Columna de Hierro

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CUERNAVACA, MOR. 30 07 2026.- En Morelos, la extorsión cambió de nombre. En Cuautla ya hay quienes le llaman “La Vacuna”.

La palabra parece casi inocente. Pero detrás de ella hay una realidad brutal: pagar para poder trabajar, para que no incendien el negocio, para que no lastimen a la familia o, sencillamente, para que no te maten.

Pero hay una pregunta que nadie parece haber contestado todavía: ¿cuánto dinero le arranca anualmente la delincuencia a la economía de Morelos mediante ese impuesto paralelo que sus víctimas llaman “La Vacuna”?

No existe, por ahora, una cifra oficial que permita responderla con seriedad. Las autoridades contabilizan denuncias, carpetas, víctimas y detenciones; no existe un registro que sume los pesos que salen de las cajas de los comercios, de los bolsillos de los transportistas, de los mercados, de los pequeños negocios, de las empresas y de las familias sometidas a las distintas modalidades de extorsión.

Y ahí puede estar escondida la verdadera dimensión del negocio.

Porque Morelos no está ante un fenómeno marginal.

Entre enero y junio de 2026, el Estado ocupó el primer lugar nacional en tasa de extorsión, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública citados por La Jornada y “Morelos Rinde Cuentas”. La tasa reportada para la extorsión presencial fue de 14.85 casos por cada 100 mil habitantes, más de 4 veces el promedio nacional.

Y la estadística oficial, además, tiene una característica que debemos recordar: cuenta lo que llega a denunciarse, no todo lo que realmente sucede.

La víctima muchas veces calla.

¿Por miedo? Sí. ¿Por desconfianza? También.

¿Porque sabe que después de denunciar puede venir la represalia? Demasiadas veces.

Por eso, la cifra oficial es apenas una ventana. El verdadero tamaño del negocio criminal puede estar mucho más allá.

                           “LA VACUNA” TIENE MUCHAS CARAS

La extorsión ya no tiene una sola modalidad.

Está el tradicional cobro de piso.

Está la amenaza escrita en un papelito.

Está el mensaje de WhatsApp.

Está la llamada telefónica.

Está el disparo contra la fachada para demostrar que la amenaza va en serio.

Está la cuota exigida al comerciante, al transportista, al vendedor, al pequeño empresario.

Y está también el “gota a gota”, ese sistema de préstamos ilegales que convierte la necesidad económica en una trampa de usura, presión y, en algunos casos, violencia.

El Gobierno de Morelos informó que entre octubre de 2024 y julio de 2025 fueron detenidas 24 personas de nacionalidad colombiana en 19 operativos relacionados con este esquema. La autoridad señaló además que en varios casos se presumían vínculos con células denominadas Los Maya, Liga de la Justicia y Los de Siempre.

Pero hagamos una precisión necesaria: ser colombiano no convierte a nadie en delincuente.

Lo que debe investigarse es la estructura: quién presta, quién cobra, quién financia, quién amenaza y quién recibe el dinero.

Porque en “El Gota a Gota”, como en “la Vacuna”, vuelve a aparecer la misma lógica:

primero el dinero; después la deuda; finalmente el miedo.

                                CUANDO “LA VACUNA” TIENE TERRITORIO

Cuautla merece un capítulo aparte.

La Fiscalía de Morelos ha documentado una y otra vez operaciones contra el cobro de piso en ese municipio.

En 2024 reportó la detención de 38 personas relacionadas con el cobro de piso en Cuautla durante los primeros meses de aquel año. En otro expediente, la autoridad identificó una célula vinculada al autodenominado Cártel de Cuautla, a la que relacionó con aproximadamente 20 extorsiones a comercios, además de homicidios, lesiones y ataques contra inmuebles.

Y en septiembre de 2025, la Fiscalía informó que una mujer utilizaba su cuenta bancaria para cobrar extorsiones realizadas por una célula dedicada al cobro de piso a negocios de Cuautla, vinculada por los investigadores a Júpiter “N”, alias “El Barbas”. El operativo permitió atender cuatro carpetas de investigación por extorsión.

¿Se entiende ahora por qué hablamos de impuesto paralelo?

