Morelos no atraviesa un momento menor. Lo que estamos viendo no es un simple diferendo mediático ni un desencuentro entre funcionarios: es una disputa abierta por el control del poder, de la narrativa y del futuro político del Estado.

En el centro de esta tensión aparece una figura clave: Margarita Estrada, responsable de la Comunicación Social. No por casualidad. En política, quien controla la comunicación no solo informa: define qué existe y qué no existe en la percepción pública.

Los señalamientos recientes en su contra —duros, directos, cargados de adjetivos— no pueden leerse como hechos aislados. Forman parte de una dinámica más profunda: la lucha por el control interno y externo del gobierno de Morelos.

Alrededor del poder estatal orbitan distintos grupos con intereses claros. Por un lado, los cuadros que aún responden al proyecto que encabezó Cuauhtémoc Blanco, con sus lealtades, sus equilibrios y sus tensiones acumuladas. Por otro, los actores políticos de Morena, PAN y lo que queda del PRD, que ya no están en modo observación, sino en franca preparación rumbo a lo que viene.

A esto se suma un tercer factor: el ecosistema mediático local. Un entramado complejo, donde conviven medios tradicionales, portales digitales y plataformas de operación política que no siempre transparentan ni su financiamiento ni su línea editorial. Ahí, la información deja de ser solo información y se convierte en herramienta.

En ese contexto, los ataques, filtraciones y narrativas no son espontáneos. Responden a intereses. A posicionamientos. A cálculos.

La pregunta no es si hay conflicto. Eso es evidente.

La pregunta es: ¿quién gana debilitando a quien comunica al gobierno?

Gana quien busca reconfigurar el equilibrio interno.

Gana quien necesita abrir grietas para posicionarse.

Gana quien apuesta a que el desgaste de hoy sea la oportunidad de mañana.

Pero también hay pérdidas.

Pierde la claridad institucional.

Pierde la confianza pública.

Pierde, sobre todo, la posibilidad de que el debate político se sostenga en hechos y no en percepciones inducidas.

Morelos no necesita inquisiciones mediáticas ni blindajes propagandísticos. Necesita transparencia, inteligencia política y responsabilidad pública.

Porque cuando la comunicación se convierte en campo de batalla, lo que está en juego ya no es una persona, ni un cargo.

Es el control del estado mismo.

Y esa es una disputa que apenas comienza

eusebiogimeno@gmail.com.