Jesús Te Ampare
Los más encumbrados políticos, así tengan las entrañas descompuestas, actúan para lucir una personalidad impoluta e irrecusable.
Gozan de todo el poder de estado para señalar, con el dedo índice, a quienes considera sus adversarios porque éstos no comparten sus ideas.
Eso irrita al de Macuspana; no lo tolera, le es insoportable.
El presidente López Obrador ha sostenido que “no se van a fabricar delitos y se va a decir siempre la verdad, (porque) cuando se miente se cae todo y se descubren las mentiras y la autoridad pierde respetabilidad”.
Tiene toda la razón el mandatario porque de lo contrario, como dice el dicho: “con la vara que midas serás medido”, expresión bíblica atribuida a Jesús en el Evangelio de San Lucas.
Por eso, la verdad siempre sale a flote como gota de aceite en el vaso de agua; armar mentiras es caer en un delito grave que se castiga tarde o temprano.
¿Quién posee la verdad histórica del caso Ayotzinapa?
¿Peña Nieto o López Obrador?
¿Cuánta raja política le han sacado los encumbrados a esta triste y lamentable historia?
Politizar la justicia con fines electorales es una perversidad crónica.
El pueblo quiere saber jurídicamente la verdad. Y los responsables deben pagar con cárcel esta bochornosa masacre.
Construir responsabilidades podría destruir políticamente al más prominente personaje, al todopoderoso.
Los que se sienten intocados, envueltos en el incienso del poder, también tropiezan y se enredan con su lengua ponzoñosa.
¿Verdad histórica o montaje de mentira lo de los 43 normalistas desaparecidos?
Por eso Dante Delgado, en su séptima carta al jefe de la Nación, le recomienda, sin pelos en la lengua, leer a David Owen, uno de tantos autores que han trabajado el concepto de la hybris, enfermedad del poder para explicar la sinrazón con que actúan algunos gobernantes.
“Owen afirma que este padecimiento tiene entre otros síntomas, los siguientes: frivolidad, vanidad, grandilocuencia, absolutismo, autoelogio, pedantería, omnipotencia, megalomanía, arrogancia, impulsividad, obstinación e incompetencia.
Mientras, Murillo Karam, es el “chivo expiatorio”, para descargar sobre él las culpas y satisfacer así el hambre de justicia de las víctimas.
“Lo mejor es lo peor que se va a poner”, mensaje socarrón de AMLO a su pueblo que tanto quiere.
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