La pregunta ya no es si México podrá organizar el Campeonato Mundial de Futbol de 2026. La verdadera interrogante es otra: si el país será capaz de garantizar seguridad a millones de visitantes extranjeros en medio de una de las etapas más complejas de violencia criminal, disputa territorial y desconfianza institucional de las últimas décadas.
Y en ese mapa de riesgos, la misma ÇDMX, Morelos y otros Estados aparecen inevitablemente bajo los reflectores.
La decisión de habilitar en Cuernavaca al Aeropuerto Internacional Mariano Matamoros como terminal aérea alterna y de apoyo logístico para la Copa Mundial coloca a la entidad en un sitio estratégico para la movilidad internacional.
Pero también la coloca frente a una enorme presión política y operativa.
Porque Morelos vive una contradicción delicada: mientras busca convertirse en plataforma auxiliar de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, continúa enfrentando problemas asociados a extorsión, homicidios, robo de vehículos y presencia de células criminales regionales.

La gobernadora Margarita González Saravia ha ocupado recientemente titulares nacionales precisamente por el tema de seguridad, tanto por los operativos federales desplegados en la entidad como por el debate sobre los resultados reales de la estrategia estatal.
El desafío es enorme.
México recibirá millones de turistas, delegaciones deportivas, empresarios, medios internacionales y aficionados provenientes de decenas de países. Y aunque las sedes oficiales estarán concentradas en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la infraestructura complementaria —aeropuertos alternos, hoteles, carreteras y centros de concentración— obligará a blindar corredores completos en varias entidades.
Entre ellas Morelos.
El riesgo existe… y sería irresponsable negarlo
Las autoridades federales saben perfectamente que el peligro no necesariamente estará dentro de los estadios.
Los partidos mundialistas operarán prácticamente bajo esquemas de seguridad militarizada:
vigilancia aérea,
monitoreo en tiempo real, inteligencia internacional, Guardia Nacional, Ejército, Marina,
reconocimiento facial,
centros de comando especializados.
El problema verdadero aparecerá fuera de esas “burbujas FIFA”.
Ahí es donde México enfrenta su prueba más complicada.
Carreteras, terminales, hoteles, zonas turísticas y trayectos regionales representan puntos vulnerables frente a fenómenos como:
secuestro exprés, robo a transporte,extorsión,
narco bloqueos, violencia urbana,
infiltración criminal en servicios turísticos,
ataques aislados de alto impacto.
En Morelos el tema adquiere especial sensibilidad debido a su ubicación geográfica.
La entidad conecta directamente con la capital del país y mantiene rutas estratégicas hacia Guerrero, Puebla y el corredor del centro-sur mexicano.
Además, en meses recientes se han desarrollado operativos federales contra redes criminales vinculadas con extorsión, homicidio y corrupción política en Municipios del oriente del Estado.
La propia operación federal “Enjambre” evidenció hasta qué punto las investigaciones por presuntos nexos entre autoridades locales y estructuras criminales alcanzaron zonas políticamente sensibles de Morelos.
El modelo real será “blindar corredores”
En privado, especialistas en seguridad reconocen que el gobierno federal no busca pacificar completamente al país antes del Mundial.
Eso sería imposible en tan corto plazo.
La estrategia será otra:
crear corredores hiperprotegidos.
Es decir: aeropuertos blindados, autopistas vigiladas, hoteles bajo monitoreo, rutas turísticas aseguradas,
despliegues permanentes,
reacción táctica inmediata.
Brasil hizo algo parecido durante el Mundial de 2014. Sudáfrica también en 2010.
No se elimina toda la violencia nacional; se intenta encapsularla lejos de las zonas mundialistas.
Por eso la administración de Margarita González Saravia ha insistido en reforzar la coordinación con fuerzas federales y ampliar la video vigilancia estatal, incluyendo arcos de seguridad y monitoreo en los Municipios.
Sin embargo, el contraste sigue siendo evidente.
Mientras algunos reportes oficiales hablan de disminución en ciertos delitos de alto impacto, otros indicadores y análisis periodísticos muestran persistencia de violencia regional.
Esa dualidad refleja el principal problema de México rumbo al Mundial: el país intenta proyectar estabilidad internacional mientras todavía enfrenta profundas fracturas internas de seguridad.
El Mundial será también una prueba de Estado.
La Copa Mundial no solamente pondrá a prueba estadios, hoteles o aeropuertos.
Evaluará la capacidad institucional del país.
Y particularmente la capacidad de coordinación entre gobiernos estatales, fuerzas federales y Agencias internacionales.
Porque detrás del espectáculo deportivo habrá algo mucho más delicado: la necesidad de impedir que el crimen organizado convierta el mayor escaparate internacional de México en una vitrina de violencia.
Ese será el verdadero partido que México deberá ganar antes de que ruede el balón.
eusebiogimeno@gmail.com