Ricardo Arjona volvió a Nueva York con una declaración que no necesita discurso político para hacerse notar. En el escenario del Madison Square Garden, el cantautor guatemalteco interpretó Si el norte fuera sur mientras en pantalla aparecía una Estatua de la Libertad vestida con traje tradicional latinoamericano. El mensaje fue claro: “se acabaron las fronteras”.
La presentación formó parte de “Lo que el seco no dijo”, gira que acompaña su álbum Seco (2025). Fue la quinta parada del tour y significó dos noches consecutivas con entradas agotadas en uno de los recintos más emblemáticos del mundo. Arjona ya había llenado todas las funciones de su residencia en Guatemala y ahora repite la hazaña en Nueva York.
Un repertorio que cruza décadas
El concierto fue un recorrido por distintas etapas de su carrera. Además de temas recientes de Seco, sonaron clásicos como El problema, Historia de taxi y Desnuda. El repertorio transitó del pop-rock al flamenco y la salsa, acompañado por una banda que sostuvo el ritmo durante más de dos horas.
Aunque evitó pronunciamientos directos, algunas canciones hablaron por él. En Si el norte fuera sur, ironizó nuevamente sobre la influencia estadounidense en Latinoamérica, entonando el verso “Viva Wall Street y que viva Donald Trump” frente a visuales generados con inteligencia artificial donde la Estatua de la Libertad mutaba en repartidor de comida, en Elon Musk o en superhéroe, rodeada de cadenas de comida rápida como metáfora del sueño migrante.
Un cabaret en medio de Nueva York
Arjona convirtió el escenario en una calle parisina bajo el letrero Cabaret Seco. Allí, una cantante interpretó La vie en rose antes de dar paso a La vida es un cabaret, acompañada por bailarinas con monos rojos y coronas de plumas. El concepto visual sostuvo la narrativa del espectáculo: un mundo que, según el propio cantante, “se volvió un cabaret”.
Entre historias de infancia en Guatemala y reflexiones sobre la sobreprotección moderna, el artista mantuvo un diálogo constante con el público. Llamó a sus seguidores por nacionalidades, recibió una ovación especial de los dominicanos, leyó carteles, invitó a una fan al escenario y animó a bailar ritmos latinos.
El momento íntimo
Uno de los pasajes más emotivos llegó con Todo termina, interpretada solo con guitarra bajo un haz de luz. La canción, dedicada a sus hijos, estuvo acompañada de visuales que mostraban el paso del tiempo, desde un bebé hasta un anciano de cabello blanco.
A sus 62 años, y tras haber hecho una pausa en 2023 por una cirugía de espalda, Arjona mostró energía constante. Recorrió el escenario, cruzó el estadio para cantar desde el fondo y mantuvo la intensidad hasta el final.
Con más de 80 millones de copias vendidas y reconocimientos como el Grammy y el Grammy Latino, Arjona reafirmó en Nueva York que su conexión con el público sigue intacta. Más que un concierto, fue una puesta en escena donde música, memoria y comentario social convivieron sin necesidad de explicaciones adicionales.
DIARIO DE MÉXICO