Por: Rosa Chávez Cárdenas

Casi todos sabemos que el presidente Trump es persona tóxica para nuestro país. El tono de confrontación no cambia, casi todos los días muy temprano lanza misiles por el Twitter, contra los mexicanos, los migrantes y los chinos, señalados como chivos expiatorios. Cuando los líderes demagogos no tienen autoridad hablan desde su pasión, utilizan el poder del cargo: el castigo, el temor, la manipulación, el chantaje.

A partir la campaña Trump puso a México como el tiro al blanco de sus ataques; construir el muro en la frontera ha sido su obsesión y no lo ha logrado como el quisiera, pero tampoco ha desistido.

Ya está de nuevo en campaña para reelegirse, tiene fanáticos que le aplauden sus incoherencias y a falta de buenos argumentos ofrece defender su país, mejorar la economía y que no les vendan drogas a sus inocentes adictos.

Obliga a que regresen las empresas que buscando menores costos de mano de obra se asentaron en otros países pero lo que no entiende es que muchos empleos se han perdido por la automatización de las empresas.

Ahora el plan es imponer aranceles progresivos a las exportaciones mexicanas. Iniciar con el 5 para llegar al 25 por ciento, con la intención de que el gobierno de México pare la migración ilegal.

Los consumidores de EU se benefician con lo barato de los productos y alimentos que les exportamos por la ventaja en costo de la mano de obra en nuestro país. Mientras tanto México se afecta con la incertidumbre, no hay confianza para las inversiones, el temor de la recesión eleva la temperatura.

Nuestra economía está estancada, el avión no despega desde que nuestro populista presidente suspendió el aeropuerto. Trump declara la guerra, amedrenta las inversiones y el presidente López Obrador saca su banderita de paz, responde con otro mensaje. “El gobierno de México es amigo del gobierno de EUA. El presidente de México quiere seguir siendo amigo del presidente Trump. Los mexicanos somos amigos del pueblo estadounidense. A ellos les digo: Juremos que nada ni nadie separe nuestra bonita y sagrada amistad”. Cuando el ex presidente Peña Nieto recibió en campaña a Trump, las criticas fueron durísimas.

¿De donde se le ocurre a López Obrador decir que el güero es su amigo y que tenemos una bonita y sagrada amistad? Resistencia pasiva es la técnica del presidente López Obrador. Más que pacifista utiliza el mecanismo de negación, el “aquí no pasa nada” como dice la cultura popular: “si no puedes con el enemigo únete a él, ¡déjaselo a Dios!”

La resistencia pasiva tiene fundamentos religiosos, en el proceso de liberación de la India utilizaron métodos de lucha no violenta: huelgas, el boicot, manifestaciones y los sabotajes. Lo hemos visto en su larga carrera a la Presidencia: huelgas, manifestaciones, el boicot en Tabasco contra la CFE, para no pagar el servicio.

No se vale que el presidente haga estas acepciones solo por ser su tierra natal, y ahora por capricho inicia la construcción de la refinería de Dos Bocas a pesar de los estudios que le han presentado los especialistas, quienes advierten que el costo-beneficio no es conveniente. Las largas filas de personas solicitando trabajo muestran la falta de empleo. Con cada ocurrencia vemos los efectos en la Bolsa de Valores y en la paridad del peso. Por fin los Republicanos no apoyaron a Trump con lo de los aranceles, faltan más contrapesos en EU y en nuestro país.

No olvidemos que cuando hablamos de poder, se supone que lo tiene el líder político, pero hay un poder que rebasa al militar y al económico y ese es el poder de la presión social. Unidos podemos ser el contrapeso a tanta incongruencia. Los líderes están locos…..primero fue la globalización y ahora quieren cotos de poder.

rosamchavez@hotmail.com