El Papa León XVI hizo un llamado a frenar la espiral de violencia vista este fin de semana tras el ataque de Estados Unidos e Israel en contra de Irán, misma que provocó la reacción iraní atacando bases militares de estos en otros países de Medio Oriente, tras el asesinato de varios funcionarios, entre ellos el ayatolá Alí Jamenei.

Tras la misa del Ángelus, el papa León XVI externó su preocupación ante la situación recrudecida en Medio Oriente y dijo que las partes involucradas deben actuar responsablemente. En ese sentido, emplazó a que dichos actores abandonen la violencia y apuesten al diálogo o diplomacia.

“Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un sincero llamamiento a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable”, externó.

El sumo pontífice apuntó que mediante la diplomacia se debe promover el bien de los pueblos, subrayando el deseo de una convivencia pacífica, basada en la justicia. En ese sentido, subrayó que la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino sólo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.

Sus palabras se suman a las del obispo, Paolo Martinelli, vicario apostólico de Arabia del Sur, quien reconoció preocupación general por los acontecimientos en la región de Medio Oriente. El clérigo exhortó a los fieles a mantener la calma y serenidad, así como seguir atentamente las indicaciones de las autoridades civiles. “Queridos hermanos y hermanas en Cristo, que el Señor les conceda la paz”, deseó a través de un comunicado.

Por su parte, Aldo Berardi, vicario apostólico de Arabia del Norte que rige a la iglesia católica en territorios con bases estadounidenses como Baréin, Kuwait, Catar y Arabia Saudita, solicitó a los católicos a permanecer serenos, unidos en la oración y atentos a la seguridad de todos. Además, exhortó a los párrocos y rectores a tomar decisiones responsables para garantizar la seguridad de las personas confiadas a su cuidado pastoral, priorizando dicha atención a los ancianos, los enfermos y los más vulnerables.