménez Gil, reconoció públicamente la existencia de un rezago histórico, carencia de determinados especialistas y tiempos que podían alcanzar alrededor de 20 días para conseguir una consulta.
También situó el abasto de medicamentos aproximadamente en 89 por ciento.
Aquí las estadísticas adquieren rostro humano.
Porque un abastecimiento de 89 por ciento puede parecer aceptable desde un escritorio, pero para el enfermo cuya medicina se encuentra precisamente dentro del porcentaje faltante, el desabasto no es del 11 por ciento, es del 100 por ciento.
LAS CIFRAS OFICIALES CUENTAN OTRA PARTE DE LA HISTORIA
Hay que reconocer también los avances.
El gobierno estatal ha informado que durante 2025 las consultas generales destinadas a población sin derechohabiencia aumentaron considerablemente: de 753 mil 970 en 2024 a un millón 122 mil 256.
Las consultas de especialidad llegaron a 125 mil 583.
Son números importantes, y sería irresponsable ignorarlos.
Pero también sería equivocado confundir más consultas con ausencia de saturación.
Un sistema puede atender cada año a más personas y, simultáneamente, mantener listas de espera si la demanda crece más rápidamente que su capacidad.
Ahí puede encontrarse una de las claves del problema sanitario morelense.
LA CIFRA QUE NO CONOCEMOS
Y llegamos a una pregunta elemental:
¿Cuántos pacientes están esperando hoy atención en Morelos?
¿Cuántos esperan una consulta con un especialista?
¿Cuántos esperan una operación?
¿Cuántos aguardan una prótesis?
¿Cuántos esperan una tomografía, resonancia, biopsia u otro estudio diagnóstico?
¿Y desde hace cuánto?
No existe públicamente un registro único y actualizado que permita sumar el rezago de IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar en Morelos.
Ésa debería ser una exigencia pública.
Porque informar cuántas consultas se dieron solamente cuenta la mitad de la historia.
Necesitamos saber cuántas consultas faltan.
Informar cuántas operaciones se realizaron tampoco basta.
Necesitamos conocer cuántos enfermos siguen esperando entrar al quirófano.
Incluso el IMSS en Morelos ha planteado como una de sus prioridades abatir las listas de espera de cirugías y consultas de especialidad.
Entonces el rezago existe.
Lo que necesitamos conocer es su dimensión.
TAMBIÉN HAY INVERSIÓN
No todo es abandono.
La presidenta Claudia Sheinbaum inauguró el nuevo Hospital General IMSS-Bienestar de Jiutepec, construido con una inversión anunciada de 715 millones de pesos, equipado con 66 camas, 18 consultorios y tres quirófanos, con capacidad potencial para beneficiar a más de 200 mil habitantes.
El IMSS ha invertido también en la modernización del Hospital General Regional número 1 de Cuernavaca.
Y en Yecapixtla avanza un nuevo Hospital General de Zona del IMSS, proyectado con 124 camas y 30 especialidades, cuyo propósito será además reducir traslados de pacientes hacia la Ciudad de México.
El ISSSTE también ha reforzado servicios mediante la recuperación del Hospital Carlos Calero Elorduy.
Es decir: sí se están construyendo hospitales.
Sí se está contratando personal.
Sí se están otorgando más consultas.
Pero la pregunta permanece: ¿por qué el enfermo percibe que el sistema no le responde?
Una explicación está en la enorme demanda acumulada.
Otra, en la escasez de especialistas.
Otra más, en las dificultades de adquisición y distribución de medicamentos.
Y detrás de todas aparece un problema nacional: México continúa destinando recursos públicos a salud inferiores a las necesidades de un sistema que pretende alcanzar cobertura universal.
Además existe una profunda desigualdad institucional.
No dispone de los mismos recursos un derechohabiente del IMSS o del ISSSTE que una persona cuya atención depende de IMSS-Bienestar.
Y precisamente en Morelos más de un millón de personas dependen de este último.
EL RELOJ CORRE HACIA 2030
El sexenio de Claudia Sheinbaum terminará en 2030.
Quedan cuatro años decisivos.
Si los nuevos hospitales funcionan a toda su capacidad; si se cubren las plazas de especialistas; si se estabiliza definitivamente el suministro de medicamentos; si se fortalecen quirófanos y diagnóstico y, sobre todo, si disminuyen sustancialmente las listas de espera, Morelos podría terminar el sexenio con un sistema sanitario considerablemente fortalecido.
Pero existe otro escenario.
Que aumente la infraestructura mientras aumenta todavía más rápidamente la demanda.
Y entonces tendremos algo que México ya conoce demasiado bien: hospitales nuevos llenos de enfermos esperando.
Porque inaugurar un edificio puede hacerse en un día.
Mantenerlo funcionando durante décadas exige médicos, enfermeras, especialistas, medicamentos, material quirúrgico, laboratorios, mantenimiento y dinero todos los días.
Por eso proponemos algo extraordinariamente sencillo.
Que IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar hagan públicas sus listas de espera en Morelos.
¿Cuántos pacientes esperan cirugía?
¿Cuántos consulta especializada?
¿Cuántos estudios diagnósticos?
¿Cuál es el tiempo promedio de espera?
¿Y cuántos pacientes llevan esperando más de uno, tres o seis meses?
Publiquen esas cifras cada mes.
Entonces podremos saber si verdaderamente estamos avanzando.
Porque existe un indicador sanitario mucho más importante que cualquier discurso, inauguración o ceremonia oficial: el tiempo que transcurre entre el momento en que un enfermo pide ayuda y el momento en que el Estado consigue atenderlo.
Para una burocracia, veinte días pueden ser solamente una estadística.
Para un enfermo pueden significar la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío.
Entre comenzar oportunamente un tratamiento…o llegar demasiado tarde.
No hay suficiente inversión en Salud en México informa la OCDE….
(Y voy por Más)
eusebiogimeno@gmail.com