Por: Rosa Chávez Cárdenas

La pandemia de Covid19 nos mantiene en incertidumbre, los costos emocionales y económicos son incalculables.

El miedo que difunde la OMS que ha perdido credibilidad, las teorías de conspiración que se difunden en las redes sociales y los medios de comunicación contribuyen a la psicosis social.

Es un hecho, el dolor hace acto de presencia en las familias que han perdido a sus familiares; el dolor los debilita, el temor los sigue acompañando.

La actitud que las personas toman ante los males demuestra su dignidad y la manera de enfrentar las pérdidas. Opuestos como el optimismo y el pesimismo son contagiosos.

El dolor de la pérdida y la enfermedad requieren de mucha fortaleza, las emociones y los sentimientos que envuelven al proceso disminuyen la energía vital, además de causar tensión, ansiedad, miedo.

El dolor de la pérdida permite conocernos, pues a través del proceso de duelo nos adentramos en la propia intimidad y el sufrimiento, por lo inevitable, se convierte en un logro.

La adaptación a la nueva realidad requiere de fortaleza, voluntad para enfrentar las pérdidas, algunas tan dolorosas como la pérdida de seres queridos, familiares y también las económicas.

La voluntad es la capacidad de posponer la recompensa y la gratificación momentánea, la persona con voluntad tiene visión al futuro y prepara objetivos para llevarlos a cabo. La voluntad requiere de varios factores que tienen que ver con el temperamento, lo aprendido en la familia y la autoestima, además de actitudes como: decisión, determinación y disciplina.

Los que padecen trastornos del estado de ánimo como depresión causada por la pandemia, el temor al contagio y la pérdida de trabajo, se recomienda, soltar lo complejo para practicar lo simple, “tocar tierra”, caminar sin zapatos, abrazar un árbol, practicar ejercicio, salir a caminar, darse un baño de pueblo, observar su entorno como un turista, sentir la naturaleza, despertar los sentidos: escuchar, sentir, observar, tocar.

Otros se ufanan al decir que en los meses de confinamiento no han salido de su casa, pero, el encierro también tiene efectos, los vuelve temerosos, obsesivos.

La voluntad también se pierde en los que están atrapados en adicciones; por más que un adicto se esfuerza, no logra cumplir sus metas, es más grande el deseo de la sustancia, atrapado en la gratificación de forma inmediata. Los que lo rodean, esperan, confían, reclaman.

La voluntad se intensifica con los logros, esas pequeñas acciones cotidianas como dejar malos hábitos, bajar de peso, avanzar en proyectos, ahorrar, cumplir con las deudas, en fin. La diferencia con querer y solo desear radica en el deseo, la decisión y la disciplina.

Tener voluntad es consecuencia de un trabajo personal en base al esfuerzo, nadar contra corriente, soltar los apegos de personas con las que se vive en conflicto, cambiar de trabajo y renunciar a lo que no se puede lograr para buscar otro objetivo.

La persona con voluntad, logra lo que se propone, tiene voluntad de determinación, analiza, define la ruta y la meta a la que quiere llegar.

Uno de los indicadores de la madurez es tener voluntad, sentido de adaptación, de pertenencia, fortaleza y entrenamiento para poner límites a sí mismo y a los otros.

La persona inmadura se caracteriza por la falta de voluntad, de adaptación, por la carencia de introspección, el ego que no le permite escuchar, ni pedir orientación, no aprende de los errores, actúa por impulso y se rinde antes de llegar a la meta.

Pasado el impacto de las pérdidas: de trabajo, de un negocio, una empresa, no queda de otra que recuperarse, planear, soñar, consultar con expertos y buscar apoyos económicos para continuar.

Otros esperan que alguien los rescate, pero el orgullo no les permite pedir ayuda y se complican la vida; el que busca encuentra, “el que no habla Dios no lo escucha” dice la sabiduría popular.

No queda de otra más que adaptarnos, en la nueva realidad, planear objetivos en términos de acciones de lo que quieren lograr. La raíz del sufrimiento está en resistirnos al cambio, una ley de la física es que todo cambia, nada permanece. Como dijo James Low: “La vida es simple cuando aceptas que es complicada. La vida es complicada cuando crees que debería ser simple”.

rosamchavez@hotmail.com