«Epígrafe»:  Cuando se habla de delincuencia en México solemos pensar en los Cárteles, secuestros o extorsiones.

Sin embargo, el fenómeno es mucho más antiguo.

De hecho, puede afirmarse, sin exagerar, que la delincuencia en México es más antigua que la propia República.

Existía antes de la Independencia, antes del Virreinato e incluso antes de la llegada de los españoles.

Lo que ha cambiado no es su existencia, sino sus formas: de los ladrones de los mercados mexicas a los asaltantes de diligencias; de los bandoleros rurales a las organizaciones criminales del siglo XXI.

LOS DELITOS EN EL MUNDO PREHISPÁNICO

Contrario a la idea de que las sociedades prehispánicas vivían en una armonía absoluta, los pueblos indígenas enfrentaban problemas de robo, fraude, corrupción y violencia.

Los mexicas desarrollaron uno de los sistemas legales más estrictos de América. Existían Jueces, Tribunales y funcionarios encargados de vigilar el cumplimiento de las leyes.

Se castigaba severamente el robo en los mercados, el asalto en caminos, el fraude comercial, la corrupción de funcionarios, el adulterio y el homicidio. Dependiendo de la gravedad, las sanciones podían incluir la pérdida de bienes, la esclavitud e incluso la pena de muerte.

El orden social era considerado indispensable para la supervivencia del Estado mexica.

LOS MERCADOS Y CAMINOS BAJO VIGILANCIA

Los grandes mercados, especialmente el de Tlatelolco, contaban con inspectores y autoridades que supervisaban las transacciones comerciales.

Los comerciantes o pochtecas constituían una clase estratégica porque transportaban mercancías e información entre regiones distantes del imperio. Por ello gozaban de protección especial.

Incluso los cronistas españoles quedaron sorprendidos por el orden que observaron en las ciudades indígenas y por la severidad de las leyes contra quienes atentaban contra la propiedad o la seguridad de los viajeros.

LA CONQUISTA Y LOS PRIMEROS BANDIDOS

La caída de Tenochtitlan en 1521 transformó profundamente las estructuras políticas y jurídicas del territorio.

Durante el Virreinato comenzaron a proliferar los llamados salteadores de caminos, que atacaban viajeros, comerciantes y cargamentos de plata.

Las extensas rutas que conectaban Veracruz con la Ciudad de México y las regiones mineras del centro y norte del país se convirtieron en escenarios frecuentes de robos y emboscadas.

La riqueza generada por las minas atraía tanto a comerciantes como a delincuentes.

LOS CAMINOS REALES DEL MIEDO

Entre los siglos XVI y XVIII, las autoridades virreinales enfrentaron enormes dificultades para controlar miles de kilómetros de caminos.

Los asaltos a diligencias, caravanas y recuas de mulas se volvieron comunes.

La escasa presencia de fuerzas de seguridad, las enormes distancias y la desigualdad social favorecieron la aparición de gavillas dedicadas al robo.

Muchos de sus integrantes eran desertores, fugitivos, aventureros o personas expulsadas de las actividades productivas.

LA INDEPENDENCIA Y EL CRECIMIENTO DEL BANDOLERISMO

La guerra de Independencia iniciada en 1810 agravó la inseguridad.

El conflicto destruyó instituciones, interrumpió rutas comerciales y dejó amplias regiones sin autoridad efectiva.

Tras la consumación de la Independencia en 1821, el nuevo país enfrentó décadas de inestabilidad, pronunciamientos militares, guerras civiles e invasiones extranjeras.

En ese ambiente florecieron los grupos de bandoleros.

LOS BANDIDOS LEGENDARIOS DEL SIGLO XIX

La historia mexicana produjo figuras que aún hoy forman parte del imaginario popular.

Uno de los más famosos fue Chucho el Roto, cuyo nombre real era Jesús Arriaga. Activo durante el Porfiriato, fue retratado por la leyenda popular como una especie de Robin Hood mexicano que robaba a los ricos para ayudar a los pobres.

