x.- Ocotepec: entre el deslinde del Alcalde y los documentos que deben aparecer.

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Columna de Hierro 3ª. Parte

CUERNAVACA MOR. 03 08 2026.- Hay explosiones que terminan cuando se apaga el humo. Y hay otras que apenas comienzan.

La explosión ocurrida en Ocotepec, en Cuernavaca, que dejó una persona muerta y dos heridas, pertenece a la segunda categoría.

Porque después del estruendo viene la pregunta que nadie puede apagar:

¿Quién vigilaba aquel establecimiento?

El alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui, se deslindó de cualquier responsabilidad municipal y sostuvo que el Ayuntamiento no tiene injerencia en la producción de cohetes, ni siquiera en materia de Protección Civil.

Aquí es donde la historia se pone interesante.

Porque una cosa es decir que SEDENA es la autoridad federal que otorga los permisos para fabricar y manejar artificios pirotécnicos.

Y eso es cierto.

Pero otra muy distinta es afirmar que el Ayuntamiento carece absolutamente de participación en la seguridad y ubicación de esos establecimientos.

Eso requiere una explicación documental.

La propia SEDENA establece, entre los requisitos para determinados permisos de fabricación de artificios pirotécnicos, la presentación de una conformidad respecto de la seguridad y ubicación de las instalaciones expedida por la primera autoridad del lugar, además de los dictámenes técnicos correspondientes de Protección Civil.

Entonces la pregunta no es si José Luis Urióstegui fabrica cohetes. Por supuesto que no.

La pregunta es otra:

¿Existe o no existe documentación municipal relacionada con el establecimiento de Ocotepec donde ocurrió la explosión?

Si existe, queremos verla.

Si no existe, queremos saber por qué.

Porque después de una tragedia de esta naturaleza no basta con un deslinde político.

Hacen falta documentos.

¿Quién otorgó la conformidad?

¿En qué fecha?

¿Para qué domicilio?

¿Bajo qué condiciones?

¿Había dictamen de Protección Civil?

¿Había permiso vigente de SEDENA?

¿El establecimiento correspondía físicamente con el lugar autorizado?

¿Había sido inspeccionado?

¿Quién lo inspeccionó?

¿Y qué encontró?

No estamos acusando al Alcalde de nada. Estamos preguntando. Y esa diferencia es fundamental.

La investigación periodística no necesita fabricar culpables. Necesita encontrar responsabilidades.

EL AYUNTAMIENTO NO FABRICA LA PÓLVORA

Aquí conviene poner las cosas en su sitio.

La fabricación y manejo de artificios pirotécnicos están sujetos al control federal, pero eso no convierte al Municipio en un convidado de piedra.

El Municipio forma parte de la estructura local de prevención, seguridad y Protección Civil.

Y si la propia autoridad federal requiere documentación de la autoridad local para determinados permisos, entonces existe una conexión administrativa que nadie puede borrar con una declaración ante los medios.

SEDENA controla el permiso federal.

El Municipio interviene en el ámbito local que la propia regulación le asigna y Protección Civil no puede convertirse en una palabra decorativa cada vez que ocurre una desgracia.

Porque Protección Civil existe precisamente para prevenir que los riesgos conocidos terminen convertidos en tragedias.

EL CASO OCOTEPEC ES SOLAMENTE EL PRINCIPIO.

Aquí está lo verdaderamente importante. No queremos quedarnos en la explosión.

Queremos saber cuántos establecimientos pirotécnicos existen en Cuernavaca y en los otros 35 municipios de Morelos.

¿Cuántos fabrican?

¿Cuántos almacenan?

¿Cuántos venden?

¿Cuántos tienen permisos federales?

¿Cuántos cuentan con dictámenes de Protección Civil?

¿Cuántos tienen autorización o conformidad municipal?

¿Cuántos han sido inspeccionados?

¿Cuántos han sido clausurados?

¿Cuántos accidentes se han registrado?

Y una pregunta que nadie ha podido contestar todavía:

¿Cuántos funcionan clandestinamente?

Porque Morelos no es solamente Cuernavaca.

La pólvora también tiene territorio en el Oriente del Estado.