Porque aquí ya aparece una estructura: alguien amenaza → alguien cobra → alguien recibe el dinero → alguien organiza.

Y la pregunta inevitable es: ¿Quién está arriba?

                         EL COBRADOR NO SIEMPRE ES EL PADRINO

En Yautepec, la Fiscalía también ha documentado células dedicadas a la extorsión.

Una de ellas, denominada “La Nueva Empresa”, operaba mediante papelitos con mensajes amenazantes dirigidos a propietarios o trabajadores de negocios.

Dos presuntos integrantes fueron detenidos momentos después de cobrar una extorsión. La Fiscalía señaló cuatro casos denunciados y otros cuatro no denunciados formalmente.

Y apenas el 25 de julio de 2026, hace unos días, fuerzas federales y estatales realizaron cateos en Atlatlahucan, Yautepec y Yecapixtla, donde fueron detenidas 6 personas señaladas por las autoridades como integrantes de un grupo dedicado a la extorsión, el cobro de piso y la distribución de droga.

Esto ya dibuja un corredor criminal que merece ser investigado con lupa: Cuautla – Yecapixtla – Atlatlahucan – Yautepec.

Pero no podemos quedarnos ahí.

“La Vacuna” aparece también en Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Huitzilac y otros municipios, aunque las modalidades, grupos y niveles de organización pueden ser distintos.

Por eso hay que dejar de mirar el fenómeno como una colección de casos aislados.

Hay que preguntarse si estamos frente a una economía criminal territorializada.

               Y ENTONCES APARECE EL PADRINO

Aquí está lo verdaderamente verde del pasto.

¿Quién protege al cobrador?

¿Quién le proporciona información?

¿Quién sabe qué negocio vende más?

¿Quién conoce los horarios?

¿Quién puede advertir cuándo llegará una patrulla?

¿Quién puede filtrar un operativo?

¿Quién puede utilizar una oficina pública para facilitar información?

Y, sobre todo: ¿quién recibe una parte del dinero?

Porque una organización criminal puede sobrevivir con pistoleros, pero para controlar una economía criminal de territorio necesita algo más: información, corrupción, complicidades y protección.

Y cuando esos elementos penetran una administración municipal, el problema deja de ser solamente policiaco y se convierte en político.

                         ENJAMBRE: LA PREGUNTA INCÓMODA

El dato es monumental.

El 16 de junio de 2026, la Presidenta Claudia Sheinbaum informó que, como resultado de la Operación Enjambre en Morelos y dentro de la Estrategia Nacional contra la Extorsión, habían sido detenidos más de 85 funcionarios y ex funcionarios, entre ellos 7 Presidentes Municipales en funciones. Entre los mencionados estaban Jesús “N”, Presidente Municipal de Cuautla; Agustín “N”, Presidente Municipal de Atlatlahucan; e Irving “N”, ex Presidente Municipal de Yecapixtla.

Hay que decirlo con todas sus letras: una detención no es una sentencia.

Y no todos los expedientes de Enjambre corresponden necesariamente al delito de extorsión, pero el número es demasiado grande para ignorarlo.

Más de 85 funcionarios y ex funcionarios con 7 Alcaldes en funciones.

Y entonces la pregunta deja de ser políticamente incorrecta para convertirse en obligación periodística:

¿Hasta dónde penetró el crimen organizado en los gobiernos municipales de Morelos?

Porque si el delincuente de la calle conoce el negocio, pero alguien desde una oficina conoce al comerciante, sus horarios, sus permisos, sus movimientos y hasta la llegada de la policía…entonces ya no estamos hablando únicamente de una banda.

Estamos hablando de una posible red de poder.

            CUATLA, ATLATLAHUCAN, YECAPIXTLA: LOS NOMBRES.

Ahí están los nombres que las autoridades ya pusieron bajo investigación.

Jesús Corona Damián, presidente municipal de Cuautla.

Agustín Toledano Amaro, presidente municipal de Atlatlahucan.

Irving Sánchez Zavala, ex presidente municipal de Yecapixtla.

Sus casos deben seguirse en Tribunales y con absoluto respeto al debido proceso.

Pero forman parte de un episodio que ya no puede despacharse como una simple sucesión de escándalos municipales.

