Jesús te Ampare
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Mientras Javier Aguirre examina videos con sus jugadores, el pueblo de México espera entusiasmado aclamar una victoria más del Seleccionado nacional.
Sería un resuello de sobrevivencia.
La gente camina con alegría las calles portando la verde; la más vendida en el mundo. La más querida.
Si la Selección logra superar el ritmo de juego que mostró ante Ecuador, no solo ganará un partido. Le dará al pueblo un respiro que la política le debe desde hace años.
Porque mientras en la cancha hay 11 jugadores corriendo tras un resultado, afuera hay 130 millones de mexicanos trotando tras promesas que no llegaron.
El gobierno prometió transformación y entregó excusas. Prometió seguridad y repartió abrazos. Prometió salud como Dinamarca y dejó hospitales sin Paracetamol.
El pueblo sabio ha resistido. Aguantó inflación, gasolina cara, que le dijeran que la violencia era culpa del pasado. Y, además, toleró ser culpable de todo menos del festejo.
Porque cuando el gobierno falla, la gente busca dónde sí se puede ganar algo.
Y ahí entra el Tri. Con todo y sus males, con técnicos que duran menos que un informe de gobierno, con directivos que ven negocio antes que deporte.
Si los 11 logran imponer condiciones, anotando goles y pasar de fase, harán más por el ánimo nacional en 90 minutos que seis años de discursos matutinos caricaturescos.
No porque el fútbol regule el país. Enmendar una nación es responsabilidad del gobierno, y en eso han fracasado.
Pero un triunfo sí recuerda que México puede competir, puede salir victorioso y puede festejar sin permiso de Palacio Nacional.
El mejor obsequio para un pueblo lastimado no debería venir de un balón. Debería venir de políticas públicas que funcionen.
De verdades y no de narrativas fantasiosas.
Pero cuando eso no pasa, el pueblo se conforma –para alimentar el alma– con gritar gol. Y con razón. Al menos el gol no se lo roban en la siguiente administración.
Si ganan, que el gobierno tome nota. Así se ve un resultado favorable. Se juega, se suda y se cumple en la cancha.
Unidos todos: jugadores, equipo técnico y aficionados (¿Y si sí?), se puede lograr.
¿Por qué chingaos no?
ceciliogarciacruz@hotmail.com