Otro personaje notable fue Heraclio Bernal, quien operó principalmente en Sinaloa y Durango. Algunos lo consideraron un criminal; otros, un rebelde social enfrentado al régimen porfirista.

Sus historias inspiraron corridos, novelas y relatos populares que sobreviven hasta nuestros días.

EL PORFIRIATO Y EL CONTROL DE LOS CAMINOS

Durante el gobierno de Porfirio Díaz se fortaleció el Cuerpo de Rurales, una fuerza policiaca montada que logró reducir considerablemente el bandolerismo en las principales rutas comerciales.

La pacificación permitió el crecimiento económico y la expansión ferroviaria, aunque frecuentemente mediante métodos autoritarios.

La seguridad mejoró, pero el problema de fondo —la desigualdad social— permaneció intacto.

REVOLUCIÓN, CAUDILLOS Y NUEVA VIOLENCIA

La Revolución Mexicana iniciada en 1910 volvió a alterar el orden público.

En diversas regiones se mezclaron movimientos revolucionarios, conflictos agrarios, venganzas personales y actos de delincuencia común.

La línea que separaba al insurgente, al caudillo local y al bandido resultó muchas veces difícil de distinguir.

Durante una década el país vivió una de las etapas más violentas de su historia.

DEL CONTRABANDO AL CRIMEN ORGANIZADO

A mediados del siglo XX surgieron nuevas formas de delincuencia vinculadas al contrabando y al tráfico de drogas.

La cercanía con Estados Unidos convirtió a México en un territorio estratégico para diversas redes criminales.

Lo que comenzó como grupos relativamente pequeños terminó evolucionando en estructuras cada vez más complejas, con enormes recursos económicos y capacidad de corrupción.

EL DESAFÍO DEL SIGLO XXI

Durante las últimas décadas el país ha enfrentado organizaciones criminales con presencia nacional e internacional.

Los delitos ya no se limitan al tráfico de drogas. Se han diversificado hacia la extorsión, el secuestro, el robo de combustibles, el tráfico de personas y otras actividades ilícitas.

La tecnología, las comunicaciones y la globalización han modificado las herramientas del delito, pero no necesariamente sus causas profundas.

UNA HISTORIA QUE SE REPITE

Cinco siglos de historia permiten identificar elementos recurrentes.

La pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad, la debilidad institucional y los conflictos políticos aparecen una y otra vez como factores que favorecen el crecimiento de la delincuencia.

Los nombres cambian. Las armas cambian. Los métodos cambian.

Pero las condiciones que permiten el surgimiento de grupos criminales han mostrado una sorprendente continuidad histórica.

CRONOLOGÍA MÍNIMA

1325: Fundación de México-Tenochtitlan.

1519-1521: Conquista española.

Siglos XVI-XVIII: Proliferación de salteadores de caminos durante el Virreinato.

1810: Inicio de la Guerra de Independencia.

1821: Consumación de la Independencia.

1855-1888: Actividades de Heraclio Bernal.

1858-1894: Fama de Chucho el Roto.

1876-1911: Consolidación de los rurales durante el Porfiriato.

1910-1920: Revolución Mexicana.

1940-1970: Crecimiento del contrabando y tráfico de drogas.

1980-2000: Consolidación de organizaciones criminales modernas.

2006: Inicio de la estrategia federal de combate frontal a los cárteles.

2026: Persisten los desafíos históricos relacionados con seguridad, justicia e impunidad.

CONCLUSIÓN

La delincuencia no nació con los cárteles ni con los gobiernos contemporáneos. Tampoco surgió con la República. Es un fenómeno que ha acompañado la historia del territorio mexicano desde tiempos prehispánicos.

Entender esa larga evolución histórica no resuelve el problema, pero sí permite comprender que la seguridad pública no depende únicamente de policías y cárceles. También exige instituciones sólidas, oportunidades económicas, justicia eficaz y una sociedad capaz de cerrar las brechas que durante siglos han alimentado la violencia. eusebiogimeno@gmail.com