CUERNAVACA, MOR. 24 06 2026.- En política hay silencios que alimentan rumores y apariciones que los sepultan.

Eso fue lo que ocurrió durante el desayuno convocado por el ex diputado Matías Nazario para reunir a un selecto grupo de reporteros de larga trayectoria en Morelos.

Mientras corrían el café y las conversaciones, la sorpresa irrumpió por la puerta principal. Ahí estaba “El Gato”, Héctor Javier García Chávez, caminando con absoluta tranquilidad, como si nada hubiera pasado. Sin discursos, sin aspavientos y sin necesidad de explicar dónde había estado.

Durante su ausencia florecieron las versiones de todo tipo: desde unas supuestas vacaciones hasta especulaciones sobre la cancelación de su Visa gringa o una presunta huida relacionada con la Operación Enjambre.

En política, cuando falta información, la imaginación suele ocupar su lugar.

Pero ese día bastó una escena sencilla para alterar el ambiente. García Chávez saludó de mano a cada uno de los periodistas presentes, intercambió algunas palabras cordiales y dejó ver un semblante relajado, incluso sonriente. Después se retiró a un espacio privado para conversar con otro comensal. No hubo rueda de Prensa ni declaraciones.

Y, sin embargo, dijo mucho sin pronunciar una sola explicación.

Horas antes ya había circulado una fotografía junto a la gobernadora Margarita González Saravia, anticipando que estaba de vuelta en la escena pública.

Su presencia en el desayuno terminó por enviar un mensaje claro: estaba ahí, visible y accesible.

La política también se comunica con gestos. En esta ocasión, la simple aparición de “El Gato” pareció responder, con una silenciosa carcajada, a quienes habían tejido toda clase de conjeturas sobre su ausencia.

Porque a veces una sonrisa, un apretón de manos y una entrada inesperada bastan para cambiar la conversación de todo un Estado.    eusebiogimeno@gmail.com