x.- La dimensión socioeconómica de la pirotecnia mexicana.          

Columna de Hierro 4ª. y última parte

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CUERNAVACA, MOR. 04 08 2026.- Hay una manera de mirar los fuegos artificiales: levantar la cabeza y contemplar el cielo.

Y hay otra mucho menos espectacular, pero quizá más reveladora: mirar hacia abajo y preguntarse cuánto dinero, cuántas familias, cuántos oficios y cuántas comunidades existen detrás de cada explosión de color.

Porque la pirotecnia mexicana no es solamente una tradición.

Es también una economía.

Una economía artesanal, familiar, estacional y extendida por buena parte del territorio nacional.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en información difundida en 2020, la pirotecnia se fabricaba en 28 Estados de la República, beneficiaba directa o indirectamente a más de 200 mil familias y generaba una derrama económica calculada entonces en aproximadamente $15 mil millones de pesos anuales.

El dato permite dimensionar algo que pocas veces vemos cuando contemplamos un castillo iluminando el cielo: detrás del espectáculo existe una cadena económica que comienza en el taller y termina en una plaza, una iglesia, una feria, una fiesta patronal, una celebración cívica o un evento privado.

TULTEPEC: EL CORAZÓN DE LA PÓLVORA

Si México tiene una capital económica y artesanal de la pirotecnia, esa es Tultepec, en el Estado de México.

El Instituto Mexiquense de la Pirotecnia señala que más de 60 municipios mexiquenses tienen presencia de fabricantes, entre ellos Tultepec, Almoloya de Juárez, Amecameca, Axapusco, Ozumba, Texcoco y Zumpango.

En Tultepec, aproximadamente 65 % de la población ha estado vinculada directa o indirectamente con esta actividad, según datos difundidos por el propio instituto.

No se trata únicamente del hombre que fabrica el cohete.

Está quien trabaja el carrizo, quien arma las estructuras, quien decora, quien empaca, quien comercializa, quien transporta bajo las condiciones legales correspondientes, quien instala los espectáculos y quien participa en toda la cadena de servicios que se mueve alrededor de las fiestas.

Por eso, cuando disminuye la venta de pólvora, también resiente la economía de las comunidades productoras.

Y cuando llega la temporada alta, el dinero comienza a circular.

En 2024, por ejemplo, autoridades de Tultepec calcularon una derrama superior a $ 500 millones de pesos durante la temporada fuerte de comercialización en San Pablito y la producción de La Saucera.

El propio gobierno municipal destinó $ 7 millones para reconstruir más de 50 módulos de La Saucera, precisamente porque la actividad pirotécnica constituye uno de los pilares económicos y culturales del municipio.

UN MAPA QUE VA MUCHO MÁS ALLÁ DE TULTEPEC

Pero sería un error pensar que México termina en Tultepec.

La actividad pirotécnica tiene presencia en distintas regiones del país.

Documentos de la Cámara de Diputados han identificado históricamente actividad pirotécnica en entidades como Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Veracruz, Yucatán, Chihuahua, Coahuila, Baja California y Aguascalientes, además del Estado de México.

Y aquí hay una precisión periodística importante: las cifras nacionales no son uniformes entre las distintas fuentes y años.

La SSPC reportó en 2020 fabricación en 28 Estados y una derrama anual cercana a $15 mil millones; una publicación parlamentaria de 2025 habla de 22 Estados y atribuye al Estado de México alrededor de 56% de la producción nacional. Son cifras elaboradas en momentos y con metodologías diferentes, por lo que no conviene sumarlas ni presentarlas como si fueran una misma medición.

Lo que sí permanece claro es la dimensión nacional del fenómeno.

La pólvora mexicana no tiene una sola geografía. Tiene múltiples corredores artesanales y comerciales.

¿QUIÉN COMPRA LOS FUEGOS ARTIFICIALES?

Aquí aparece otro aspecto interesante del negocio.

El principal cliente no necesariamente es el ciudadano que compra un paquete de cohetes.

La gran pirotecnia tiene compradores colectivos.

Están los Ayuntamientos, las Comunidades, los Comités de Fiestas Patronales, las Parroquias, las Ferias regionales, los organizadores de celebraciones cívicas y, en el ámbito privado, empresas, particulares y organizadores de eventos.

En el Estado de México, por ejemplo, el propio Instituto Mexiquense de la Pirotecnia señala que existe comercialización de juguetería pirotécnica en los 125 municipios, mientras que la utilización de artificios forma parte de celebraciones religiosas y cívicas.

Y aquí aparece un dato que explica buena parte de la demanda: la pirotecnia no depende de una sola fiesta.

Tiene varias temporadas: Fiestas patronales, Semana Santa, Fiestas Patrias, Ferias, Navidad, Año Nuevo,

Celebraciones Comunitarias, Eventos particulares y espectáculos especiales.

Por eso el calendario religioso y cívico mexicano también funciona, en buena medida, como calendario comercial de la pólvora.

