En medio de las noticias del coronavirus Covid-19 y en pleno confinamiento, los medios electrónicos de noticias y las redes sociales se encendieron por un tema que como estudiosa de Corea me tomó totalmente desprevenida, ya que se trata del estado de salud del líder del régimen norcoreano Kim Jong-un. Mientras que unos medios señalan que su salud es delicada, otros se atreven a asegurar que se encuentra en estado vegetativo, mientras que los más radicales aseveran que está muerto. Las versiones varían y avivan el tema conforme pasa el tiempo, y entonces el rumor va más allá de Kim Jong-un para centrarse en qué pasará con el destino del régimen norcoreano.

La noticia no solo me tomó desprevenida sino que la recibí con cierta incredulidad, ya que no es la primera vez que se rumora sobre el estado de salud e incluso el paradero del líder norcoreano ante su falta de presencia en medios de comunicación. En 2014, por ejemplo, a Kim se le dejó de ver por un poco más de un mes y las especulaciones sobre su estado de salud se esparcieron, aunque su alcance no fue tan amplio como en esta ocasión. Al final, Kim Jong-un apareció como si nada y resultó que había sido sometido a una operación de rodilla. De la misma manera y en diferentes momentos, la prensa ha anunciado la muerte de la primera dama Ri Sol-ju, o de altos funcionarios que de repente resucitan una y otra vez al aparecer después de largos periodos de ausencia.

Según Daily NK, el medio que publicó la nota por primera vez y que CNN replicó, una fuente dentro del hermético país informó que Kim Jong-un había sido sometido a una cirugía de corazón el 12 de abril. En específico, la intervención fue por una inflamación de los vasos sanguíneos. La fuente mencionó el nombre del doctor que le atendió, los factores que llevaron a su operación (obesidad, hábito de fumar ávidamente y exceso de trabajo) e incluso el lugar donde se está (o estaba) recuperando.

La información anterior cobró más fuerza cuando Kim Jong-un se ausentó en los eventos del 15 de abril de conmemoración del natalicio de Kim Il-sung, líder fundador de Corea del Norte y abuelo del aludido. Cada año, Kim Jong-un preside dicha ceremonia, pero su inasistencia sin precedentes encendió los focos rojos que esparcieron el rumor de su operación como pólvora. la última vez que su persona apareció en los medios estatales fue el 11 de abril.

No es necesario ser periodista para saber que una fuente de información no es suficiente para confirmar algo tan serio, pero el hecho de que Kim Jong-un no aparezca en fechas que suelen ser imperdibles para los líderes del régimen alimenta sospechas. Tampoco es necesario pertenecer el sector salud para observar que Kim Jong-un no se distingue (o distinguía) por su estilo de vida equilibrado. Basta con checar el evidente aumento de peso del líder teintañero desde que llegó al poder en diciembre de 2011 hasta la fecha, así como su genética de corazón débil, porque tanto su abuelo como su padre murieron de padecimientos del corazón.

Como es de humanos estar ávidos de certezas, varios medios informativos buscan pistas que puedan indicar el paradero de Kim Jong-un. Una de las estrategias utilizadas es el estudio de imágenes satelitales en tiempo real, enfocadas a los lugares donde el líder suele encontrarse. Otra estrategia es analizar el tráfico aéreo en territorio norcoreano, en búsqueda de despegues o aterrizajes inusuales.

De ambas maniobras se ha encontrado información interesante. Por ejemplo, de acuerdo con imágenes satelitales, el tren personalizado que los líderes del país suelen abordar para viajar fuera del país se encuentra estacionado en una de las residencias costeras de Kim Jong-un, una posición nada convencional para este medio de transporte, a menos que el líder planee trasladarse hacia algún país vecino. El análisis del tráfico aéreo, por otro lado, indicó la llegada de un avión con medio centenar de médicos provenientes de China. Ambos resultados llaman la atención, pero no son comprobatorios.

En lo que respecta a fuentes oficiales, desde el régimen norcoreano no se ha desmentido ni confirmado nada relacionado con la salud de su líder. Al contrario, el aparato de propaganda estatal ha dado a conocer cartas firmadas en estas fechas por Kim Jong-un hacia los trabajadores de su país y hacia algunos dirigentes del mundo, como el de Cuba y el de Siria. Este comportamiento oficial es la regla, no la excepción, del actuar opaco y hermético del régimen, en especial si de sus líderes se trata. En el caso del fallecimiento del abuelo en 1994 y del padre de Kim Jong-un en 2011, la prensa oficial tardó varios días en confirmar públicamente las sospechas de deceso.

Desde Corea del Sur la postura gubernamental es clara, Kim Jong-un está vivo y está bien, ya que la inteligencia surcoreana afirma no observar movimientos fuera de lo común en territorio norcoreano, nada que indicase movilización militar, social o estatal que sugiera la preparación de un funeral o alguna tensión desestabilizadora. En Estados Unidos la postura no es diferente y al rumor se le adjetiva como incorrecto y falso.

Por lo anterior, no se sabe a ciencia cierta si la desaparición del foco público de Kim se relacione con algún problema de salud, con su decisión de no estar expuesto al público, o con su fallecimiento. Lo mejor en estos casos es esperar, porque todo sucede a su tiempo, que no perdona ni al más poderoso de un país. De momento, el régimen parece estar estable.