Tenemos que escudriñar Temoac, Huazulco, Axochiapan, Jantetelco, Jonacatepec, Tepalcingo y cualquier otro Municipio o localidad que aparezca en los registros oficiales.

Y aquí hacemos una precisión: Huazulco no es municipio; es una localidad de Temoac.

Pero precisamente por eso nuestra investigación debe llegar hasta las localidades.

Porque el mapa administrativo no siempre coincide con el mapa real de la producción.

PREGUNTA QUE PUEDE SACUDIR A LOS 36 AYUNTAMIENTOS.

Quiero plantear una pregunta sencilla a los Presidentes Municipales de Morelos: ¿Cuántos establecimientos pirotécnicos existen en su Municipio y cuántos están legalmente autorizados?

No queremos discursos.

Queremos cifras.

Queremos nombres de establecimientos.

Queremos domicilios.

Queremos permisos.

Queremos fechas de inspección.

Queremos dictámenes.

Queremos clausuras.

Queremos saber qué ocurrió cuando se encontró una irregularidad.

Porque si un taller clandestino funciona durante meses o años en una comunidad, alguien tiene que responder una pregunta elemental:

¿Quién no lo vio?

Y si las autoridades sabían que existía: ¿Qué hicieron?

No adelantemos la respuesta.

Puede ser falta de inspectores.

Puede ser falta de recursos.

Puede ser descoordinación.

Puede ser informalidad.

Puede ser negligencia.

Puede ser tolerancia.

Y, en algunos casos, podría existir corrupción. Pero eso se prueba; no se presume.

La Columna de Hierro no necesita acusaciones gratuitas. Necesita expedientes.

EL MAPA DE LA PÓLVORA

Y aquí comienza nuestra cuarta entrega.

Vamos a buscar los 36 municipios.

Vamos a buscar los permisos de SEDENA.

Vamos a buscar los registros municipales.

Vamos a buscar Protección Civil.

Vamos a cruzar los datos con accidentes, clausuras y establecimientos conocidos.

Porque detrás del cohete que vemos subir al cielo existe una cadena.

Alguien fabrica.

Alguien almacena.

Alguien transporta.

Alguien vende.

Alguien autoriza.

Alguien inspecciona.

Y finalmente…alguien enciende.

La pregunta es qué ocurre cuando uno de esos eslabones desaparece.

Porque una cosa es la pólvora convertida en arte, y otra muy distinta es la pólvora convertida en tragedia.

Y EL ALCALDE TIENE DERECHO A DESLINDARSE.

Sí, pero los ciudadanos también tienen derecho a preguntar.

José Luis Urióstegui puede decir: “No es competencia del Ayuntamiento fabricar cohetes.”

De acuerdo. Pero nadie le está preguntando eso. Le estamos preguntando:

¿Qué documentación municipal existe respecto del establecimiento de Ocotepec?

¿Qué hizo Protección Civil municipal?

¿Hubo inspecciones?

¿Existió una conformidad de seguridad y ubicación?

¿Qué autoridad municipal la expidió? Y si no existe: ¿Por qué no existe?

Ahí está el verdadero debate.

No en la pólvora. En los papeles. Porque los cohetes pueden desaparecer en segundos. Los documentos no, y cuando una tragedia ocurre, esos documentos son los que permiten reconstruir la historia.

LA PÓLVORA HABLA.

Ocotepec ya habló con una explosión.

Ahora corresponde que hablen las autoridades.

Que hablen los expedientes.

Que hablen los permisos.

Que hable Protección Civil.

Que hable SEDENA.

Y que hablen los 36 Ayuntamientos de Morelos.

Porque si existe una industria que fabrica explosivos lúdicos dentro de nuestros pueblos y ciudades, la sociedad tiene derecho a saber dónde están, quién los vigila y bajo qué condiciones trabajan.

No se trata de acabar con una tradición.

Se trata de impedir que una tradición termine convertida en funeral.

Porque cuando el cielo se ilumina con pólvora, todos miramos hacia arriba.

Pero después de Ocotepec, quizá llegó el momento de mirar hacia abajo.

Hacia el taller. Hacia el almacén. Hacia el expediente. Hacia la autoridad.

Y preguntar, sin miedo y sin rodeos: ¿QUIÉN VIGILA LA PÓLVORA EN MORELOS?

eusebiogimeno@gmail.com