Por: Cecilio García Cruz
Jesús te Ampare….
Su palabra es ley. Se cumple o se cumple. De lo contrario, no entra en el ánimo del “patriarca” quien, ipso facto, lo separa del círculo cercano. Es palabra del Señor.

Por eso, no pocos han abandonado el “Arca” (construida para la salvación de los mexicanos), y ahora en libertad “disparan”, como auténticos “francotiradores”, críticas rigurosas en contra del estilo personal de gobernar del Todopoderoso.
Carlos Manuel Urzúa Macías, ex secretario de Hacienda y Crédito Público (académico, político y economista), nunca estuvo de acuerdo con la línea del mandatario en materia económica. Y optó por abandonar el “Arca”; hoy se ha convertido en un detractor que sí sabe lo que dice.
Ni duda cabe que el poder marea. En sus conferencias, el maestro Efraín González Morfín, destacado panista de hueso colorado ya fallecido, comentaba: “el licor que marea más a los seres humanos se llama poder”.
Mi amigo y paisano Fidel Samaniego (qepd) publicó el 09 de diciembre de 2008 que Andrés Manuel López Obrador le dijo alguna vez: “el poder marea a los tontos y vuelve locos a los pendejos”.
La frase se atribuye al politólogo y diplomático tabasqueño Enrique González Pedrero.
Hay ejemplos varios que parecerían darle la razón a ese aforismo.
Hugo Chávez, aun como candidato, un día antes de su primera elección,
declaró que su voluntad era entregar la presidencia en 5 años, que no pretendía nacionalizar ninguna empresa y menos si se trataba de algún medio de información; puntualizó también que no era socialista, que su proyecto era humanista.
¿Y después que pasó?
Dejó un país hecho un infierno, y a un tirano y loco en el poder, que por cierto tiene los días contados.
Cuando el político pervierte el sentido de servir, y solo utiliza el poder para servirse, se transforma en un hombre soberbio. Inasible a las críticas, solo escucha a quienes lo adulan. Pierde fácilmente el piso. Siente, con su ilusionismo, que flota en el aire. Su palabra es ley.
¿Se alterará algo en su cerebro, en sus neuronas?
¿Enloquece?
¿Y los que ya tienen algún trastorno mental cuando llegan al poder?
Porque sí cambian.
Caminan distinto. Hablan con otro tono de voz. Saludan con una actitud muy formal. Falsas las risas. Sus miradas son otras. Impredecibles en sus conductas. Se irritan fácilmente. Desparraman arrogancia y hasta desprecian a quienes consideran sus detractores del nivel que sean. Creen siempre tener la razón.
Pero a veces tienen vis cómica.
“(México) más que ser ejemplo mundial (por el Covid-19) es la burla del mundo entero. De pendejos no nos bajan. A Macuspana hay que aislarla de por vida no se vaya a escapar otro parecido que acabe con lo que queda del país”, me comentó un prestigioso abogado mexicano.
En un principio, el pueblo sabio tuvo fe en las promesas del “patriarca” y le aplaudió hasta impulsarlo a la cima del poder. Una votación histórica.
Hoy, ese pueblo vive arrepentido y con miedo por la pandemia del Covid-19 y la crisis económica inexorable que ha dejado sin pan y sin trabajo a millones de familias que esperan el milagro: un cambio de actitud del Todopoderoso.
Y si no ocurre ese cambio, se corre el riesgo de que se incremente la delincuencia y brote una posible inestabilidad social jamás imaginable.
La gente enferma por crisis nerviosas e infartos cardiacos.
Vive, como puede, y con el Jesús en la boca.
ceciliogarciacruz@hotmail.com