Por: Rosa Chávez Cárdenas

Entre los valores, hay uno que no le damos la importancia: ¡Ser felices!

Los que ahora somos abuelos nos quejamos que no recibimos muestras de afecto y motivación, lo cotidiano era el castigo, severo, por cierto.

Nos etiquetaban, lo primero, el defecto, la incapacidad, tenían la creencia que, al avergonzarnos, con el coraje saldría la fuerza interior para superarlo.

En un negocio tenían pegadas las calificaciones de un joven en la puerta, y al preguntarle a la madre cual era la razón, y me contestó: “para que le de vergüenza”. El joven era muy castigado por sus padres exigentes, falto de motivación, terminó suicidándose.

Cuando apareció la psicología en los medios de comunicación, en los años sesenta, cambiaron el modelo. Los psicólogos hablaron de la necesidad de motivación.

Por cierto, las mujeres ya traemos grabado en el inconsciente: “pobrecita lo que va a sufrir”. Incluso, la creencia sobre el matrimonio: “una cruz que había que cargar”. Será que por esa carga, pronto se termina el amor.  

Hablar de felicidad, darse un beso, abrazarse, no era algo bien visto, por el contrario, las muestras de afecto se reservaban para la intimidad. Todavía en muchas familias se intimidan cuando los adolescentes se muestran afectuosos y besucones.

La felicidad, el amor como expresión no es filosofía de vida. En el mundo consumista y desechable en el que estamos inmersos, la mayoría cree que la felicidad es acumular bienes: un auto, una casa y dinero para comprar lo que apeteces. Bueno, el dinero tampoco es indispensable, para eso nos facilitaron las tarjetas de crédito. Me pregunto ¿será que buscando la felicidad en los objetos, se atrapan en el narcotráfico?

Sería bueno que en vez de hablar de los políticos que se sienten dueños del país, esos enfermos de poder que presumen de demócratas y se vuelven dictadores, los que reniegan del clima, del tráfico, de su país, de la delincuencia, ¿qué tal si cambiáramos la conversación y habláramos del amor, la felicidad, lo bonito que se siente recibir un abrazo, una motivación, “un gracias por tu ayuda”?  ó que un familiar, un amigo te diga: “¿te puedo ayudar en algo? …..pero no, la economía, la política, los fracasos, las frustraciones, siempre son el tema de la conversación. “Estamos contagiados por la ira” dice Sevetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura en 2015. Las nuevas generaciones tenemos muy poca tolerancia a la frustración, se nos olvida lo que sufrieron otras generaciones en todas las guerras, en el Holocausto, aquí en México en la guerra Cristera, la Revolución y la Independencia, entonces si había pobreza y hambre.

Hoy en día estamos enojados, a la defensiva, la cultura desechable, consumista y hedonista, nos atrapa. Buscan placer en estimulantes, en todo tipo de sustancias legales e ilegales. Pocos saben que la felicidad está en su interior, aceptarnos, esa es la autoestima que tanto pagan por encontrarla.

Pregunté a unos adolescentes: “¿qué es el amor? Un jóven que lo abandonó su madre me respondió: “una forma de apreciar las cosas, de tal forma que nadie lo hace como tú”. Un adulto estresado, me dijo: “no tengo tiempo para contestarte”.

La felicidad está en lo simple, lo cotidiano, como herencia del reino animal al que pertenecemos: comer, dormir y reproducirnos, con la diferencia que podemos sentir placer. Disfrutar el alimento, saborear sin prisa, conversar frente a frente, escuchar la inteligencia de los niños, bailar solos o acompañados, escuchar una melodía y dejar volar la imaginación.

No podemos alejarnos de la tecnología, es parte de la vida cotidiana, pero, no permitir que nos atrape y nos robe el tiempo para soñar.

El planeta sufre por nuestra irresponsabilidad. Qué tal si ponemos nuestro granito de arena y cooperamos para revertir el desastre que nos espera sino hacemos nada por agradecer todo lo hermoso que la naturaleza nos ofrece.

rosamchavez@hotmail.com