x.- Si EU tiene enorme poder, ¿por qué no logra contener el consumo del Fentanilo y demás drogas en su país?
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Columna de Hierro. 2a.de varias
CUERNAVACA, MOR. 25 08 2026.- Estados Unidos tiene una maquinaria antidrogas gigantesca: la Administración para el Control de Drogas (DEA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI), el Departamento de Justicia (DOJ), Aduanas y Protección Fronteriza, Investigaciones de Seguridad Nacional, Inteligencia Financiera, Fiscales Federales y otras Agencias.
Entonces viene la pregunta incómoda:
¿Por qué, con todo ese poder, no ha podido contener el desastre del Fentanilo y otras drogas dentro de su propio territorio?
Y todavía hay otra pregunta:
¿Por qué la presión de Washington sobre México suele ser mucho más estridente que la que ejerce públicamente sobre otros países cuyos ciudadanos, empresas o redes criminales aparecen en investigaciones estadounidenses relacionadas con drogas, precursores químicos, lavado de dinero o crimen organizado?

Porque en nuestros expedientes aparecen China, Japón, Italia y otros países.
Aparecen redes chinas vinculadas al lavado de dinero y al suministro de precursores; aparece la Yakuza japonesa; aparecen familias de la mafia italiana como Gambino y Bonanno y organizaciones como la «Ndrangheta».
Y aparecen, por supuesto, los Cárteles mexicanos.
Pero aquí hay una diferencia que merece ser investigada: Washington no trata diplomática y políticamente a todos esos países de la misma manera.
No significa que Estados Unidos no persiga criminales chinos, japoneses o italianos. Sí lo hace. El propio Departamento de Justicia ha llevado casos contra individuos y organizaciones de esas nacionalidades.
La pregunta es otra:
¿Por qué México ocupa un lugar tan central en el discurso político estadounidense sobre las drogas?
¿Y por qué no escuchamos con la misma frecuencia amenazas de intervención militar, invasión o acciones extraordinarias contra otros países cuando redes criminales originadas o asentadas allí aparecen en expedientes estadounidenses?
Aquí conviene mirar los nombres.
Brahmananda Prasad, de Queens, fue condenado a 275 meses de prisión por una conspiración nacional de Cocaína. Según el Departamento de Justicia, compraba Cocaína al mayoreo y la distribuía posteriormente en distintos lugares de Estados Unidos.
No era productor latinoamericano.
Era un comprador y distribuidor dentro del mercado estadounidense.
Y aparece el dinero:
Jianfei Lu, ciudadano chino, fue condenado en 2026 a 15 años de prisión por su participación en una organización de lavado que, según la DEA, movió más de 92 millones de dólares provenientes del narcotráfico.
En Nueva York aparecen además integrantes y asociados de Gambino, Bonanno y la «Ndrangheta» en investigaciones federales relacionadas con crimen organizado y narcotráfico.
Y desde Japón aparece Takeshi Ebisawa, identificado por las autoridades estadounidenses como dirigente de la Yakuza, quien se declaró culpable de cargos relacionados con narcotráfico internacional y armas.
Entonces el mapa cambia.
Ya no estamos hablando solamente de México → droga → Estados Unidos.
Estamos hablando de:
China → precursores y dinero.
Japón → redes criminales internacionales.
Italia → organizaciones mafiosas.
Colombia y otros países latinoamericanos → producción y tráfico.
México → producción, tráfico y distribución.
Estados Unidos → consumidores, compradores, mayoristas, distribuidores, lavadores y gigantesco mercado final.
Y aquí está la pregunta que, para mí, debe cerrar esta segunda entrega:
Si Washington conoce a los productores, persigue a los transportistas, identifica a los lavadores y tiene una maquinaria federal de dimensiones extraordinarias, ¿por qué el Fentanilo sigue llegando a las calles estadounidenses?
¿Es solamente un problema mexicano?
¿O estamos frente a un mercado internacional cuya demanda estadounidense es precisamente el motor que mantiene funcionando toda la cadena?
Y si es un mercado internacional, entonces hay otra pregunta que no podemos esquivar:
¿Por qué la vara diplomática no parece medir a todos los países con el mismo rasero.
No estamos diciendo que Washington sea responsable del narcotráfico.
Estamos preguntando algo mucho más sencillo:
¿Quién vende, quién compra, quién distribuye, quién lava y quién consume?
Porque para entender el negocio hay que mirar los dos lados de la frontera.
Y quizá entonces descubramos que el gran secreto del narcotráfico no está solamente en quién mete la droga a Estados Unidos.
Está en quién la espera cuando llega.
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(Notas y fuentes documentales.
Las afirmaciones sobre personas, organizaciones y procesos judiciales deberán acompañarse en la versión final con el expediente específico del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), la DEA o el Tribunal Federal correspondiente.
La situación de cada individuo se señalará expresamente como acusado, declarado culpable o condenado, según corresponda).
eusebiogimeno@gmail.com