Por: Sócrates A. Campos Lemus

Que conste…son reflexiones…!

Hace algunos años, en el gobierno de don José López Portillo, llegamos a Tijuana, Baja California Norte, para realizar algunos reportajes sobre la zona fronteriza.

Tuvimos que entrevistar en ese entonces al presidente municipal y como era el “Día del Preso”  nos difirió la entrevista para el día siguiente y comimos; en la reunión le preguntamos cómo le había ido en la ceremonia del “Día del Preso” cuando sabíamos que la prisión en ese entonces era un verdadero desastre y me comentó que tuvieron una comida con un grupo de reclusos dentro de la cárcel y uno muy vivo le preguntó sobre sus planes de trabajo como Alcalde y si le alcanzaba el presupuesto.

Nos dijo que se impactó por las preguntas y les trataba de explicar que con los mismos presupuestos tenían que realizar más obras porque se necesitaba iluminación en muchas colonias, pavimentación, agua potable, escuelas para que sus hijos estudiaran y fueran buenos ciudadanos, y que entonces ese preso le preguntó lo que hacía en las escuelas, respondiéndole que estaba rehabilitando salones, poniendo y reponiendo mobiliario, canchas deportivas y baños,  atajándolo sorpresivamente el preso para decirle: “Ya bájele mi presidente, acá es donde nos debe poner bien las celdas, cómodas, baños con vapor, canchas de tenis y de futbol, comedores chidos, buen hotelito para las visitas conyugales, porque lo más seguro es que usted no vuelva a asistir a alguna escuela, pero no puede decir que no llegará, algún día, a la cárcel”… y al paso del tiempo, casi casi llega el famoso Kiko a prisión…

Hoy nuestro muy admirado caricaturista Palomo dice en su caricatura publicada en Yahoo: “Más que modificaciones a las Pensiones, deberían hacer modificaciones a las prisiones”, porque como vienen los casos y los nuevos presos que llenarán muchas cáceles, lo que se necesitan son prisiones y no tantas pensiones.

Es cierto, a pesar de todo lo que se dice sobre las prisiones, de su disciplina y cosa y media, la realidad es como lo cuenta Carmen Salinas que un buen día cuando acudió a visitar a un amigo en la prisión de Puente Grande, un preso se le acercó para darle el mensaje de que su jefe quería comer con ella y ella aceptó sin “saber de quién se trataba”. La condujeron a una una celda especial con cocinero de Sinaloa, que tenía todo lo necesario para prepararle buenos platillos “al patrón”. El señor ordenó que le siriveran unos mariscos sabrosos al estilo Sinaloa y en la plática, Caro Quintero le pidió que lo ayudara a salir de allí. Le dijo que ella debería comentarle a su tío, el presidente Carlos Salinas, que le ayudara y que él se comprometía a pagar la deuda y a ella proporcionarle todo lo que necesitara en su vida. Ella le dijo que no podía porque no era pariente del Presidente pero que le hiciera una carta y ella se comprometía a llevársela o enviársela al Presidente.

Por supuesto que no cuenta que en aquella época, como nosotros lo vivimos en Lecumberri entre 1968 y 1971 cuando nos tuvieron detenidos por el Movimiento Estudiantil de 1968, que muchos presos como Kaplan o el General Mariles y otros más gozaban de enorme privilegios y en muchos casos sabíamos que salían para hacer algunas visitas en el exterior o recibían, como en el caso de Mariles, a grandes personajes de la política y a reyes y empresarios. También vimos cómo los famosos jefes de crujía, los “yotes”, compraban las concesiones para poder traficar drogas, armas, protección, vender los lugares en las celdas, controlar las fajinas y sus cobros, comercializar lugares para visitas conyugales, vender licor o la misma comida espantosa que nos daban conocida como “rancho” y que en muchos de nosotros la modificábamos un poco reguisándola en parrillas improvisadas con alambres en un tabique.

En fin, sabíamos que llegan cortes de carne todos los días y buenos alimentos por una puerta y por la otra salían al comercio o venta en el exterior y esas eran ganancias de los funcionarios y directivos de la prisión.

Por ello, cuando el juez Ferrer MacGregor, nos sentenciaba a veinte años y a pagar solidaria y mancomunadamente una multa de un millón ochocientos cincuenta mil pesos con veinte centavos, el doctor Trejo, con ocurrencia, sacaba un veinte de cobre y le decía la juez: “Señor juez acá están los veinte centavos para que quedemos en números cerrados” y el juez furioso, le daba tres meses más de prisión por su broma, de la que todos reíamos, pero al paso del tiempo, ese juez, que servía al Estado y al presidente haciendo chapuzas para joder a las víctimas y proteger a los victimarios, llegó a prisión por ser encontrado, en otro Juzgado, con las manos en la masa cuando cobraba una jugosa cantidad de dinero para soltar a un criminal y paró en la cárcel, al que por  los años, no supimos si era para que no pudiera hablar o como una muestra de lo que le podía suceder si faltaba a su silencio y discreción.

Y es cierto, muchos no regresan a las escuelas, pero pueden caer en prisión, y ahí tenemos ahora a muchos importantes funcionarios de otros tiempos que fueron estudiantes protegidos por sus universidades privadas y sus grupos para prepararles en el extranjero que ahora están casi casi con un pie en las puertas de cualquier prisión.

Por ello, muchos dicen que los que han salido a preparerse más son malosos y esto pues, no es verdad, y no se pude generalizar, menos lo puede hacer el presidente cuando muchos de sus colaboradores inmediatos tienen esos títulos adquiridos en el extranjero, y si fuera verdad lo que asegura pues entonces estaríamos jodidos porque faltaría poco para la gran traición a su movimiento y política… por ello, es mejor ser dueño del silencio que andar hablando…

Así, muchos buenos comunicadores dicen que en su afán de responder en sitios y actos importantes con reclamos y dejar a un lado la importancia de los cambios y proyectos y programas que son en verdad los que importan las notas se pierden y se les brinda importancia a cuestiones que no la tienen, porque olvida que “las águilas no cazan moscas” y que en vez de responder directamente a algunos medios y comunicadores, acusándoles de fifís, cuando ni siquiera los mexicanos, en su mayoría, los conocen, los hace famosos y obliga a muchos a buscar esas notas y autores, y ahí es donde la comunicación se deforma y se le voltea.

El presidente es muy bueno para entender y comunicar lo que gusta escuchar a las masas, pero no se debe perder en ello, debe dar importancia a los grandes eventos en vez de burlarse de los cubrebocas o regañar a los diputados y senadores porque no les han hecho caso a sus peticiones, cuando acaban de firmar un importante acuerdo en beneficio de los trabajadores donde la iniciativa privada, carga al lado de las aportaciones del gobierno el aumento de cerca del cuarenta por ciento para que los jubilados aumenten el monto recibido por jubilación y así, el escándalo provocado por esos caprichos, se convierten en notas y opacan la realidad del evento y su importancia…. Cosa para pensarse por parte de los encargados de la comunicación del presidente y del mismo AMLO.