Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. 26 10 2026.- La Cuarta Transformación ha cambiado muchas cosas, pero NO el modo de producción capitalista, que es el sistema económico de México. Seguimos viviendo bajo el capitalismo. (Y saludos del imperialismo yanqui).
Por eso, si Morena pierde el poder en 2030, la gran incógnita no será solamente quién gobernará, sino ¿qué rumbo tomará nuestro país?
Para comprender lo que podría ocurrir en México durante los próximos años, vale la pena desempolvar las teorías de Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin, dos pensadores que, independientemente de nuestras simpatías políticas, dejaron valiosas herramientas para estudiar la economía, la sociedad y el poder.
Marx explicó la historia a partir de las relaciones de producción: quién posee la tierra, las fábricas, los Bancos y los recursos; quién trabaja para producir la riqueza y quién se queda con sus beneficios.
De sus estudios surgió una interpretación histórica que distingue sociedades primitivas, esclavismo, feudalismo, capitalismo y la posibilidad de llegar al socialismo. Aunque no todos los pueblos han recorrido necesariamente esas etapas, su teoría permite comprender las grandes transformaciones económicas.
Lenin fue más adelante. En 1916 escribió El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo, donde examinó el dominio de los monopolios, los grandes Bancos y la expansión internacional del capital.

Y aquí encontramos la primera sorpresa.
México no necesita esperar a que llegue la derecha para incorporarse al capitalismo imperialista. Desde hace mucho participa en una economía mundial dominada por grandes potencias y corporaciones internacionales.
Estados Unidos es nuestro principal socio comercial. Más del 80 % de nuestras exportaciones de mercancías tienen como destino ese país.
La economía mexicana está estrechamente vinculada a las fábricas, los Bancos, las inversiones y los consumidores estadounidenses.
Y esa relación no comenzó con López Obrador ni terminará con Claudia Sheinbaum.
La Cuarta Transformación tampoco ha establecido un Régimen Socialista.
Morena, aunque se presenta como un movimiento de izquierda, gobierna dentro de una ECONOMÍA CAPITALISTA (cuyo principal objetivo es invertir para obtener ganancias). MORENA ha fortalecido los programas sociales, impulsado aumentos salariales y dado mayor participación al Estado en sectores estratégicos.
Pero MANTIENE LA PROPIEDAD PRIVADA de las grandes empresas, los bancos comerciales, la inversión extranjera y las relaciones económicas internacionales. (Ni siquiera se han atrevido a cancelar la concesión del Canal 13, por un adeudo fiscal de más de 40 mil millones de pesos).
La propia presidenta Sheinbaum promueve la inversión privada y los proyectos donde participan empresarios y gobierno.
Estamos, por tanto, ante un proyecto con características de centroizquierda en materia social y un modelo económico que conserva las bases del capitalismo.
Eso no significa que sus políticas sean idénticas a las de los gobiernos anteriores.
La reducción de la pobreza constituye uno de sus resultados importantes: según el INEGI, en 2024 el 29.6 % de la población se encontraba en esa condición.
Pero también habrá que evaluar la seguridad, la salud, la educación, la justicia, las inversiones y la capacidad del país para generar empleos productivos.
Ahora viene lo interesante.
SI MORENA PIERDE
¿Qué ocurriría si Morena perdiera la Presidencia en 2030?
Podría llegar un gobierno partidario de una economía más abierta al mercado, con menor intervención estatal y distintas prioridades en el gasto público.
También podría surgir otra fuerza de centroizquierda que conservara los programas sociales, pero modificara profundamente la manera de administrar el gobierno.
O Morena podría continuar gobernando y transformar sus propias políticas ante nuevas necesidades económicas y sociales.
En cualquiera de esas circunstancias, México podría seguir siendo capitalista.
Porque no debe confundirse el cambio de un Partido con el cambio de un SISTEMA ECONÓMICO (ni lo permitiría el Fondo Monetario Internacional).
Y tampoco la llegada de la derecha significaría automáticamente el nacimiento del imperialismo. En la concepción de Lenin, éste es un fenómeno económico internacional, no una etiqueta electoral.
Hay otro aspecto que merece particular atención.
México pasó más de 70 años bajo el predominio del PRI. En el año 2000 llegó Vicente Fox, se produjo la alternancia y muchos mexicanos pensaron que comenzaba una nueva época.
Cambió el partido gobernante, pero permanecieron numerosos problemas estructurales: pobreza, desigualdad, corrupción e inseguridad.
El capitalismo siguió funcionando.
Ahora, después de los gobiernos de López Obrador y Sheinbaum, tendremos que distinguir entre dos cosas: los cambios que efectivamente hayan beneficiado a la población y aquellos problemas que el nuevo régimen no haya conseguido resolver.
Las elecciones intermedias de 2027 permitirán conocer una nueva composición del Congreso. La sucesión presidencial de 2030 abrirá otra etapa, sin que podamos anticipar su resultado.
Pero existe una cuestión todavía más importante que la competencia partidista.
Un sistema capitalista puede convivir con instituciones democráticas, libertades individuales y mecanismos de protección social. También puede funcionar bajo gobiernos autoritarios, con riqueza muy concentrada y escasa participación ciudadana.
Lo mismo ocurre con los proyectos que se proclaman socialistas: sus resultados históricos han sido diversos y no pueden juzgarse solamente por sus promesas.
Por eso, más allá de las ideologías, habrá que examinar qué régimen ofrece garantías efectivas de justicia, libertades, prosperidad y bienestar.
Porque al albañil, al campesino, al comerciante o al mecánico les importa, antes que las discusiones doctrinarias, cuánto ganan, cuánto cuesta alimentar a sus familias, si hay medicinas en los hospitales y si pueden caminar por las calles sin miedo.
Marx nos enseñó a observar las relaciones económicas que se esconden detrás del poder político.
Esa herramienta sigue siendo útil para comprender el México de nuestros días.
Y quizá nos ayude a descubrir una contradicción histórica: podemos pasar del PRI al PAN, del PAN nuevamente al PRI, después a Morena y mañana a cualquier otra organización política, mientras la estructura económica fundamental permanece sujeta al CAPITALISMO.
La pregunta, entonces, no es solamente quién gobernará México después de la Cuarta Transformación.
La pregunta de fondo es si algún día lograremos transformar las condiciones de vida de los mexicanos, y no solamente el nombre, el color y los ocupantes del poder.
Porque cambiar de gobierno no es necesariamente cambiar de país.
(Y voy por más).
eusebiogimeno@gmail.com