En la cultura occidental damos por hecho que el lenguaje se corresponde con los objetos del mundo real. Cada sustantivo tiene pertenencia con un objeto y encuentra su correspondencia con unas palabras que lo describen.
Por ejemplo, la palabra «libro» corresponde al que usted tiene en la mano, en la mochila o en su librero.
La interpretación a través del lenguaje es relativa, las palabras nos unen o nos separan.
Hay diferencia con el budismo Zen, que se originó en la India. Un camino dinámico hacia una vida mejor ayuda a lograr la serenidad interior y el crecimiento personal incluso en medio del ajetreo cotidiano.
El Zen está introyectado todo el tiempo y enriquece lo que cada uno hace, orienta hacia la vida interior, además ilumina la verdadera naturaleza. La actividad más sencilla es enfocarse en la respiración y tomar conciencia de la mente y el cuerpo.
El Hinduismo incorporó el Yoga para poner en práctica la filosofía, potenciar la mente y el cuerpo a través de la meditación. Con la práctica se logra desviar la atención hacia un plano superior de conciencia.
Yoga en sánscrito significa unir, juntar, enseña a dirigir la mente hacia un desarrollo superior. Buda enseñó un camino sin importar la clase social. Fue un cambio radical en el sistema de castas de la India. Solo permitían que los miembros de la casta de los religiosos, los Brahmanes, buscaran el conocimiento espiritual. Contempla cuatro nobles verdades.

La primera es que las personas se den cuenta que en la vida existe el sufrimiento.
La segunda, reconocer que las causas del sufrimiento son los propios deseos.
La tercera, la manera de evitar el sufrimiento es renunciar a los deseos. La cuarta, tener una percepción correcta, aspiraciones correctas, aseguran, que si acostumbran a meditar y viven de acuerdo con la ética, la vida será pacífica.
Se trata de adquirir disciplina sin analizar y controlar el pensamiento racional, tan difícil en estos tiempos.
Aprender a meditar no es fácil. Los juicios racionales entorpecen la acción iluminada y espontánea.
Con el tiempo y la disciplina penetra al inconsciente, lo que Carl Jung llamó: «La gran liberación».
Todos tenemos barreras que podemos romper y despertar de la conciencia.
La aritmética binaria se basa en el uno y en el cero, que ha hecho posible la existencia de las computadoras.
Los que laboran frente a una pantalla viven en continuo estado de estrés, se pierde la mirada en los objetos, la comunicación con las personas, observar y además interpretar el lenguaje no verbal, que dice más que las palabras.
No existimos como ser individual, tenemos una conciencia individual, percepciones, sensaciones personales, el concepto que tenemos de nosotros mismos es producto de las experiencias que tenemos y de las experiencias que los otros tienen de nosotros.
El Yo individual es una expresión del verdadero Yo, el verdadero ser, que conforma una unidad con todas las cosas.
De acuerdo con la Psicología Social, el concepto del Yo es el resultado de la interacción con los demás.
Somos parte de los otros y los otros son parte de nosotros, conformamos una unidad indivisible con nuestro entorno social, es la cultura de cada país.
Por estos conceptos en que funciona mejor la educación presencial en los niños y jóvenes que las clases en línea.
El mundo que percibimos es el resultado de nuestros estados perceptivos y la conciencia hace que parezca que en realidad existe.
Cuando recurrimos al inconsciente, cuando aprendemos a conocernos tenemos la oportunidad de estar más en sintonía con la realidad.
Una recomendación para los padres es dejar a sus hijos sin dispositivos, los escucho: “¡estoy aburrido!” están de mal humor, ya no saben qué hacer, que diferencia con los tiempos pasados, el aburrimiento ayudaba a buscar el juego a inventar el juguete. Estar aburrido es escuchar los sonidos, estar en estado de vigilia en relajación, concentrarse en el mundo interior.
La respiración consciente es un ejercicio antiguo que hace que dirijamos la atención a nuestro interior.
Una buena meditación es agradecer a cada órgano de nuestro cuerpo.
A los pulmones: «gracias por el trabajo que llevas a cabo día y noche, eres el master, sin tu labor en unos minutos dejo el plano terrenal».
Al corazón: «percibo tus latidos, gracias a la labor tan importante, bombeas la sangre a todos los órganos, el intestino como está conectado con las emociones», en fin.
Da tristeza ver a los «hijos del Internet», que han perdido el sentido común, la creatividad, entrenarse para pensar, deducir; los han retirado de las artes: la música, la pintura, la danza y de su propio Yo.
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