Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. 23 2026.- Mientras el gobierno de Margarita González Saravia prepara un Morelos de bicicletas, festivales, cultura, gastronomía, luces navideñas y miles de visitantes, existe otro Morelos que difícilmente cabe en los carteles turísticos: el de la violencia y la muerte.
Los dos Morelos existen. El problema comienza cuando desde el poder se pretende mirar solamente uno.
Este martes, la gobernadora reunió a buena parte de su gabinete ante decenas de informadores para presentar una ambiciosa agenda destinada a fortalecer la imagen turística, cultural y deportiva de la entidad.
Y hay que reconocerlo: Morelos necesita turismo.
Necesita visitantes, inversión, ocupación hotelera, restaurantes llenos, empleos y derrama económica. Necesita recuperar el esplendor que durante décadas convirtió a Cuernavaca en uno de los destinos predilectos del centro del país.
Entre los proyectos destaca el “Desafío Morelos by La Vuelta”, una competencia ciclista de 94 kilómetros con salida y meta en Arena Teques, en Tequesquitengo, vinculada con la prestigiosa Vuelta a España.
A ello se suma la cartelera “Xochicalco, Tierra de Encuentros”, con actividades culturales, gastronómicas, deportivas y tradicionales.
Está también la presencia y extensión de actividades relacionadas con el Festival Internacional Cervantino, que representa una oportunidad extraordinaria para colocar a Morelos dentro de uno de los escaparates culturales más importantes de México.

Vendrán además Miquixtli, festivales gastronómicos, actividades en Cuautla, encuentros tradicionales, celebraciones decembrinas y el encendido de un enorme Arbol de Navidad.
El gobierno calcula que esta intensa agenda puede atraer a cientos de miles de visitantes y generar una importante derrama económica.
Magnífico.
Que vengan.
Pero hay una pregunta que no puede esconderse detrás de un Arbol de Navidad:
¿A qué Morelos van a llegar?
Porque mientras desde los salones oficiales se promociona el Morelos de Xochicalco, Tequesquitengo, las bicicletas, la gastronomía y la cultura, afuera permanece otro Estado que todos los días aparece en las páginas policiacas.
El de los homicidios.
El de las extorsiones.
El de las desapariciones.
El de carreteras donde muchos ciudadanos todavía sienten miedo.
El de una percepción de inseguridad que golpea a comerciantes, empresarios, familias y también –inevitablemente- al turismo.
No se trata de descalificar la estrategia turística de Margarita González Saravia.
Al contrario: hay que apoyarla.
Sería absurdo desear que fracase una política destinada a atraer visitantes, generar empleos y mover la economía de Morelos.
Pero resultaría igualmente absurdo construir una escenografía donde todo es fiesta mientras la violencia continúa detrás del telón.
Turismo y seguridad no son políticas independientes.
Son inseparables.
Un ciclista que recorra las carreteras morelenses necesita seguridad.
Una familia que visite Xochicalco necesita seguridad.
Quien llegue al Cervantino necesita seguridad.
El turista que pase un fin de semana en Tequesquitengo necesita seguridad.
Y quien venga a Cuernavaca para disfrutar sus jardines, hoteles y restaurantes necesita tener la certeza de que podrá regresar tranquilamente a su casa.
Por eso, junto a la espectacular cartelera turística, faltó escuchar con la misma fuerza otra cartelera: ¡la de la seguridad!
¿Cuántos policías protegerán esos acontecimientos?
¿Qué carreteras tendrán vigilancia especial?
¿Qué coordinación existirá entre Municipios, Estado, Guardia Nacional y autoridades federales?
¿Qué ocurrirá en los corredores turísticos?
¿Y cómo se protegerá a ese cuarto de millón de personas que el propio gobierno espera movilizar?
Porque el éxito no podrá medirse solamente contando visitantes.
Ni bicicletas.
Ni habitaciones ocupadas.
Ni millones de pesos de derrama.
Habrá que medirlo también contando cuántos visitantes regresaron seguros a sus casas.
Que vengan los ciclistas.
Que se llene Xochicalco.
Que el Cervantino traiga cultura.
Que Tequesquitengo reciba visitantes.
Que Cuautla celebre.
Y que el enorme Arbol de Navidad ilumine Cuernavaca.
Morelos merece fiesta, cultura, desarrollo y esperanza.
Pero ninguna iluminación, por espectacular que sea, debe utilizarse para dejar en penumbra el otro rostro del Estado.
Porque la mejor campaña turística de Morelos no será un cartel, una carrera ciclista, un festival ni un Arbol de Navidad.
Será conseguir que quien venga a Morelos quiera volver.
Y, sobre todo, que pueda regresar seguro a su casa.
(Y voy por más).
eusebiogimeno@gmail.com