Jesús Te Ampare..

Se regocija desde el pódium de la mañanera. Su juego “destapador” es grotesco, frívolo y muy evidente.

Expresiones desagradables de AMLO al tildar de “corcholatas” a los colaboradores que encartó para la sucesión presidencial.

Mi “corcholata” favorita será la que el pueblo quiera, soltó el tabasqueño.

Su actitud, salpicada con gran sorna y soberbia, es porque sabe que tiene el control del poder supremo, el poder omnímodo.

Pero, la mitad del país está en su contra.

Por eso sigue en campaña permanente. Su estrategia está sustentada en la repetición, la intensidad y la frecuencia de sus paroleras.

Tiene tres años para sembrar el mensaje en el pueblo sabio (dedazo al viejo estilo priista) de la “corcholata” destapada por el dedo índice del “emperador”para sucederlo.

Don Everardo Moreno, destacado jurista, político, autor de libros y subprocurador general de la República en la administración de Ernesto Zedillo, relató en el programa político para no políticos ¿Por qué? de Carlos Alazraki, la anécdota familiar de uno de los destapes presidenciales más ingeniosos del tricolor. Esto sucedió la tarde del mes de noviembre de 1963:

“Después de haber comido en Los Pinos con el presidente Adolfo López Mateos, (Don Gustavo) Díaz Ordaz llegó a su domicilio. Subió a descansar a su recámara. Su esposa Guadalupe –comentó en ese tiempo—fue a ver si el licenciado ESTABA BIEN TAPADO. Cuando entró, Díaz Ordaz que no se había dormido, expresó: ¿Qué pasa? Y ella le dijo: vine a ver si estabas bien tapado. Entonces él soltó una carcajada, se incorporó de la cama y le pidió a su esposa que se sentara a su lado; la abrazó y le dijo: vieja, mañana me destapan. Quiero que comamos con los hijos para decirles que su padre va a ser presidente de México”.

Eso era hacer política.

Hoy, como dice el Presidente, son otros tiempos. Tienen otros datos y no son iguales.

Hoy, se erige en “El destapador de corcholatas”, en un propósito trascendente para la historia política de México.

En efecto, los políticos de Morena, tienen 90 por ciento de “honestidad”  y 10 por ciento de experiencia.

Nos reconforta que nada es para siempre.

LA CONSULTA, UN FIASCO

La primera Consulta Popular promovida por el Presidente de México, resultó ser un distractor más para medir el agua a los camotes. No hubo participación masiva ni eventos ruidosos que llamaran la atención. 528 millones de pesos tirados a la basura y todo por un capricho del tabasqueño.

Es más, ni él sufragó.

ceciliogarciacruz@hotmail.com