En estas fechas de Navidad y Año Nuevo llueven las felicitaciones, la necesidad de recordarnos, bueno en cierto modo necesitamos por lo menos escuchar la palabra ¡felicidades! después de dos años de tanta incertidumbre, duelos, pérdidas de empleo, económicas, y conflictos familiares por el confinamiento y las carencias.

La felicidad no se define se experimenta, necesitamos sentirla. Cuando la sentimos resulta difícil explicarla. No me refiero a la que se experimenta cuando compras un objeto o te dan un regalo.

Para experimentar esos momentos que dejan huella, no necesitan leer un libro de autoayuda, o pagar un curso costoso en donde salen eufóricos y los pocos días vuelven a sus rutinas.

Los psicólogos estudiamos a las personas que sufren trastornos de la mente, al terminar la carrera, el enfoque es buscar la patología y clasificarla en el manual de psiquiatría que ya va en su quinto volumen.

Pronto me di cuenta y les comparto a los que siguen con ese enfoque. Esperen unas dos tres secciones de terapia para encuadrar en un diagnóstico.

Como dijo Facundo Cabral “no estás deprimido, estás distraído”. Una paciente me dijo: “ya me di cuenta mi depresión es aburrición”. Lo que necesita la mayoría es ser escuchado, sin prejuicios, sin censura, con empatía.

Si las instituciones de salud gubernamental les dedicaran más tiempo a los que acuden a consulta se ahorrarían medicamentos y los efectos secundarios que ocasionan.

Una paciente se quejaba de vértigo, acudía al Seguro Social y le surtían la receta y Clonazepam para dormir. Cuando la escuché, me di cuenta de su vida rutinaria, aburrida, su pensamiento enfocado en sentirse enferma y no bebe de agua, dice que no le gusta, no lee, no ve televisión, no tiene ningún hobbie, estos dos años de encierro complicaron su problema.

Varias teorías coinciden, incluso el psicoanálisis que para ser feliz se necesitan dos cosas: alguien a quién amar y un trabajo a realizar.

La felicidad está relacionada con el sentido que le damos a la actitud mental.

La sociedad en tiempos contemporáneos sufre un vacío espiritual que intenta suplir con la búsqueda de sensaciones corporales como alcohol, sexo, comida, en el juego (ludopatía) y las compras compulsivas.

El que se atrapa en adicciones en un buscador, no sabe que busca, no se da cuenta que lo que necesita es encontrarse consigo mismo.

La felicidad no está en el tener, está en el ser.

Muchas personas sufren apegos, duelos prolongados, no aceptan que su familiar ya no estará, pero, no lo dejan ir.

Otras sufren dolor crónico y por más analgésicos adictivos como la morfina no mitigan su dolor, por el contrario, el cerebro se vuelve adicto. Pero su vida gira en torno al dolor y se olvidan de lo que significa la felicidad.

Vale la pena checar el test de la U.S Army que se puso de moda al final de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia. Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. *La Volatilidad se refiere a la rapidez de los tiempos.

*La Incertidumbre, la que hemos sufrido en la pandemia, las redes sociales cooperaron en incrementar el miedo y la incertidumbre.

*Complejidad, complicarse la vida, gastando más de lo que ganan, guardar secretos que luego se vuelven una maraña.

*Ambigüedad, no deja paso a la claridad de ideas, niega la existencia de verdades absolutas, incluso hoy en día dejan a los niños elegir su género.

No sabemos que es la felicidad hasta que se pierde, el dolor se comparte, se vuelve una novela, lo que no está permitido es hablar de felicidad, hasta se ofenden piensan que están presumiendo, es más fácil decir ¡No soy feliz! ¡Estoy muerto en vida! ¡Nací estrellado! ¡Mala suerte la mía! Recuerdo cuando le dije a mi mamá y hermana “¡estoy enamorada!” después de años de divorcio. No tienen idea del problema, mi madre y mi hermana se enojaron, me dijeron que me veía ridícula. Entendí las creencias heredadas.  No podemos elegir gran parte de lo que nos sucede en la vida, pero somos responsables de elegir la actitud para afrontarlos, la manera se sobreponernos y volver a empezar.

Te invito a darte cuenta lo te hace feliz, solo son momentos, pero cuando sientas esa sensación, esa mariposa da un golpe en tu pecho y repite. ¡esto es felicidad! La mariposa es la serotonina, el químico de la felicidad.

Después de varios días ocupada y preocupada por algunos asuntos, en el frío de mi recámara me metí a la cama, bebí una taza de té acompañado con una rebanada de pastel que hizo mi nieta y disfruté una película. Sentí la sensación de felicidad de estar conmigo misma.

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