x. Mil veces más potentes que la Morfina.

COLUMNA DE HIERRO

CUERNAVACA, MOR. 20 08 2026.- Si el Fentanilo ya nos parecía el monstruo definitivo de las drogas sintéticas, habrá que prepararnos para conocer algo todavía más inquietante: los Nitazenos.

Porque lo que hemos visto en ciudades de Estados Unidos como Chicago, Minneapolis y otras zonas golpeadas por la epidemia de opioides —personas completamente inmóviles, inconscientes, dobladas sobre sí mismas, atrapadas entre la vida y la muerte— podría ser apenas el adelanto de una crisis todavía más peligrosa.

Y conviene decirlo con precisión: esas escenas no pueden atribuirse automáticamente al Fentanilo en todos los casos, porque en el mercado ilícito estadounidense circulan múltiples sustancias y mezclas. Pero el fenómeno sí revela hasta dónde puede llegar la devastación provocada por los opioides sintéticos.

Ahora aparece una nueva palabra que habrá que aprender, aunque nadie quisiera hacerlo: NITAZENOS.

No son exactamente una droga nueva. Fueron desarrollados experimentalmente en la década de 1950 durante investigaciones para obtener analgésicos opioides. El problema es que algunos demostraron una potencia extraordinaria y nunca llegaron a convertirse en medicamentos de uso humano.

Hoy han regresado por la puerta trasera del mercado negro.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito advierte que desde 2019 se han identificado 34 Nitazenos en 37 países. La propia ONU señala que su aparición ya ha provocado emergencias agudas y muertes. Y lo más preocupante es que pueden aparecer en diferentes presentaciones del mercado ilícito, incluso en productos falsificados que el consumidor cree que contienen otra sustancia.

Algunos miembros de esta familia son extraordinariamente potentes. El Etonitazeno, por ejemplo, puede alcanzar una potencia de hasta aproximadamente mil veces la de la Morfina y superar ampliamente la del Fentanilo.

Aquí aparece el verdadero peligro: el consumidor muchas veces ni siquiera sabe qué está consumiendo.

Una tableta clandestina puede parecer un medicamento conocido y contener en realidad un opioide sintético diferente. Y cuando hablamos de sustancias cuya potencia se mide en cantidades minúsculas, el margen entre una dosis y una sobredosis puede ser aterradoramente estrecho.

EL FENTANILO YA ERA UNA BOMBA

No debemos equivocarnos: que aparezcan los Nitazenos no significa que el Fentanilo haya dejado de ser una amenaza. Todo lo contrario. El Fentanilo farmacéutico tiene usos médicos legítimos. Es un opioide potente empleado para tratar dolores intensos y también como anestésico. El problema está en su fabricación clandestina, en el tráfico y, particularmente, en las pastillas falsificadas y mezclas cuya composición desconoce el consumidor. Autoridades sanitarias mexicanas lo describen como aproximadamente 100 veces más potente que la Morfina.

En una sobredosis puede aparecer depresión respiratoria, pérdida de conciencia, coma y finalmente la muerte. El IMSS advierte que una persona intoxicada puede presentar pupilas puntiformes, estupor, coloración azulada y dificultad o incapacidad para respirar.

Y México tampoco está fuera del mapa.

Las autoridades sanitarias han identificado como principales focos de consumo de Fentanilo a Tijuana y Mexicali, en Baja California; Ciudad Juárez, Chihuahua y San Luis Río Colorado, Sonora.

Pero aquí hay una precisión que debemos hacer para no caer en cifras engañosas.

México todavía carece de una estadística nacional reciente, pública y homogénea que permita afirmar con seguridad: “tantas personas murieron por Fentanilo en tal Estado”.

Los registros disponibles sobre mortalidad por opioides muestran que entre 2013 y 2022 se registraron 114 defunciones relacionadas con el uso de opioides, con un máximo de 26 casos en 2020. El propio dato demuestra que la medición mexicana del fenómeno ha sido mucho menos precisa que la estadounidense.

Y eso abre otra pregunta:

¿Cuántas muertes estamos realmente contando?

Porque una cosa es saber cuántos decomisos se hicieron, cuántas personas fueron detenidas o cuántos pacientes llegaron a los servicios de urgencias.

Y otra, muy diferente, es saber cuántas personas murieron realmente por una sustancia que quizá ni siquiera estaba correctamente identificada en su organismo.

Y AHORA VIENEN LOS NITAZENOS

Aquí está el nuevo capítulo.

La ONU reporta que los Nitazenos ya fueron detectados en decenas de países y que su expansión constituye una señal de alerta para los sistemas sanitarios y de seguridad.

No estamos hablando solamente de un polvo.

Los Nitazenos han aparecido en tabletas, polvos, cristales, líquidos para vapeadores, material vegetal y medicamentos falsificados.

Es decir: la amenaza puede esconderse dentro de algo que, a simple vista, parece otra cosa.

Y México ya dio un paso jurídico importante: el Etonitazeno fue incorporado al régimen de sustancias controladas mexicano en enero de 2026.

Pero una cosa es controlar una sustancia en el papel y otra muy distinta impedir que llegue al mercado clandestino.

Porque los traficantes no necesitan grandes cantidades.

Necesitan pequeñas porciones de sustancias extremadamente potentes.

Y ahí está la pesadilla.

LA PARADOJA DEL DOLOR

Hay otra cara de esta historia que tampoco debemos esconder.

Los opioides no son, por sí mismos, enemigos de la humanidad.

El Fentanilo puede salvar vidas cuando es utilizado correctamente. Otros opioides permiten controlar dolores intensos que de otra manera serían insoportables.

El problema aparece cuando una sustancia destinada al quirófano, al hospital o al paciente con dolor termina en manos del mercado negro.

Y mientras el Estado combate el abuso, debe evitar que el paciente legítimo termine pagando la factura.

En México, además, acaba de ocurrir otro cambio importante: desde el 14 de julio de 2026 el Tramadol quedó sujeto a control sanitario y requiere receta médica, después de que COFEPRIS modificara las condiciones para su dispensación.

La intención puede ser perfectamente comprensible: evitar el abuso y el desvío.

Pero hay que vigilar que el control no se transforme en una barrera para quien realmente necesita tratamiento contra el dolor.

LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE CONTESTAR

Si México todavía batalla para conocer con exactitud la dimensión de las muertes relacionadas con opioides…

Si el Fentanilo ya está presente en determinados mercados…

Si las autoridades sanitarias reconocen focos de consumo en ciudades fronterizas…

Y si Naciones Unidas advierte que los Nitazenos ya circulan en 37 países…

¿Estamos preparados para impedir que esta nueva generación de opioides sintéticos se instale en México?

Porque sería un error esperar a que aparezcan cientos de cadáveres para comenzar a preguntar.

La experiencia internacional debería servirnos de advertencia.

Primero llega la sustancia. Después aparecen los consumidores. Luego las sobredosis. Después las familias destruidas. Y finalmente llegan las estadísticas.

El Estado no puede esperar a que lleguen las estadísticas.

Tiene que llegar antes.

Porque el Fentanilo ya nos enseñó lo que puede hacer una droga sintética fabricada clandestinamente.

Los Nitazenos podrían estar anunciando algo peor.

Y si eso es cierto, más vale que México los encuentre antes de que ellos nos encuentren a nosotros.

eusebiogimeno@gmail.com

(Fuentes: Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), World Drug Report 2026; Secretaría de Salud/CONASAMA; COFEPRIS; IMSS; INEGI y documentos legislativos federales).