Silvia Molina es una escritora de amplios horizontes que ha abarcado distintos géneros con gran facilidad; destaca dentro de sus múltiples facetas por ser autora de libros dirigidos para niños y jóvenes, sin embargo, reconoce que fue una circunstancia lo que la llevó a ese terreno.

      “Comencé a escribir para adultos; estaba al frente de una editorial, pero no mucha gente quería escribir para niños, de hecho nadie de mis amigos escritores quería porque en esa época no se veía como algo serio, no era algo que diera prestigio”.

      A pesar de que intentó convencer a sus colegas de que los derechos de los libros infantiles eran los más vendidos en las ferias —incluyendo las traducciones—, nadie le tomó la palabra, “así que empecé a escribir para no perder coediciones; todo empezó por una anécdota familiar”.

      Molina narra que a su esposo le robaron una cachorra que había dejado en el coche mientras compraba comida para sus perros, “yo vi a mis hijas y a mi esposo tan desolados que se me ocurrió escribirles un cuento», ese cuento es El misterioso caso de la perra extraviada (1997).

      Ahí se dio cuenta que era todo un reto escribir para niños, “porque los tienes que emocionar, debes contar las cosas de manera que se pregunten qué es lo siguiente que pasará”. A partir de esa experiencia decidió continuar escribiendo para ese público tan específico, “es más difícil que escribir para adultos; pero te da mucha satisfacción”.

      De acuerdo con Molina, la diferencia entre escribir para adultos o niños es que “cuando escribes para adultos no sabes a quién le escribes porque no dices: voy a escribir para gente de 40 a 60 años; voy a escribir dirigido a ingenieros o enfermeras”, para ella el planteamiento más realista es: “voy a contar una historia y a ver quién la lee”.

El miedo a la página en blanco

La autora explica que, “cuando escribes para niños, sí tienes que decir: esta historia es para niños de 7 a 9 años; porque a esa edad no tienen un vocabulario amplio, te tienes que ir acotando a sus problemáticas y gustos”.

      Si un escritor carece de tacto en su vocabulario cuando escribe para niños, “perderá a sus lectores, los aburrirán”, por eso “es muy difícil escribir para niños; siempre hay que contemplar a quién estás dirigiendo el cuento o la novela”. Para María Molina, la literatura “se trata más de borrar que de escribir”, por eso opina que la falta de costumbre no es una desventaja, sino una ventaja pues “todavía no existe ese miedo a la página en blanco”.

      En su experiencia ofreciendo numerosos talleres de creación literaria ha podido notar que el principal problema “es darse cuenta que la escritura es un oficio y tiene reglas”; las personas siempre tienen algo que decir o escribir, “pero todavía no saben cómo decirlo, esa es la problemática”. 

      Asegura que cualquier material que alguien pueda generar tiene su propio valor, “hay mucha gente que escribe memorias, muchas mujeres que escriben cosas que ahí tienen y no se atreven a dejarlas; todo es valioso, hay que recuperar lo más que se pueda; se trata de enseñar a la gente cuál es el oficio del escritor”.

FUENTE ; NOTIMEX, CANDELERO 25-02-2020