Columna de Hierro

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CUERNAVACA, MOR. 30 09 2026.- Mientras el gobierno presume la disminución de homicidios y otros delitos, centenares de armas siguen apareciendo en manos de criminales. La pregunta ya no es solamente quién dispara: ¿quién les vende los fusiles?… ¿quién introduce las municiones y por qué esa cadena de abastecimiento continúa funcionando?

Hay una contradicción que las estadísticas oficiales no alcanzan a explicar.

Desde los salones de Palacio de Gobierno se presentan gráficas, porcentajes y comparaciones para demostrar que algunos delitos disminuyen.

Pero afuera hay otra estadística.

La que se escribe con casquillos.

La que aparece en una banqueta cuando los peritos colocan numeritos junto a los cartuchos disparados.

La de las armas cortas, fusiles, cargadores y centenares de municiones asegurados constantemente a presuntos delincuentes.

Y entonces surge una pregunta elemental: ¿quién arma a los delincuentes de morelos?

No estamos hablando solamente de los grandes Cárteles.

Hoy encontramos las armas de fuego en el narcomenudeo, las extorsiones, los homicidios, los asaltos y células criminales locales.

La línea divisoria entre el delincuente común y el integrante de una organización criminal se ha vuelto peligrosamente delgada.

519 ARMAS

Hay un dato oficial que merece detenernos.

Entre octubre de 2024 y junio de 2026, las autoridades federales informaron del aseguramiento en Morelos de 519 armas de fuego y más de 14 mil cartuchos.

En abril de 2026, autoridades estatales informaron además del aseguramiento, en distintas acciones, de 8 armas largas, 2 escopetas, 11 armas cortas y hasta 1 lanzagranadas.

Magnífico. Las decomisaron.

Pero ése debería ser apenas el principio de la investigación, no su final.

¿De dónde salió cada arma?

¿Quién la compró originalmente?

¿Dónde fue adquirida?

¿Quién la introdujo al mercado ilícito?

¿Cuántas manos recorrió antes de llegar a Morelos?

¿A qué grupo estaba destinada?

¿Quién abastece los cartuchos?

¿Existen proveedores recurrentes?

¿Se comparan mediante balística las armas aseguradas con casquillos y proyectiles recuperados en otros homicidios?

Porque un fusil decomisado puede ser una extraordinaria fuente de información.

Tiene fabricante, modelo, calibre y generalmente número de serie. Los casquillos y proyectiles pueden aportar evidencia balística. Su historia puede conducir hacia otros delitos.

El arma también habla.

El problema es si alguien se toma el trabajo de escucharla.

EL RÍO DE ARMAS

México enfrenta desde hace años un enorme tráfico ilícito de armas, particularmente desde Estados Unidos.

Los datos de rastreo de la ATF estadounidense muestran miles de armas recuperadas en México que pudieron relacionarse con el mercado estadounidense.

Pero tampoco podemos convertir la frontera norte en explicación universal.

Porque entre una tienda de armas en Estados Unidos y un sicario disparando en Morelos existen aproximadamente dos mil kilómetros y numerosos eslabones.

Alguien compra.

Alguien trafica.

Alguien transporta.

Alguien almacena.

Alguien distribuye.

Alguien vende.

Y alguien recibe.

Ésa es la cadena que necesitamos romper.

Porque detener únicamente al último hombre de esa cadena significa capturar al individuo que lleva el fusil mientras permanece intacta la organización que mañana puede entregar otros diez.

¿Y LAS MUNICIONES?

Existe además una pregunta que pocas veces formulamos.

¿De dónde salen tantos cartuchos?

Un arma sin municiones es prácticamente un pedazo de metal.

Pero las escenas criminales muestran reiteradamente múltiples disparos y las autoridades decomisan cargadores abastecidos y cantidades importantes de municiones.

Las balas también tienen una ruta comercial.

Por eso cada decomiso debería generar algo más que una fotografía para el boletín de Prensa.

Debería producir inteligencia criminal.

LAS ARMAS PUEDEN CONTAR LA HISTORIA

Cuando aparece un arma relacionada con un delito, las autoridades tienen herramientas para intentar reconstruir parte de su historia.

Número de serie.

Rastreo de procedencia cuando sea posible.

Pruebas periciales.

Huellas.

ADN cuando las condiciones lo permiten.

Comparación balística.

Carpetas anteriores.

Vínculos entre personas y organizaciones.

Una pistola recuperada hoy podría aportar elementos para esclarecer un homicidio cometido meses atrás.

Un fusil encontrado en Jojutla podría tener conexiones criminales con Cuautla, Temixco o Cuernavaca.

Ésa es precisamente la función de la inteligencia.

No esperar al siguiente muerto.

Anticiparse.

NO QUEREMOS LA LEY DEL REVÓLVER

Ante semejante panorama resulta comprensible que algunos ciudadanos se pregunten si tendrán que armarse para defenderse ellos, sus casas y sus familias.

Sería un error.

Convertir Morelos en una sociedad donde cada ciudadano salga con una pistola fajada al cinto solamente multiplicaría las posibilidades de accidentes, disputas convertidas en homicidios, venganzas y personas inocentes alcanzadas por las balas.

La solución no consiste en agregar miles de armas a las que ya existen.

Consiste en quitarles las armas a los delincuentes y desmantelar a quienes se las proporcionan.

Y para ello necesitamos conocer algo que rara vez aparece en las conferencias de Prensa.

QUEREMOS LA TRAZABILIDAD

Propongo algo muy sencillo.

Que las autoridades informen periódicamente, salvaguardando las investigaciones en curso, lo siguiente:

¿Cuántas armas fueron aseguradas?

¿Cuántas pudieron ser rastreadas?

¿Cuántas tenían reporte previo?

¿Cuántas resultaron relacionadas pericialmente con otros delitos?

¿Cuántas condujeron hacia vendedores, intermediarios o traficantes?

¿Cuántas investigaciones por tráfico de armas fueron iniciadas?

Y sobre todo:

¿cuántas redes de abastecimiento fueron desmanteladas?

Porque existe una enorme diferencia entre decomisar armas y desarmar al crimen.

LAS CIFRAS NO DISPARAN

El gobierno sostiene que el promedio de homicidios dolosos ha disminuido considerablemente en Morelos.

Ojalá continúe descendiendo.

Cada homicidio evitado significa una persona que regresa a casa.

Pero las cifras descendentes no deberían convertirse en motivo para bajar la guardia. Al contrario.

Si después de tantos operativos siguen apareciendo fusiles, pistolas, cargadores y miles de cartuchos, significa que existe un mercado clandestino capaz de mantener abastecida a la delincuencia.

Y ése es el enemigo que pocas veces vemos.

El sicario aparece.

El cadáver aparece.

Los casquillos aparecen.

El arma usada algunas veces aparece.

El proveedor casi nunca.

Quizá sea momento de dejar de preguntarnos solamente quién jaló del gatillo.

Hay que caminar hacia atrás.

Seguir la bala.

Seguir el cargador.

Seguir el arma.

Seguir el dinero.

Hasta llegar al hombre que abastece al hombre que mata.

Porque mientras atrapemos únicamente al pistolero y dejemos intacto al proveedor, estaremos podando las ramas mientras dejamos crecer las raíces.

Y mañana habrá otra pistola. Otro fusil. Otro cargador. Otro tirador. Y lamentablemente…otro muerto.

Y voy por más.

eusebiogimeno@gmail.com