OCUITUCO, MOR. 12 07 2026.- Durante muchos años, para miles de jóvenes de los Altos de Morelos terminar la Preparatoria significaba llegar al final del camino como estudiantes. No porque faltaran inteligencia, ganas de superarse o vocación, sino porque la Universidad simplemente estaba demasiado lejos.
Quien nacía en Ocuituco, Tetela del Volcán, Hueyapan, Zacualpan, Temoac o buena parte de Yecapixtla tenía pocas opciones: emigrar, recorrer largas distancias todos los días o, sencillamente, abandonar el sueño de obtener un título profesional. La educación superior era un privilegio geográfico más que un derecho.
Por eso, la creación de la Universidad Intercultural de los Altos de Morelos merece analizarse con serenidad y sin los lentes de la confrontación política. No es momento de repartir aplausos ni descalificaciones anticipadas. Es momento de entender lo que representa para una región que durante décadas permaneció fuera del mapa universitario.

Lo primero que llama la atención es que no se trata de una universidad convencional. Su modelo educativo busca responder a la realidad económica, social y cultural de la región. Las primeras carreras estarán orientadas al Turismo Comunitario Sostenible y a la Ingeniería en Procesos Productivos Sustentables, dos áreas estrechamente vinculadas con las vocaciones productivas de los Altos de Morelos.
La cifra habla por sí sola. Cada año egresan alrededor de 900 estudiantes de bachillerato en esa zona y existe una población potencial superior a 40 mil personas que concluyeron la educación media superior y que, por diversas razones, no han podido ingresar a una universidad. Detrás de esos números hay historias de esfuerzo, familias que no pudieron pagar una renta en otra ciudad y jóvenes que cambiaron los libros por el trabajo antes de tiempo.
Si el proyecto cumple sus objetivos, cientos de estudiantes podrán permanecer cerca de sus comunidades, reducir gastos de transporte y alojamiento y construir un futuro sin verse obligados a abandonar sus raíces. Esa es, quizá, la mayor aportación de esta universidad: acercar las oportunidades a quienes siempre tuvieron que ir a buscarlas lejos.
Claro que el entusiasmo debe ir acompañado de vigilancia ciudadana. Las obras públicas suelen anunciarse con facilidad; lo verdaderamente difícil es terminarlas, equiparlas, contratar buenos docentes y mantener la calidad académica. La sociedad tendrá que exigir que este proyecto no quede atrapado entre la burocracia, los cambios de gobierno o las tentaciones políticas.
Reconocer una buena idea no significa renunciar a la crítica. Al contrario. Significa asumir que los ciudadanos tenemos la obligación de exigir que las promesas se conviertan en realidades.
Morelos necesita carreteras, hospitales y seguridad. Pero también necesita sembrar futuro. Y pocas inversiones rinden tanto como una universidad que abre sus puertas en una región donde, hasta ayer, estudiar una carrera era un privilegio reservado para quienes podían marcharse.
Si esta universidad cumple lo que promete, no sólo se habrán construido aulas. Se habrá empezado a saldar una deuda histórica con los Altos de Morelos. Y esas son las noticias que vale la pena contar.
eusebiogimeno@gmail.com