COLUMNA DE HIERRO
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CUERNAVACA, MOR. 18 06 2026.- Hay heridas que no se ven, pero cambian la vida de una sociedad. La más profunda de todas es la pérdida de la confianza.
Morelos, con poco más de dos millones de habitantes entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, enfrenta un problema que va más allá de las cifras oficiales.
En muchas conversaciones cotidianas se escucha la misma sensación: la gente vive con miedo.
Miedo a la violencia que irrumpe en las calles, en los negocios o en las carreteras. Y, quizá aún más profundo, horror ante las desapariciones de personas y el hallazgo de fosas clandestinas, fenómenos que golpean no solo a las familias afectadas, sino a toda la comunidad.

Cuando una sociedad se acostumbra a convivir con esas noticias, el tejido social comienza a desgarrarse.
Después de más de dos décadas de alternancias políticas -doce años de gobiernos del PAN, un sexenio del PRD y ahora administraciones de Morena- muchos ciudadanos sienten que la tranquilidad se ha ido alejando y que la confianza en las instituciones se ha debilitado.
La pregunta inevitable es: ¿cuándo y cómo terminará esta etapa?
La respuesta no es sencilla. No existe una fecha mágica ni un decreto capaz de devolver la paz.
Esto solo puede cambiar cuando se combinen instituciones de seguridad y justicia más eficaces, investigaciones que reduzcan la impunidad, políticas sociales que ofrezcan oportunidades y una ciudadanía que participe activamente en la vigilancia y exigencia de resultados.
La confianza tampoco se recupera de la noche a la mañana. Puede tomar muchos años reconstruirla, porque depende de experiencias repetidas en las que las personas comprueben que las autoridades cumplen con su deber y que la ley se aplica sin privilegios.
Sin embargo, la solución no está únicamente en las manos del gobierno.
El pueblo también tiene responsabilidades. Participar más allá de las elecciones, organizarse en las colonias, respaldar a las escuelas y asociaciones civiles, denunciar los delitos cuando sea posible y exigir transparencia son formas concretas de fortalecer la vida pública.
La democracia no se agota en el voto. Se alimenta de ciudadanos informados, críticos y comprometidos con su comunidad.
Morelos merece volver a ser un lugar donde las familias planeen su futuro sin que el miedo marque cada decisión.
Ese objetivo no se alcanzará solo cambiando de Partido o de gobernante, sino reconstruyendo la confianza entre autoridades y sociedad, fortaleciendo las instituciones y reafirmando el valor de la legalidad.
Porque el miedo puede inmovilizar por un tiempo, pero una comunidad que se organiza, exige cuentas y defiende la dignidad humana, tiene la capacidad de recuperar su esperanza. La gran tarea de nuestro tiempo es que el horror deje de ser costumbre y que la paz vuelva a ser una realidad cotidiana.
eusebiogimeno@gmail.com