Porque el problema de fondo es otro:

¿Hay funcionarios que fueron utilizados por las organizaciones criminales?

¿Hay funcionarios que colaboraron?

¿Hay quienes fueron amenazados?

¿Hay quienes simplemente miraron hacia otro lado?

¿Hay quienes recibieron dinero?

Cada pregunta exige una Carpeta, una investigación y una respuesta.

                          TEMOAC: EL CASO QUE ESTREMECE

Y entonces llegamos a Temoac.

El Alcalde Valentín Lavín Romero fue asesinado dentro del Ayuntamiento.

Pocos días después, la Fiscalía informó la detención de Marisol “N”, viuda del Alcalde y funcionaria municipal, y de Geovany Emmanuel “N”, director de Seguridad Pública de Temoac, en investigaciones relacionadas con extorsión.

Y alrededor de ese expediente aparece también “La Patrona”, ex funcionaria municipal señalada por las autoridades dentro de investigaciones sobre estructuras criminales.

Aquí debemos ser especialmente cuidadosos: investigar no es condenar, pero tampoco investigar puede significar cerrar los ojos.

Temoac nos obliga a mirar hacia donde normalmente no queremos mirar que es hacia adentro de los Ayuntamientos.

Porque la pregunta ya no es únicamente quién dispara.

Es quién sabía.

Quién permitió.

Quién facilitó.

Quién protegió.

Y quién cobró.

                                DE AL CAPONE A “LA VACUNA”

La historia tampoco nació en Morelos.

En el Chicago de Al Capone, las organizaciones mafiosas utilizaban los llamados “protection rackets”: cobraban a comerciantes por una supuesta protección que, en realidad, estaba sostenida por la amenaza de la propia organización.

La fórmula era diabólicamente sencilla: “Págame y te protejo.”

La traducción verdadera era: “Págame para que yo mismo no te haga daño.”

Con el tiempo, distintas organizaciones criminales en América Latina utilizaron otras denominaciones y mecanismos.

En Colombia se popularizó la palabra “vacuna” para determinadas formas de extorsión.

Y ahora la palabra aparece en Morelos.

La misma lógica, el mismo miedo, el mismo negocio.

                              ¿CUÁNTO VALE EL MIEDO?

Ésta es la pregunta que todavía no podemos responder con una cifra.

Y no vamos a inventarla.

¿Cuánto produce el cobro de piso?

¿Cuánto el gota a gota?

¿Cuánto la extorsión telefónica?

¿Cuánto las cuotas a transportistas?

¿Cuánto se extrae de los mercados?

¿Cuánto de los pequeños comercios?

¿Cuánto de las empresas?

¿Cuánto dinero sale cada año de la economía legal de Morelos para alimentar la economía criminal?

No lo sabemos todavía, pero sí sabemos algo: alguien está cobrando. Alguien está pagando.

Y alguien está recibiendo ese dinero.

Por eso hay que seguir la ruta: LA AMENAZA → EL COBRADOR → LA CÉLULA → EL TERRITORIO → EL DINERO → LA PROTECCIÓN → EL PODER.

Y llegar hasta el último eslabón.

                                   ¿QUIÉN ES EL PADRINO?

Ésa es la pregunta que queda flotando sobre Morelos.

Porque quizá el cobrador que llega a una tienda sea solamente el último hombre de una cadena.

Detrás puede haber una célula.

Detrás de la célula, una organización.

Detrás de la organización, dinero.

Y detrás del dinero…poder.

“La vacuna” no es una medicina. Es el precio que el crimen impone para no ejercer contra ti la violencia que él mismo administra. Es un impuesto paralelo criminal.

Y cuando quienes cobran ese impuesto pueden penetrar territorios, someter comerciantes, controlar mercados, amenazar familias y, eventualmente, encontrar puertas abiertas dentro de las instituciones…entonces Morelos tiene derecho a formular la pregunta que nadie debería poder silenciar: ¿QUIÉN ES EL PADRINO?

Porque al final, amigo lector, no basta con detener al cobrador.

Hay que encontrar a quien lo manda.

Y si existe alguien que desde el poder político, económico o institucional facilita que “La Vacuna” siga cobrando víctimas…hay que encontrarlo también.

eusebiogimeno@gmail.com