Columna de Hierro     

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CUERNAVACA, MOR. 24 07 2026.- Las puertas se cerraron. Los fotógrafos salieron. Los escoltas permanecieron afuera. Los asesores dejaron de tomar notas.

Por primera vez en el día, la Presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Margarita González Saravia quedaron completamente solas.

-Claudia: “Ahora sí, Margarita… sin cámaras, sin discursos y sin boletines. Dime la verdad. ¿Qué está pasando en Morelos?”

La Gobernadora bajó la mirada.

-“Presidenta… la violencia ya no puede explicarse solamente como una lucha entre grupos criminales. Hay municipios donde los indicadores obligan a preguntarnos si existe infiltración de la delincuencia organizada en las instituciones.”

Claudia guardó silencio.

Después de unos segundos respondió:

-“Entonces hagamos lo que nadie se ha atrevido a hacer.”

La gobernadora levantó la vista.

-“¿Qué propone?”

-“Una revisión completa de los treinta y seis Ayuntamientos. Sin distingos de partido. Que se investigue a Presidentes Municipales, Síndicos, Regidores, mandos policiacos y funcionarios estratégicos. Quien esté limpio saldrá fortalecido. Quien haya traicionado la confianza ciudadana deberá enfrentar a la justicia.”

Las dos mujeres se levantaron.

Abrieron la puerta.

Afuera las esperaban los fotógrafos.

Nadie volvió a saber qué se dijeron. (Fin de la fábula).

Comienza la realidad.

Porque la realidad de Morelos ya no permite cerrar la puerta y apagar las cámaras.

La visita de Claudia Sheinbaum a Morelos llegó en un momento particularmente delicado.

No fue solamente una gira para inaugurar obras, escuchar informes o enviar mensajes públicos.

También fue, inevitablemente, un momento para medir el pulso político y social del Estado rumbo al proceso electoral de 2027.

¿Qué encontró la Presidenta?

Un Estado con problemas de seguridad, inconformidad ciudadana, desgaste político y una exigencia creciente de resultados.

La fotografía que se lleva de Morelos no parece ser la de una entidad tranquila.

Porque la violencia ha alcanzado incluso a quienes representan la autoridad municipal.

Presidentes Municipales, funcionarios y servidores públicos han sido víctimas de una crisis que obliga a hacer una pregunta incómoda:

¿Cómo puede operar durante años una estructura criminal con capacidad para extorsionar, cobrar piso, controlar territorios, infiltrar corporaciones y asesinar autoridades, sin que existan redes de protección o complicidad que deban ser investigadas?

La pregunta no es una sentencia.

Es una exigencia de transparencia.

Hay datos duros de cuando la violencia alcanzó a los gobiernos municipales de Morelos,

No son números.

Son nombres.

Son familias.

Son municipios donde la autoridad fue desafiada por las balas.

Gisela Mota Ocampo, Alcaldesa de Temixco, asesinada el 2 de enero de 2016, apenas horas después de asumir el cargo.

Benjamín López Palacios, Presidente Municipal de Xoxocotla, asesinado en enero de 2022.

Valentín Lavín Romero, Presidente Municipal de Temoac, asesinado en julio de 2026 dentro de sus oficinas de la Alcaldía después de haber sobrevivido a un atentado previo.

Alejandro Mancilla Cueto, secretario del Ayuntamiento de Huitzilac, asesinado en 2024.

Cada nombre representa algo más que un expediente.

Representa una señal de alarma.

Por eso, si la visita presidencial deja una tarea histórica para Morelos, debería ser ésta:

AUDITAR, E INVESTIGAR LOS 36 AYUNTAMIENTOS DEL ESTADO.

No para fabricar culpables.

No para montar espectáculos políticos.

No para perseguir adversarios.

Sino para devolverle a la ciudadanía la certeza de que quien gobierna un Municipio lo hace para servir a la ley y no para servir a intereses criminales.

Presidentes Municipales, Síndicos, Regidores, mandos policiacos y funcionarios estratégicos deben rendir cuentas.

Quien esté limpio tendrá la oportunidad de demostrarlo.

Quien haya traicionado la confianza ciudadana deberá responder ante la justicia.

Porque cuando asesinan a un Alcalde, no solamente cae un servidor público.

También se tambalea la autoridad del Estado.

Y Morelos ya no puede seguir acostumbrándose a que las balas escriban la agenda pública.

eusebiogimeno@gmail.com