La muerte del secretario de gobierno, Juan Salgado Brito dejó un hueco en la política morelense. Y también dejó un vacío de poder.
Un vacío que hoy nadie ha podido llenar.
Porque en Morelos, el problema ya no es solo la inseguridad, ni la economía, ni las encuestas.
El problema es más profundo: es la falta de control político del Estado.
Y ese vacío ya está pasando factura.
Ni la experiencia de Javier García Chávez, jefe de la Oficina de la Gubernatura —operador político de largo colmillo—, ni el perfil jurídico del secretario de Gobierno, Omar Maldonado Ceballos, han logrado construir un mando claro.
Y cuando no hay mando… hay desorden.
Los números no dejan lugar a dudas.
Consulta Mitofsky reporta que la aprobación promedio de los gobernadores en México es de 49.8%. Pero Morelos está por debajo.
Demoscopía Digital coloca al gobierno estatal en apenas 43.3% de aprobación.
El contraste es brutal:
Julio Menchaca, en Hidalgo: 70.6%
Manolo Jiménez, en Coahuila: 69.1%
Mauricio Kuri, en Querétaro: 68.7%
Tere Jiménez, en Aguascalientes: 66.2%
Más de 20 puntos de distancia.
Esto no es percepción.
Es rezago.
Porque cuando falla el control político, todo se descompone.
No hay coordinación con Municipios.
No hay estrategia uniforme de Seguridad.
No hay conducción económica clara.
Hay, en cambio, fragmentación.
Y la ciudadanía lo percibe con claridad: un gobierno que no termina de tomar el mando.
La violencia no cede.
Y peor aún: no hay sensación de control.
La economía tampoco responde.
Sin inversión, sin proyectos detonadores, sin rumbo definido.
El resultado es simple: desgaste.
Porque la gente no mide discursos.
Mide resultados.
El problema viene de atrás.
El gobierno de Cuauhtémoc Blanco dejó conflicto, confrontación y debilitamiento institucional.
Pero eso ya no alcanza como explicación.
Hoy el problema está presente.
Es conducción.
Las cifras también dicen algo más: sí se puede revertir.
Consulta Mitofsky muestra que un gobierno puede subir entre 5 y 10 puntos en 12 a 18 meses.
Pero solo si corrige el fondo.
Y aquí el fondo es uno solo: el vacío de poder.
Sin reconstruir el control político, no habrá mejora en seguridad.
Sin control, no habrá confianza económica.
Y sin resultados, no habrá recuperación en encuestas.
Porque en política hay una línea muy clara:
cuando nadie manda… todos pagan.
Y hoy, en Morelos, ese vacío tiene nombre y tiene responsables.
La gobernadora Margarita González Sarabia no puede seguir administrando la agenda pública como si el problema fuera de imagen.
Tiene que asumir personalmente el control político del Estado, dejar el corte de listones y las inauguraciones a otras figuras, y tomar el timón de una nave que ya no avanza: empieza a dar bandazos.
Ahí están los hechos: conflicto universitario, tensión social, amenaza de paro transportista.
Señales de un Estado que no está siendo conducido.
Porque cuando el poder no se ejerce……el desorden ocupa su lugar.
Y en Morelos, ese desorden ya dejó de ser advertencia.
Empieza a convertirse en crisis.
eusebiogimeno@gmail.com