Columna de Hierro

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CUERNAVACA, MOR.- 09 07 2026.- Si el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional, las Fiscalías y todas las corporaciones de Seguridad del Estado están desplegadas en Morelos y en todo el país, la pregunta es inevitable: ¿por qué el crimen organizado sigue teniendo la capacidad de desafiar a las instituciones y mantener en alerta permanente a la sociedad?

Ésa es la gran interrogante que debería estar en el centro del debate público.

Pero mientras la ciudadanía exige respuestas, la clase política parece atrapada en otra batalla.

Ya comenzó la carrera hacia 2027. Llegaron los pre destapes, las renuncias, los informes de actividades, los recorridos territoriales y las disputas internas por las candidaturas.

Los partidos preparan sus ejércitos electorales.

Pero la sociedad prepara sus propias preguntas.

Porque el ciudadano común no está pensando en la próxima encuesta ni en la próxima candidatura. Está pensando en la seguridad de su familia, en el miedo a la extorsión, en la violencia que aparece en las noticias y en la incertidumbre de no saber si el Estado está ganando la batalla.

Mientras tanto, el debate político se degrada.

La discusión de ideas ha sido sustituida muchas veces por el insulto. La crítica necesaria se convierte en descalificación. La confrontación democrática pierde nivel y se transforma en una guerra de palabras donde todos buscan destruir al adversario, pero pocos explican cómo resolver los problemas que realmente importan.

Y el mayor problema tiene nombre: crimen organizado.

Durante años, los grupos delictivos han demostrado una enorme capacidad de adaptación. Cuando una organización pierde un líder, surgen nuevas células. Cuando una estructura es golpeada, aparecen otras formas de operación.

El desafío no es solamente detener criminales. El desafío es impedir que intenten influir en comunidades, economías, instituciones y procesos políticos.

Por eso la elección de 2027 no puede reducirse a una pelea entre partidos.

La verdadera discusión debe ser cómo blindar las instituciones, cómo fortalecer las policías, cómo cerrar espacios a la corrupción y cómo garantizar que ningún interés criminal pueda imponerse sobre la voluntad ciudadana.

Porque una democracia no solamente se defiende en las urnas.

También se defiende cuando el Estado tiene la capacidad de proteger a su gente.

Morelos necesita menos insultos y más propuestas. Menos confrontación estéril y más resultados. Menos discursos de campaña y más respuestas concretas.

Porque al final, la gran batalla no será entre colores partidistas.

La gran batalla será entre un Estado que busca recuperar plenamente su autoridad y un crimen organizado que intenta desafiarla.

Ese es el verdadero reto de Morelos.

eusebiogimeno@gmail.com