x.- Porque aquí no hay ricos, hay riquillos.               
x.- Algo raro ocurre con la economía de Morelos.                                                             

Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR.- 06 10 2026.- Estamos pegados al mercado más grande del país, tenemos carreteras, agua, universidades, centros de investigación, industria y una ubicación que otros Estados quisieran. Sin embargo, Nissan se va de CIVAC, captamos poca inversión extranjera directa (IED) frente a entidades que hace algunas décadas estaban a nuestro nivel y seguimos esperando la gran inversión que vuelva a poner a Morelos en el mapa industrial del país.

¿Cuáles son los grandes empresarios locales que negocian por Morelos en Palacio Nacional?
No me refiero a gente con dinero. De ésos hay muchos.

Morelos no tiene un empresario de la talla de un Garza Sada, un Azcárraga o un Carlos Slim, ni una gran empresa de capital morelense capaz de jugar en esas ligas y llegar a cotizar en la Bolsa Mexicana de Valores.

Fortunas sí ha habido y algunas muy importantes: Cerda, Estrada, Salgado, Tajonar, Mitre, Abe, Deguer, Iragorri, Suárez y seguramente se me escapan otras.

Los Suárez merecen mención aparte. Manuel Suárez y Suárez fue propietario del legendario Casino de la Selva y también desarrolló el Hotel de México, uno de los proyectos inmobiliarios y turísticos más ambiciosos de su tiempo.

Pero una fortuna familiar, por grande que sea, no necesariamente se convierte en un grupo empresarial nacional.

Dejemos aparte los capitales ilícitos del narcotráfico y la delincuencia organizada.

Hablo del capital productivo, legal y morelense.

¿Dónde está?

Hace muchos años tuve un gran amigo, Raúl Chávez Chávez, quien fue secretario particular del doctor Guillermo Ortiz cuando éste era Secretario de Hacienda en el gobierno de Ernesto Zedillo.

Un día, hablando de dinero y empresarios, me soltó:
-Mira, Eusebio, el problema de Morelos es que aquí no hay ricos. Hay riquillos.

Me dio risa.

Con los años dejó de dármela.

Morelos tiene empresarios. Miles. La Secretaría de Economía registra más de 112 mil micro, pequeñas y medianas empresas, pero cerca del 96 % son microempresas.

En 2024 Morelos recibió alrededor de 161 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED).

Querétaro recibió más de mil millones.

Aguascalientes, casi mil millones.

Y aquí viene lo feo: en Morelos el registro correspondiente a nuevas inversiones fue de cero dólares.

Sí, cero.

El flujo provino fundamentalmente de empresas que ya estaban instaladas y reinvirtieron utilidades.

Ahora llegó una buena noticia. Una farmacéutica de capital Indú anunció una inversión cercana a 50 millones de dólares en CIVAC.

Bienvenida sea.

Pero el dinero viene otra vez de fuera.

Y mientras tanto se va Nissan.

Eso duele más de lo que parece. No sólo se marcha una fábrica. Nissan simboliza una época en la que Morelos parecía destinado a convertirse en una potencia industrial.

Su llegada estuvo ligada a Raúl Iragorri Aranda, uno de aquellos empresarios morelenses que pensaban en grande y que tuvo un papel fundamental en el desarrollo de CIVAC.

Porque Morelos sí tuvo grandes capitales.

Antes de la Revolución fuimos potencia azucarera. Después volvieron la caña y el arroz, los molinos, el cemento, los bienes raíces, el comercio y los balnearios.

En aquella generación empresarial aparecen Raúl Iragorri Aranda, Manuel Mariscal Abascal y Juan Dubernard, entre otros.

Hubo capital morelense en Cementos Moctezuma.

Pero cuando Moctezuma llegó a la Bolsa Mexicana de Valores, en 1988, aquellos empresarios ya habían salido de su estructura accionaria.

Moctezuma llegó a la Bolsa. Los capitalistas morelenses no.

Claro que hubo morelenses que, como se dice en el medio financiero, “jugaban a la Bolsa”. Compraban y vendían acciones, algunos con cantidades modestas y otros seguramente con capitales importantes.

No es lo mismo.

Comprar acciones no convierte al inversionista en una empresa bursátil.

Hasta donde llega esta investigación, no encontramos una gran empresa propiamente morelense que haya dado ese salto y cotizado en la Bolsa Mexicana de Valores conservando capital y control local.

CIVAC, mientras tanto, se llenó de grandes nombres: Nissan, Baxter, Pond’s -hoy dentro del universo de Unileve-, Saint-Gobain y muchas otras.

Las fábricas estaban aquí. Los trabajadores también.

Los dueños del gran capital, no necesariamente.

Y tuvimos además una industria turística formidable. Las Estacas, El Rollo, Agua Hedionda, Aguasplash, Palo Bolero, San Ramón y muchos otros balnearios hicieron durante años del agua, el clima y la cercanía con la Ciudad de México una fuente enorme de visitantes y dinero.

La actual gobernadora, Margarita González Saravia, procede precisamente de una familia ligada a dos vertientes de aquella economía: la Banca por la rama González Saravia y el Turismo por la rama familiar vinculada con Las Estacas.

No es reproche. Es parte de nuestra historia económica.

¿Y las organizaciones empresariales?

Ahí están Coparmex, las Cámaras de Comercio, los industriales y las distintas agrupaciones empresariales de Morelos. Tienen dirigentes, Consejos y representación institucional.

¿Dónde están los grandes capitales morelenses?

¿Quién puede sentarse en Palacio Nacional no sólo como representante de una Cámara, sino con el peso de una empresa de miles de millones, miles de empleos e inversiones detrás?

No lo encontramos.

Querétaro es quizá el espejo que más duele.
Hace algunas décadas la diferencia no parecía insalvable. Hoy atrae inversiones industriales y tecnológicas de otra dimensión mientras nosotros andamos buscando qué sustituirá a Nissan.

Y cuando volteamos hacia la Federación tampoco aparecen fácilmente las grandes obras capaces de cambiar la estructura económica del Estado.

Hay presupuesto, programas sociales y obra pública.

Pero ¿dónde está la gran inversión federal transformadora para Morelos?

Estamos a unos cuantos kilómetros de Palacio Nacional.

Y quizá ahí esté una parte de nuestra debilidad.
Morelos tuvo tierra, azúcar, arroz, cemento, industria, turismo, balnearios y grandes fortunas. Tuvo también inversionistas que “jugaban a la Bolsa”. Pero, hasta donde llega esta investigación, no produjo una gran empresa propiamente morelense que llegara al mercado bursátil conservando capital y control local.

Hoy Nissan se va, la inversión nueva escasea y seguimos buscando el gran proyecto que vuelva a darle músculo económico al Estado.

Raúl Chávez Chávez me lo dijo hace muchos años: “aquí no hay ricos. Hay riquillos”.

Quizá exageraba.

Pero sin grandes capitales propios, sin grandes empresas locales y con escaso peso para negociar en las mesas donde se decide la inversión nacional, Morelos corre el riesgo de seguir siendo el patito feo de la Federación.
(Y voy por más).
eusebiogimeno@gmail.com