El organismo de los humanos trata de establecer armonía interna, congruencia con sus actitudes, opiniones, conocimientos y valores, es decir la consonancia entre Cogniciones. Casi siempre sentimos Disonancia antes o después de tomar una decisión.

Todos experimentamos tensión, ansiedad, incomodidad, nos quita el sueño cuando dos o más Cogniciones: ideas, decisiones, dudas, creencias, comportamientos que tienen que ver con la conciencia moral. Por ser displacentera, motiva, impulsa a llevar a cabo determinadas conductas para eliminar o reducir la tensión.

Tipos de Disonancia:

La Interpersonal, surge en las relaciones sociales, cuando las creencias chocan con las de otros: religión, política, cultura, la igualdad de género, el aborto, el uso de anticonceptivos, el racismo, el uso de drogas, entre otras.                                                                                                   La Disonancia post-decisional, ocurre después de tomar una decisión entre varias opciones atractivas pero incompatibles. Ejemplos son muchos, materiales o personales. Un vendedor que te presiona para comprar un auto, miente para que firmes la compra, cuando te das cuenta las condiciones, los pagos, ya firmaste. Cuando por la desesperación llevaron a cabo un aborto sin una asesoría, luego escuchan a personas que están en contra y se inicia el incremento de la culpa. Los compradores compulsivos que no pueden parar de hacer compras hasta que el Banco reclama los intereses.

El Pensamiento Dicotómico, la tendencia a ver las situaciones en extremo, genera frustración si las expectativas no se cumplen., la magnificación: la exageración de eventos negativos, como creer que un pequeño error implica un fracaso.

Reconocer la Disonancia y sus características permite identificar conflictos internos y externos y mejora la toma de decisiones. La falta de decisión genera malestar psicológico, tensión, ansiedad, irritabilidad, justificación de acciones para reducir la tensión. Las personas inseguras viven con tensión, se conflictúan en cuestiones sin importancia, piensan por los otros ¿qué va a decir?, se va a enojar, lo que se llama leerle la mente al otro. Es muy común entre parejas, en la familia, y en el área laboral.

Hace años, me llamaron para ofrecerme un trabajo en una Clínica de Adicciones, sin percatarme había otras Psicólogas, nos pidieron que permaneciéramos varias horas, la entrevista fue con varias personas y en la terapia familiar cuando llegaron los padres. Al finalizar me llamaron para decirme. “Fuiste la elegida, tu perfil es el que necesitamos” en ese momento entro en Disonancia, la primera pregunta fue ¿cuál es el horario? De inmediato le dije que no aceptaba, tendría que dejar mi consultorio, siguieron insistiendo, la otra pregunta: ¿cuál es el salario? de inmediato respondí, “no me conviene, elige a otra persona”. Pero tu perfil, es el indicado. La respuesta – “deja, le pregunto al propietario para que te haga un ofrecimiento”. Cuando venía en camino, demasiado tráfico, dos horas de distancia, sentía la incomodidad en todo mi cuerpo, pensé lo difícil que es tratar a personas con adicciones, cerrar mi consultorio, dejar vida social, programas en los medios, en fin. Cuando llegué a casa les comenté a mis hijos y me preguntaron: ¿qué es lo que quieres? Les dije “ya encontré la respuesta. Si ustedes estuvieran pequeños y tuviera la necesidad de hacerme cargo de todos los gastos, aceptaría. Pero ya están trabajando y ustedes cooperan con los gastos de la casa”; sentí una paz interior, y motivación de que reconocieran mis estudios profesionales y mi experiencia. 

En una ocasión impartí una conferencia con mamás que tienen hijos con discapacidad, Les pregunté: ¿alguna tiene una culpa que no la ha compartido con nadie? Se acercaron tres llorando, una de ellas lo dijo en público: “cuando quedé embarazada, ya tenía dos hijos, mi esposo no tenía trabajo, hice todo lo que me recomendaban, té de hierbas, correr, subir escaleras para tener un aborto espontáneo, el embarazo continuó, cuando nació mi hijo con el Síndrome de Down, de inmediato me entró la culpa y pensé ¡Dios me castigó!” con su hijo en brazos lloraba con mucho dolor. Le dije: “si Dios castigara por ese motivo un gran porcentaje de la población tendría hijos con discapacidad….nada que ver, fue la lotería genética, te tocó”. La señora me esperó hasta que terminé. Me abrazó y me dijo: “Me ha quitado un peso de encima, me sentía tan pecadora”.

Todo aquello que nos causa tensión, inseguridad, cargos de conciencia lo que tiene que ver con las creencias con la conciencia moral: pecado, culpa y castigo, es importante tratarlo en terapia, para tomarlo como aprendizaje o resolverlo de otra manera sin juicios, ni prejuicios para liberarse de la tensión.

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