Por: Sócrates A. Campos Lemus
socrates_campos8@yahoo.com.mx
¡Qué conste…son reflexiones…!
Hace unos días leía la noticia de que un grupo de policías de la capital detuvieron a una mujer que vendía churros, de los que se comen no de los que se fuman, y en una forma brutal no solamente le aventaron sus churros al piso sino que al resistirse le hicieron “calzón chino”.
Qué brutales e indignos nos muestran sus facultades de represión. Sin duda, el nuevo encargado de la policía Omar García tendrá gran tarea para lograr la depuración de tanto bruto y corrupto que se mantienen dentro de la policía capitalina que debería ser muestra de honestidad y eficiencia.

Hace muchos años, cuando tenía como diez, un padrino me regalaba cinco pesos; vivía en la zona de La Lagunilla y se acercaba el Día del Padre, los niños de vecindad no teníamos mucha forma de tener dinero o que nos dieran para comprarles regalos a nuestros “jefes”. Enfrente de República de Chile 47, existía una tienda, “Evelia”, donde se vendían mercancías a medio mayoreo y como le caía bien al encargado pues me vendió una caja de chicles de cajita en el precio del medio mayoreo de cinco cincuenta y con esa comencé a vender en la calle mis chicles a tres por veinte, teniendo una ganancia de 1 peso diez centavos por caja, y me atrevía a pedir permiso a los choferes para que me dieran chance de ofrecer mi mercancía en los camiones. Me comenzó a ir bien, comencé a comprar más cajas e incluso coloqué también pastillas de “Salvavidas”. y con un pequeño grupo de amigos, comenzamos a vender más. Mi negocio levantaba, pero un buen día, estando haciendo cuentas en la explanada de la iglesia de Santo Domingo, llegaron unas gentes “de servicios” no sé qué y nos levantaron y llevaron a una casa allá por el rumbo de República de E Salvador, donde ponían a los chicos que andaban en las calles, y lo primero que hacían era raparlos y ponerlos en esas casas.
Como quiera, convencí al encargado que me permitiera llamar a mi padre que trabajaba en ese tiempo en la Secretaría de Salubridad y al dejarme hacerlo, también, habló con él y al poco tiempo llegaba mi papá y sin más, nos regañó mucho, y dejaba los chicles y pastillas para que las repartiera entre los niños que se encontraban ahí.
Mi dolor era enorme, después me preguntó, si él me pedía que vendiera chicles en la calle, o si me ponía a trabajar en vez de estudiar, y claro que yo no tenía argumentos, pero le tuve que decir que lo hacía para juntar dinero para su regalo del Día del Padre. Sus lágrimas me dolieron en el alma y me abrazó, y con cariño, me llevó a mí y a mis amigos a tomar un refresco y nos llevó a la casa.
En esa época tal experiencia me dolía en el alma y ya puedo imaginar lo que siente un pobre mujer cuando llegan los policías y la maltratan, le tiran sus churros al piso, le roban y la golpean y humillan, cuando ella, no andaba robando ni haciendo nada malo más que buscar el modo de ganar unos pesos para llevar a su familia y así vemos cómo los prepotentes policías, corruptos muchos de ellos, solamente andan buscando a los que no se pueden defender o no les pueden comprar la “buena voluntad y el que se hagan de la vista gorda”.
El día dos de octubre, me dirigía a una entrevista de televisión con mi amigo Julio Jiménez, donde estaría mi querido amigo Leopoldo Mend+ivil y un abogado del Estado de México del Tribunal Electoral, cuando de pronto, se apareció un policía en motocicleta parándonos pidiéndole a mi hija los documentos del auto que conducía y su licencia. Ella tiene su licencia y los documentos en regla, pero ¿qué creen? se le habían olvidado y ahí comenzó la tragedia y el regateo- De inmediato dijo que nos tenía que trasladar al corralón y que la multa sería de cerca de cinco mil pesos y blablá bla. Me identifiqué y le pedí que nos apoyara, sin prepotencia ni de amenazas de nuestra parte mientras +el me pedía una tarjeta de crédito porque ahora traen aparatos donde ellos cobran las multas. Se la día y la introdujo a la maquinilla, pero nos dijo que “no había línea” línea y que no me podía ayudar porque ya estaba reportado por las cámaras de vigilancia. Y seguimos con el mismo cuento. Finalmente me dijo que lo que podía hacer era que le diera dos mil pesos y “que no la haría de tos”.
Así las cosas, no tuvimos más remedio que aceptar. Obviamente no había ningún superior de él con quien quejarnos, ni tiempo para ello y tuvimos que entrarle al cuento.
Después de todos estos episodios y de varias entrevistas que tuve que asistir en diferentes lados, me preguntaba si todo esto lo habíamos tenido que sufrir con mi hija acompañándola yo, por lo que nos imaginamos la tragedia y la extorsión de que hubiese sido víctima si hubiera ido sola.
Por eso, pues, no hay confianza en la policía, y esto es lo primero que debe componer el nuevo encargado del tema: Omar García, quién es un policía de carrera y tiene buena madera y una buena herencia y honor.
En tiempos de Manuel Camacho Solís, su padre, don Javier, tomó el mando de la Policía de la capital y recuerdo que uno de sus primeros actos fue el de juntar a los Jefes de Area ó de Sector y con la información de Inteligencia, les soltó a cada uno de todas sus inversiones, cuentas bancarias, de las casas “grandes” y “chicas” de las que eran dueños y de sus relaciones con grupos o personas. Algunos se justificaban, y él solamente les dijo: “Cuando el Estado les dá, los ahoga, pero cuando el Estado le quita, les destaza” y si vuelven a darse robos a los Bancos, secuestros en las calles, violaciones en las casas y las escuelas dentro de sus zonas de control, les aplico lo que les acabo de decir, y sin más, los despidió.

Al otro día se terminaron los asaltos de Bancos, los secuestros y las violaciones que eran muchas y generaban la indignación de la sociedad. El caso es que, en verdad, los delincuentes no pueden andar solos en las calles si no cuentan con la protección de las policías, y la impunidad, ante la justicia.
Efectivamente si no se arregla “desde arriba” y se limpian las escaleras desde arriba para abajo, no se podrá componer a los cuerpos de seguridad.
Por ello, los jefes de la policía, deben ser hombres de honor y de valor, honestidad y lealtad a sus superiores y amor y cariño a lo que hacen y a la sociedad. No hay improvisaciones, y la experiencia en la vida ,nos indica que mantener la seguridad en las calles es tan importante como sostener la seguridad nacional. A los ciudadanos, no nos importa tanto lo que se haga en la lucha contra la delincuencia organizada, sino podemos controlar los robos en las calles que nos afectan y esa es la responsabilidad de la policía, y para ello, mantener el honor y el valor es vital porque de ahí sale la lealtad.