Las protestas magisteriales contra la Ley del ISSSTE de 2007 han escalado en las últimas semanas hasta convertirse en uno de los principales dolores de cabeza para el gobierno federal. En Morelos, la inconformidad llegó a tal grado que un grupo de manifestantes irrumpió en un acto público de la gobernadora Margarita González Saravia en la Plaza de Armas de Cuernavaca, obligando prácticamente a suspender la conferencia de Prensa.

Sin embargo, el fenómeno merece un análisis más profundo. A diferencia de estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) posee una estructura histórica sólida y una amplia capacidad de movilización, en Morelos su presencia es considerablemente menor.

Diversas voces del ámbito educativo identifican al profesor Alejandro Trujillo, radicado en Jojutla, como uno de los dirigentes visibles de la disidencia magisterial en el estado. No obstante, entre sectores políticos y ciudadanos existe la percepción de que las movilizaciones locales requieren frecuentemente del respaldo de contingentes provenientes de entidades donde la Coordinadora tiene una fuerza mucho mayor.

Precisamente por ello llamó la atención que durante la protesta realizada en Cuernavaca algunos asistentes señalaran la presencia de grupos provenientes de Oaxaca y Guerrero. Incluso se escucharon expresiones y consignas que reflejaban la tensión entre manifestantes locales y contingentes llegados de otras entidades.

El conflicto no es menor. En Guerrero se han registrado acciones más radicales, incluyendo daños a instalaciones públicas, cristales y vehículos. Paralelamente, algunos sectores de la CNTE han advertido que podrían intensificar sus protestas aprovechando la atención internacional que recibirá México con motivo del Mundial de Futbol.

Pero detrás del conflicto existe otra historia poco comentada: la división interna del magisterio mexicano.

Mientras la CNTE exige la derogación total de la Ley del ISSSTE de 2007 mediante bloqueos, marchas y plantones, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), encabezado por el senador Alfonso Cepeda Salas, mantiene una estrategia basada en la negociación política e institucional.

El SNTE continúa siendo el sindicato mayoritario del país y el titular de la representación laboral de la mayoría de los maestros mexicanos.

Su postura ha sido buscar modificaciones graduales y acuerdos con el gobierno, en contraste con la presión ejercida por la CNTE en las calles.

La paradoja política es evidente. Morena enfrenta hoy movilizaciones provenientes de sectores que históricamente formaron parte de la izquierda mexicana y que durante años fueron aliados naturales de los movimientos progresistas. No se trata de una confrontación clásica entre gobierno y oposición partidista, sino de una disputa dentro del propio universo político que respaldó la transformación impulsada por el actual grupo gobernante.

Por ello, más allá de los bloqueos, los destrozos o las consignas, la pregunta central es otra: ¿podrá el gobierno encontrar una salida negociada a una demanda que lleva casi dos décadas acumulando inconformidades, o estamos apenas observando el inicio de un conflicto que podría extenderse durante los próximos meses?

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