                                    ¿Y CUÁNTO CUESTA UN TORITO DE LUJO?

Aquí debemos hacer una aclaración porque no existe una tarifa nacional ni una lista oficial de precios.

Un torito puede ser una pieza relativamente sencilla o una estructura artesanal mucho más elaborada, con mayor tamaño, decoración, duración y carga pirotécnica.

Actualmente pueden encontrarse en el mercado productos básicos anunciados alrededor de 600 pesos, pero esa cifra no representa un torito artesanal de lujo, ni una pieza personalizada para una gran celebración.

Para efectos de este reportaje, una estimación periodística razonable para un torito artesanal grande y de alta elaboración puede colocarse aproximadamente en el rango de 3 mil a 10 mil pesos, dependiendo del tamaño, diseño, cantidad de efectos, duración, mano de obra y lugar de fabricación.

En piezas especiales o totalmente personalizadas, la cotización puede ser todavía mayor.

Y esto nos lleva a una conclusión interesante: el precio de un torito no se determina solamente por la pólvora que lleva. Se paga también el trabajo artesanal, la estructura, el diseño, la decoración, el tiempo, la experiencia del fabricante, la logística, y cuando se trata de un espectáculo formal, las condiciones de seguridad y los permisos correspondientes.

                                 UNA ECONOMÍA QUE TAMBIÉN SE DERRAMA

La palabra derrama económica adquiere aquí todo su sentido.

Cuando llega una Feria Pirotécnica no solamente gana el fabricante, también se mueve el transporte.

la comida, los vendedores ambulantes, los hoteles, los estacionamientos, los comercios, los músicos,

los organizadores, los trabajadores eventuales.

Y en municipios cuya identidad está profundamente ligada a la pólvora, incluso el turismo.

Tultepec lo sabe perfectamente.

Su Feria Internacional de la Pirotecnia atrae visitantes y convierte durante varios días al municipio en escaparate de una actividad que, además de económica, es cultural.

Por eso la discusión sobre la pirotecnia no puede reducirse a una pregunta sencilla: ¿prohibir o permitir?

El problema es mucho más complejo.

¿Cómo proteger una tradición que da sustento a cientos de miles de familias?

¿Cómo garantizar que quienes viven de ella trabajen con seguridad?

¿Cómo impedir que el mercado clandestino compita con quienes cumplen la ley?

¿Cómo evitar que una actividad artesanal termine convertida en una tragedia?

Y, sobre todo: ¿Cómo hacer que la pólvora que ilumina el cielo no termine incendiando la vida de quienes la fabrican?

                                        EL OTRO LADO DEL NEGOCIO

La propia autoridad federal reconoce que se trata de una actividad que requiere regulación estricta.

La Secretaría de la Defensa Nacional mantiene actualmente trámites específicos para fabricación, almacenamiento, venta, transporte y consumo de artificios pirotécnicos. Incluso existen permisos diferenciados para actividades de fabricación y para compra, almacenamiento, venta y consumo.

Eso significa que existe una frontera perfectamente identificable entre la actividad legal y aquella que opera fuera de los controles establecidos.

Y ahí está quizá uno de los grandes desafíos de la pirotecnia mexicana: no matar la economía de la pólvora; pero tampoco permitir que la economía esté por encima de la vida.

Porque detrás de cada castillo hay familias.

Detrás de cada torito hay artesanos.

Detrás de cada feria hay comerciantes.

Detrás de cada explosión de colores existe una cadena productiva.

Pero también detrás de cada accidente hay una pregunta que nadie puede esquivar: ¿qué falló?

                                 EL NEGOCIO QUE ILUMINA A MÉXICO

Durante cuatro entregas hemos recorrido el mundo de los juegos de artificio.Hemos entrado a su historia.

A sus secretos. A sus colores. A sus formas. A sus castillos. A sus toritos. A sus artesanos y ahora llegamos al lugar donde termina todo espectáculo: el dinero.

Porque la pólvora mexicana no solamente sube al cielo. También baja a los bolsillos de miles de familias. Es empleo, es comercio, es tradición, es turismo, es identidad, es economía regional.

Pero es también una actividad que exige conocimiento, disciplina y respeto absoluto por el fuego.

Tal vez esa sea la verdadera lección de esta serie.

El espectáculo dura unos minutos.

El trabajo que lo hace posible puede durar semanas o meses. Y la tradición lleva siglos.

Por eso, cuando volvamos a mirar un castillo explotar sobre la plaza de un pueblo, quizá ya no veremos solamente luces.

Veremos las manos de quienes lo construyeron. Veremos a las familias que viven de él. Veremos una parte de la economía mexicana elevándose hacia el cielo.

Y entenderemos que detrás de cada trueno existe una historia humana.

La pólvora puede iluminar una fiesta.

Pero cuando falla la prevención… puede apagar una o muchas vidas.

eusebiogimeno@gmail.com