La crisis en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos se ha convertido ya en la primera gran prueba política para el gobierno de Margarita González Saravia.
Si el plan de seguridad anunciado para el Campus Chamilpa logra devolver la tranquilidad a la comunidad universitaria, la gobernadora podrá proyectar una imagen de liderazgo firme y capacidad de respuesta frente a una crisis delicada.
Pero si ese plan no se acompaña de diálogo directo con los estudiantes -Facultad por Facultad, Escuela por Escuela- y de acuerdos claros que permitan el regreso normal a clases, el movimiento estudiantil corre el riesgo de escalar hasta convertirse en un problema de gobernabilidad en el Estado.
Un plan para blindar el Campus.
El gobierno estatal presentó un Plan Integral de Seguridad Universitaria que busca reforzar la vigilancia en torno al campus y en las rutas que diariamente recorren miles de estudiantes.


Entre las medidas anunciadas se encuentra la instalación de miles de cámaras de video vigilancia dentro y fuera de la Universidad, arcos de seguridad con reconocimiento de placas en los accesos principales, postes de monitoreo inteligente, nuevos módulos de vigilancia y un sistema ampliado de iluminación en los trayectos estudiantiles.
A esto se suma la presencia reforzada de la Policía Preventiva y programas de prevención de violencia de género dirigidos a la comunidad universitaria.
En términos operativos, el Plan apunta a cerrar brechas de seguridad en el Campus de Chamilpa y sus alrededores. Es una estrategia que privilegia la vigilancia tecnológica, la presencia policial y la mejora de infraestructura urbana para reducir riesgos en espacios que durante años han sido señalados por estudiantes como zonas vulnerables.
El desafío político: recuperar la confianza.
Sin embargo, la verdadera prueba de eficacia no estará en el número de cámaras instaladas ni en los patrullajes anunciados, sino en la capacidad de las autoridades para reconstruir la confianza de una comunidad profundamente indignada por los recientes crímenes contra estudiantes.
Las protestas universitarias no surgen únicamente del miedo, sino de la indignación social que provoca la violencia cuando esta parece repetirse sin consecuencias.
Por eso, más allá de las medidas de vigilancia, el gobierno estatal enfrenta un desafío político mayor: demostrar que puede escuchar, dialogar y construir acuerdos con la comunidad universitaria para restablecer la normalidad académica.
La procuración de justicia: la verdadera piedra angular.
Y ahí aparece el punto más delicado de toda la ecuación: la procuración de justicia.
La seguridad puede reforzarse con infraestructura, pero la confianza social depende de que los delitos se investiguen y se castiguen.
En un Estado donde la impunidad ha sido históricamente elevada, la exigencia central de los estudiantes no se limita a sentirse más seguros dentro del campus, sino a ver resultados concretos en las investigaciones de los feminicidios que detonaron la protesta.
En otras palabras, la piedra angular de esta crisis no está en los accesos de la Universidad ni en las luminarias del Campus, sino en la capacidad del sistema de justicia para esclarecer los hechos y sancionar a los responsables.
Seguridad o gobernabilidad.
Si las investigaciones avanzan y se presentan resultados creíbles, el Plan de Seguridad puede convertirse en un complemento eficaz para restablecer la normalidad universitaria. Pero si la justicia se retrasa o se percibe como insuficiente, las cámaras, los arcos de seguridad y los módulos de vigilancia serán vistos como medidas administrativas incapaces de responder a la profundidad del reclamo estudiantil.
Por eso el momento que vive hoy la Universidad también es un momento decisivo para el gobierno estatal. La manera en que se resuelva este conflicto no sólo definirá el regreso a clases en el Campus Chamilpa, sino que marcará la capacidad del nuevo gobierno para enfrentar las crisis sociales que inevitablemente aparecen en el ejercicio del poder.
La seguridad puede contener la tensión. La justicia, en cambio, es la única que puede desactivarla.
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