En Cuernavaca la pregunta ya no es quién quiere ser candidato… sino quién tiene padrino. Porque en Morena, rumbo a 2027 la contienda dejó de ser una competencia de perfiles para convertirse en una disputa de poder entre grupos que buscan imponer, desde el centro, al próximo Alcalde. Y en ese tablero, la decisión no se tomará en Morelos: se tomará arriba, donde hoy se filtran, se alinean -o se descartan- las candidaturas.
La lista de aspirantes crece, pero lo que pesa no es el nombre sino el respaldo.
Javier Bolaños y Edgar Maldonado Ceballos no juegan solos: son la carta del grupo estatal, la continuidad del aparato en funciones.
Meggie Salgado se mueve con el respaldo de Marcelo Ebrard, Tatiana Clouthier y Alfonso Ramírez Cuéllar. Víctor “Wero” Mercado con el de Adán Augusto López y el senador Esquer.
Sandra Anaya con el cobijo político de Cuauhtémoc Blanco.
Agustín Alonso con el padrinazgo del senador y líder nacional del SNTE, Alfonso Cepeda Salas.
Juan Ángel Flores Bustamante con base propia.
Alejandro Mojica con arraigo ciudadano y legitimidad histórica en la izquierda local.
Todos en la pista… pero no todos con la misma fuerza.
Aquí no compiten proyectos, compiten estructuras. No se miden propuestas, se pesan respaldos. Y en esa lógica hay una regla no escrita: no gana el mejor posicionado, gana el mejor alineado.



Morena dejó de ser un espacio de negociación local para convertirse en un aparato de control central. La salida de Luisa María Alcalde, la consolidación de Citlalli Hernández y el reacomodo con piezas del gabinete -incluida la estructura de Bienestar- confirman el viraje: orden vertical, disciplina política y decisiones concentradas.



El problema es que ese control no elimina el conflicto, lo contiene… hasta que revienta. Porque Morelos ya mostró su debilidad: Morena ganó la gubernatura, pero perdió el control de Cuernavaca, Cuautla, Jiutepec y Temixco. La marca funciona, la operación local falla. Y eso convierte a la capital en una elección de alto riesgo.



Los escenarios son claros: imposición con fractura silenciosa, simulación con desgaste interno o ruptura abierta con consecuencias electorales. En todos, el factor común es el mismo: la decisión no se tomará abajo.
Por eso, rumbo a 2027, la pregunta no es quién es el mejor perfil, ni siquiera quién está mejor posicionado.
La pregunta es una sola…¿quién tiene el padrino correcto?
O más claro todavía: ¿quién será señalado por el dedo de doña Claudia?
eusebiogimeno@gmail.com